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Messi y Bartomeu, una novela bajo tensión

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AFP | Publicado el 06 de septiembre de 2020

Josep Maria Bartomeu dobló el brazo a Lionel Messi, quien renunció el viernes a abandonar el FC Barcelona, pero el presidente azulgrana, ya muy cuestionado antes de este culebrón, debe prepararse para un ejercicio 2020-21 difícil con su superestrella argentina lista para atacarle a la mínima oportunidad.

“No ha mantenido su promesa”, “el presidente no me daba bola a lo que le estaba diciendo” o “se van haciendo malabares y van tapando agujeros a medida que van pasando las cosas”: Messi no se guardó nada contra su presidente el viernes en su larga entrevista con la web especializada Goal.com.

El ganador de seis Balones de Oro justificó su deseo de abandonar su club de siempre por una temporada catastrófica en lo deportivo, sin ningún título, pero también por su mala relación con Bartomeu, a quien acusa de decisiones desastrosas en materia de entrenador y de fichajes y de no haber cumplido su palabra.

Desde que sucedió en enero de 2014 a Sandro Rosell, forzado a dimitir tras una investigación por el fichaje de Neymar, Bartomeu fue reelegido en 2015, pero ha visto al Barça perder gradualmente su lugar en la élite europea.

Dificultades financieras

Es cierto que en 2015 se logró el triplete Liga-Copa del Rey-Champions y que se ha ganado la Liga en cuatro ocasiones (2015, 2016, 2018, 2019), pero el cuadro azulgrana ha caído cuatro veces en cuartos de final, incluido este año ante el Bayern de Múnich con una derrota histórica (8-2), y una vez en semifinales (3-0, 0-4 contra el Liverpool en 2019).

En el plano económico, Bartomeu tampoco mejora. Es cierto que el Barça es el club que más ingresos genera en el mundo (840,8 millones de euros -994 millones de dólares- en la campaña 2018-2019 según la consultora Deloitte en su clasificación anual), y esperaba ser el primer club en superar la simbólica barrera de los mil millones de euros este año... Pero la pandemia lo cambió todo.

Si a la deuda de cerca de 200 millones de euros (cerca de 236 millones de dólares) que acumula el Barça desde 2019 según la prensa se le suma una de las masas salariales más elevadas del mundo (casi 500 millones de euros, casi 590 millones de dólares) se obtiene un club en dificultades financieras, que no termina de dar el pistoletazo de salida real a las suntuosas obras de remodelación del Camp Nou.

En este clima aún más difícil por la crisis sanitaria del nuevo coronavirus, que ha golpeado con dureza a España, y la caída de los ingresos (dejó de ganar 48 millones de euros -unos 56 millones de dólares- en el Camp Nou este curso), la nueva temporada que comienza a finales de septiembre ante el Villarreal puede complicarse a todos los niveles.

A Messi no le habría gustado su primera conversación con el nuevo entrenador del club, Ronald Koeman. El técnico neerlandés, además, le comunicó al uruguayo Luis Suárez, gran amigo de la ‘Pulga’, que no contaba con él.

¿Elecciones en marzo?

De esta manera, Messi podría pensar rápidamente en nuevos horizontes si los primeros meses son decepcionantes en el plano deportivo. Y esta vez, nada podrá retenerle, ya que su contrato termina a finales de junio de 2021.

A partir del próximo enero podría haber marejada de nuevo: Messi podría comprometerse por ejemplo con el Manchester City de Pep Guardiola y el Barça podría recuperar varias decenas de millones de euros, bienvenidos en un contexto económico delicado, en lugar de nada en absoluto seis meses después.

A menos que la elección del nuevo presidente, en una fecha todavía por concretar -a partir de mediados de marzo como decidió Bartomeu tras caer ante el Bayern- lo resuelva todo tanto para Messi como para el Barça.

En caso de que el actual presidente no sea reelegido, el Barça podría iniciar una nueva época con un nuevo entrenador, que podría ser la leyenda Xavi Hernández, esperado por muchos como el salvador.

¿Hasta el punto de convencer a Messi, de 33 años, de renovar y jugar toda su carrera con la elástica azulgrana? El culebrón está lejos de haber terminado.

