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Perdón, resiliencia y futuro

  • Perdón, resiliencia y futuro
Por: James Henderson - Historiador de Estados Unidos | Publicado el 09 de febrero de 2016

Los colombianos quieren la paz, inclusive los que contradicen el actual proceso (el cual ha sido y es defectuoso); pero estos procesos siempre han sido difíciles en Colombia. Así ocurrió en 1904, después de la Guerra de los Mil Días. Fue igual en 1958, con el Frente Nacional y luego, cuando terminó la violencia que envolvió este territorio entre 1947 y 1965. Sin embargo, ha sido más fuerte la inclinación para mirar al futuro. El pasado episodio de violencia (1984-2008), con injusticia y crueldad, rápidamente se convierte para el pueblo colombiano en un aspecto histórico. No se olvida.

El afán de seguir hacia un mejor futuro siempre domina la mente de los habitantes de Colombia. Es decir, cuando la nave del Estado se encuentra segura en el muelle, su tripulación es capaz de salir adelante rápidamente. Eso tiene su historia. Esta nación progresó y se modernizó entre 1904 y 1948, y entre 1958 y 1985. La etapa del 85 al 2008, con sus guerras contra los narcotraficantes, las guerrillas, los paramilitares, fue más ardua y complicada que la Guerra de los Mil Días y la Violencia. Aún así, la historia nos sugiere que con la desmovilización de las Farc, va a salir adelante a “ritmo paisa”.

Es deber del Estado asegurar que las víctimas de la reciente y prolija guerra civil reciban justicia, en especial seguridad para reclamar sus propiedades perdidas. Está la Ley de Víctimas, pero no vale mucho si sus requisitos no se cumplen. Si el pueblo colombiano permite que la impunidad supere a la ley, como sucede con frecuencia, Colombia no va a gozar una paz verdadera a pesar de la desmovilización. Esto es el reto clave.

En ese camino, Colombia debe recibir a los desmovilizados de las Farc como recibió a los paramilitares que dejaron las armas (y los demás inconformes en la historia nacional), pero de forma más organizada. Hay que hacer este esfuerzo. Algunos de los desmovilizados se convertirán en bacrim, pero en su gran mayoría, y como son los colombianos, van a querer reintegrarse a la vida civil.

Colombia está preparada para la reconciliación. Y lo sabe hacer gracias a su iniciativa pro-memoria histórica. En eso los historiadores podemos contribuir. La clave para lograr ese objetivo es la capacidad de sus habitantes de perdonar. Es un pueblo que tiene hondas raíces en el cristianismo católico y así es propenso a perdonar frente a un malhechor que expresa su pena por sus crímenes y pide perdón. No es África del Sur y tampoco tiene su Mandela, pero el proceso del país africano sirve como modelo para esta nación en su etapa de reconciliación pos-guerra civil . El mundo entero queda admirado frente al fenómeno de una persona victimizada que tiene la capacidad de perdonar. Eso es una cualidad sobresaliente en el ser humano, cualidad que posee el colombiano en abundancia.

Lo bueno para este país es que con una desmovilización auténtica, los exguerrilleros rasos podrán votar, posiblemente por sus exjefes ya siendo candidatos electorales. Es posible que esos exjefes sean miembros de un nuevo partido social democrático, algo que ha faltado en Colombia por culpa de la guerrilla misma. Así este Estado se uniría a los otros latinoamericanos que tienen verdaderos partidos políticos de izquierda.

Repito, el colombiano de hoy debe emular sus antepasados y encontrar fuentes de convivencia en sus propios valores, y tiene muchos. Quizás el más importante entre ellos es la certeza de que a pesar de las varias desgracias que ha sufrido, sigue siendo un país de muchas calidades ejemplares frente a las demás naciones del mundo .

Contexto de la Noticia

Juan Luis Mejía Arango

Este artículo se publicó en el aniversario 104 de EL COLOMBIANO, con Juan Luis Mejía como director invitado.

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