Pico y Placa Medellín
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El delantero de Leones es un sobreviviente de la tragedia del 2 de mayo
de 2002, cuando las Farc lanzaron un cilindro bomba a la población.
Por luz élida molina marín
Eliécer Espinosa Calvo habla con sinceridad. En sus ojos se le ve la nobleza y en su sonrisa, que deja ver una blanca dentadura, alegría. Cada frase y actitud denota un mensaje alentador ante las dificultades.
Sus palabras salen del corazón. Por eso, antes del juego frente a Orsomarso, por los cuartos de final del Torneo Águila-2, en medio de una actividad de sensibilización, el jugador de 21 años de edad, pidió la vocería y les habló a sus compañeros de Itagüí-Leones.
“Somos unos privilegiados. Yo vengo de Bojayá, un pueblo que luego de la tragedia que vivió, sigue abandonado; no contamos con calles pavimentadas, no hay electricidad, el servicio de agua es insuficiente y los niños, así como me pasó a mí, solo tienen calles polvorientas y pelotas desgastadas para jugar. Allí todos sueñan con llegar a ser como sus ídolos (ahora nosotros lo somos). Hoy estamos cumpliendo metas y dándoles otra razón a esos pequeños para que no dejen de luchar, para que no pierdan...