Heridas sin sanar

El enfrentamiento puede dejar heridas difíciles de cicatrizar. Lionel Messi cedió y renunció a abandonar el FC Barcelona, pero expresó el viernes una frustración que puede acompañarlo y lastrar su próxima temporada y la del club catalán.

El astro argentino lo repitió claramente: su deseo era irse, una decisión muy meditada, tomada a lo largo de “un año muy difícil”, mucho antes de la humillación infligida al Barça por el Bayern de Múnich (8-2) en Liga de Campeones, que dejó a la ‘Pulga’ con gesto hundido en el vestuario.

Esta temporada, antes incluso de esa derrota, los blaugranas ya habían dado señales de ser un equipo envejecido, sin ambición, sin imaginación, y con un entrenador, Quique Setién, a la merced de su vestuario.

Pero Messi cedió finalmente: “imposible” pagar la cláusula de 700 millones de euros que exigía el presidente Josep Maria Bartomeu para dejarle partir; e impensable ir “a juicio contra el Barça”, el club que Messi ama, el de su “vida”.

“Sin proyecto”

Pero el argentino no disimuló su resquemor contra Bartomeu, quien habría incumplido “la promesa” de dejarle partir si él así lo deseaba. Y sobre todo, quien, en opinión de Messi “no tiene proyecto”, y cuya única ambición es “tapar agujeros”.

La prensa española se hizo eco este sábado de este doble mensaje. “Messi se queda, la crisis también”, tituló el diario Marca, el más vendido de España, mientras que Mundo Deportivo apuntaba al “mensaje demoledor” del capitán azulgrana.

Tres horas después del anuncio de Messi, el FC Barcelona se congratuló subiendo a Instagram una foto del capitán culé con la elástica del Barça de la temporada 2020-21, y repitiendo una frase que pronunció en la entrevista del viernes: “Voy a dar el máximo. Mi amor por el Barça no va a cambiar nunca”.

El sábado el club tuiteó un video de un gol marcado por ‘Leo’ en 2009 frente al club argentino Estudiantes de La Plata, en la final del Mundial de Clubes (2-1), un tanto celebrado eufóricamente por la ‘Pulga’.

Messi se aseguró el viernes de tranquilizar a sus seguidores: “Mi actitud no va a cambiar porque me haya querido ir. Voy a dar lo mejor. Siempre quiero ganar, soy competitivo y no me gusta perder a nada”.

Todavía habrá que esperar un poco para volver a ver a Messi con la camiseta blaugrana. Este sábado no participó en el entrenamiento, no para mostrar su resentimiento, sino porque debía someterse a un test PCR. Si da negativo podría reincorporarse al grupo el lunes.

A sus 33 años, Messi atesora 34 títulos con el Barcelona, entre ellos diez Ligas y cuatro Champions. Pero este año resultó fatal, carente de títulos por primera vez desde 2008.

¿Cómo será la relación con el nuevo entrenador Ronald Koeman, al que, según la prensa española, reprocha haber abierto la puerta de salida a su amigo, el delantero uruguayo Luis Suárez?

“La verdad, ahora no sé qué va a pasar. Hay un entrenador nuevo y una idea nueva. Eso es bueno, pero después hay que ver cómo responde el equipo y si nos va a dar o no para competir”, añadió Messi.

Pulsos y rectificaciones

En su entrevista del viernes, el capitán insistió en la necesidad de que llegue sangre nueva al vestuario.

Es cierto que el Barça puede alimentar sus esperanzas en la nueva perla de su cantera, Ansu Fati, convertido esta semana a los 17 años en el jugador más joven desde 1936 en haber disputado un partido con la selección española.

Pero a pesar de su popularidad planetaria, debida en gran parte al aura de Messi, el Barça vive un complicado momento económico y no parece en posición de poder acometer fichajes de calado en el ‘mercato’.

El Barça lamenta haber dejado de ingresar 200 millones de euros (236 millones de dólares) desde la pandemia, y con una deuda de esa misma cantidad desde 2019, contrajo un crédito de 140 millones de euros (165 millones de dólares) con un fondo de inversión estadounidense para paliar el debe en sus cuentas.

Este no es el primer pulso que Messi emprendió con el Barça. En 2015 hizo guiños al Chelsea. Pero era parte de la estrategia de negociación salarial con los catalanes. Pero esta vez el desamor de Messi con los dirigentes parece más profundo.


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