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Italia, cuatro títulos mundiales que hoy no le sirven: otra vez sin Copa del Mundo, la razón de su debacle

Lejos de ser un accidente, la ausencia responde a años de deterioro institucional, deportivo y estratégico.

  • La desilusión, la impotencia y la tristeza de los jugadores italianos tras haber dejado escapar la oportunidad de regresar al Mundial, al ser derrotados 4-1 por Bosnia en los penaltis. FOTO GETTY
    La desilusión, la impotencia y la tristeza de los jugadores italianos tras haber dejado escapar la oportunidad de regresar al Mundial, al ser derrotados 4-1 por Bosnia en los penaltis. FOTO GETTY
01 de abril de 2026
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Por años, Italia fue sinónimo de solidez, jerarquía y competitividad. Cuatro Copas del Mundo respaldan una historia que parecía inmune al paso del tiempo. Sin embargo, la no clasificación a tres Mundiales consecutivos marca un quiebre histórico que no puede explicarse como un accidente deportivo. Es, más bien, la consecuencia lógica de una crisis estructural profunda.

El problema, como lo explica el comentarista deportivo Vito De Palma, empieza por arriba. La dirigencia del fútbol italiano ha demostrado una preocupante incapacidad para asumir responsabilidades y ejecutar cambios de fondo. “La continuidad de figuras como Gabriele Gravina en la Federación, pese a los fracasos acumulados, refleja una federación desconectada de la realidad competitiva. No se trata solo de perder partidos, sino de no comprender por qué se pierden”, dijo el analista italiano.

El Ministro de Deporte italiano ha pedido ya cambios estructurales en la Federación.

Esta crisis institucional ha tenido un efecto directo en el ecosistema futbolístico. Desde 2010, ningún club italiano ha logrado conquistar la Champions League, evidencia clara de un declive en la élite europea. Lo que alguna vez fue la liga más táctica y competitiva del mundo hoy lucha por mantenerse relevante. En ese contexto, la selección no puede ser una excepción en medio de esa realidad.

El punto de inflexión suele situarse en el escándalo de Calciopoli (corrupción y fraude deportivo). Paradójicamente, ese 2006 Italia conquistó el Mundial, pero aquel título tuvo más de resistencia que de renovación. Desde entonces, el sistema no se regeneró. Por el contrario, arrastró vicios estructurales que hoy pasan factura.

Italia ya no es el equipo infranqueable que hacía de la defensa un arte: el catenaccio. La solidez táctica ha sido reemplazada por fragilidad, y los errores individuales aparecen en los momentos decisivos. A esto se suma un problema menos visible pero igual de determinante: la desconexión entre el arbitraje local y el internacional, que expone a los jugadores a situaciones para las que no están preparados.

Las decisiones técnicas tampoco han ayudado. La elección de Gennaro Gattuso responde más a una lógica de urgencia que a un proyecto sólido. Su gestión ha sido cuestionada tanto en lo táctico como en la lectura de los partidos.

Más preocupante aún es que entrenadores de élite como Carlo Ancelotti prefieran proyectos en el extranjero antes que asumir el mando de la selección. Cuando el talento rehúye, el problema es más profundo de lo que parece.

Incluso los éxitos recientes deben analizarse con cautela. La conquista de la Euro 2020 fue celebrada como un renacer, pero terminó funcionando como un espejismo. Aquel título, definido en instancias de penales, maquilló deficiencias que no fueron corregidas.

Los resultados recientes —derrotas inesperadas, eliminaciones dolorosas y una alarmante ausencia en los grandes escenarios— no son la causa, sino el síntoma. Italia no está atravesando una mala racha: está pagando años de decisiones erradas, falta de visión y resistencia al cambio.

La gran incógnita ahora es si este nuevo fracaso servirá como punto de inflexión o si será simplemente otro capítulo en una decadencia prolongada. Porque en el fútbol, como en cualquier estructura compleja, las crisis no se resuelven con urgencias ni parches. Se resuelven con autocrítica, planificación y liderazgo. Y hoy, Italia parece carecer de las tres.

Sequía de talento: un problema de formación

El fútbol italiano, que en otras épocas brilló con figuras como Giuseppe Meazza, Paolo Rossi o Roberto Baggio, atraviesa hoy una sequía de talentos generacionales como Kylian Mbappé o Lamine Yamal. Para el exseleccionador Cesare Prandelli, el problema no es la falta de talento, sino su formación: “Los cultivamos de la peor manera”. Según explica, el sistema tiende a limitar la creatividad con esquemas rígidos, hasta el punto de que un jugador como Yamal “habría sido ahuyentado”, dijo a medios italianos. En esa línea, Gianluigi Buffon insiste en la necesidad de reformar la base: el verdadero cambio, sostiene, debe empezar en las edades formativas, entre los siete y los trece años.

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