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Especiales

La voz política que nació en el ‘Tricen’

  • FOTO Edwin Bustamante
    FOTO Edwin Bustamante
Por Javier Alexander Macias | Publicado el 14 de octubre de 2019
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mil firmas fueron avaladas por la Registraduría para la candidatura de Quintero.

Los porrazos que a veces da la vida obligaron a Daniel Quintero Calle a volverse un hombre siendo un niño.

Con 14 años de edad no pudo llorar la muerte de su madre Stella Calle, todo para decirles a sus hermanos Miguel –de 17 años–, y Juan David –de 13–, que desde ese momento el futuro que ella les invitaba a soñar cada noche en vez de leerles un cuento, se tornaba opaco, cuesta arriba, como algunas las calles del Tricentenario –el barrio donde pasó su infancia–, que parece una pequeña ciudad enclaustrada entre árboles y avenidas de carros presurosos.

En esas calles y haciendo a un lado su tragedia, Daniel vendió varitas de incienso y postres. Corría el año 94 y los rezagos de un narcotráfico activo en Medellín se tomaron las esquinas de las barriadas. La idea del dinero fácil colmó la mente de muchos jóvenes que prefirieron los negocios “raros”, pero Daniel le hizo el quite a toda esa violencia que se venía de frente y prefirió el futuro promisorio del que les hablaba su madre.

Se refugió en sus hermanos, en el rock en español y en las mascotas que acompañaron sus días de incertidumbre, como el gato “Sicario” o “Fufa” la perra, nombres que nacieron en tardes de risas y música estridente con amigos. Se rodeó de tíos que vieron en él un niño inteligente, que siempre cargaba un libro en su mochila.

Cuenta Luz Marleny Quintero, su tía y madrina de bautizo, que la creatividad de Daniel no tenía límites y un día “llegó con una bolsa llena de cocuyos porque quería hacer una linterna”. Esa misma curiosidad lo llevó a desbaratar el radio del esposo de su tía Aura Quintero.

“Le pregunté que por qué me estaba desbaratando el radio de Javier y él me dijo que iba mirar cómo funcionaba por dentro, pero que después lo dejaba igual”, recuerda Aura.

Y así fue: volteó cables, quitó transistores y cambió de lugar perillas, pero al llegar la noche, antes de que llegara Javier, lo dejó intacto. “Me dijo que quería arreglar computadores o radios grandes”, dice.

Con la idea de acelerar el futuro para sacar adelante a su familia se fue a validar el bachillerato al Instituto Metropolitano de Educación, IME. Se gradúo en 1995 y se presentó a la Universidad de Antioquia. No pasó, volvió a presentarse pero el costo alto de la matrícula lo hizo retirarse, hasta que la tercera fue la vencida. “Volví más fuerte, dispuesto a dar la pelea por estudiar y también por cambiar a mi país. De 17 años me presenté de nuevo a la U de A y pude estudiar gracias a una beca”, cuenta Daniel, aspirante hoy a la Alcaldía de Medellín.

Las verdes y las maduras

La época de Daniel Quintero en la universidad no fue tan distinta a la del colegio. Todos los días caminaba una hora desde el Tricentenario hasta la ciudadela universitaria. La jornada estudiantil la pasaba con un sánduche de queso y salchichón, un vaso de leche y un banano que en ese entonces entregaba Bienestar Universitario a aquellos estudiantes que sustentaban, con papeles y certificados, no tener recursos económicos.

En el camino universitario se encontró con Diego Alexander González Flórez, un amigo de barrio que hoy funge como director del tema de tecnología en la campaña a la Alcaldía de Daniel. Se reconocieron y fortalecieron una amistad interrumpida en el tiempo.

“Hicimos un gran equipo. Nos juntábamos para todo, para los parciales, para trabajos. Éramos muy creativos y eso lo llevamos a la vida”, asevera Diego, y agrega que el sentido de la responsabilidad lo tuvo siempre tan presente, que no faltó nunca a una clase, ni siquiera el día que llegó como si un carro le hubiera pasado por encima.

Pero así fue. Daniel consiguió una bicicleta para transportarse a la U. Una mañana, cuando tenían un parcial a las 6:00 a.m., no aparecía y Diego comenzó a preocuparse. Pasaron los minutos y Daniel entró al aula con moretones y raspados, “como un héroe de guerra”, dice Diego, “con su bicicleta partida en dos”. Un taxi lo cerró y terminó estrellándose contra el vehículo. Daniel recogió lo que quedó y se fue al parcial.

Se graduó en el 2005 y sin la idea de hacer política, pero con el liderazgo para meterse en ese camino, creó su empresa Intrasoft, dedicada a prestar servicios tecnológicos a terceros. Cumplió su primera promesa hecha a su tía Aura la tarde en que le desbarató el radio.

Ese año, el camino de subidas y bajadas empezó a enderezarse. Mientras comía perro caliente en el Tricentenario conoció a Diana Osorio, su compañera de retos, la que hoy camina a su lado, la mujer que cuando lo conoció no sintió un ápice de amor por él. “Me gustó su amigo”, dice Diana, pero con el paso del tiempo, y al conocerlo más, “con su nobleza y su inteligencia, me fue gustando”.

La amistad se convirtió en otro sentimiento acompañado de admiración. “Cuando me propuso un noviazgo, me regaló un corazoncito muy sencillo y ya era un empresario exitoso. Me dijo que había conseguido muchas cosas en la vida, pero lo único que le faltaba, y cambiaba todo, era estar conmigo”.

Hoy Diana, quien estudió Finanzas y Relaciones Internacionales, y tiene una maestría en Posconflicto estudiada en Inglaterra, camina de la mano de Daniel las calles para hacer campaña a la Alcaldía. Fue ella quien hace algunos días le exigió respeto al expresidente y senador Álvaro Uribe por su esposo, y es ella quien cada mañana revisa que no falte nada en el plan del aspirante.

“Él sabe cruzar las calles, lo hace con valentía. Ese liderazgo, esa inteligencia y esa disciplina le han servido para la campaña”, dice Diana, quien junto a Maia, su hija, y su perra Chabela conforman la familia de Daniel, la misma que junta llegó a la inscripción del candidato a la Alcaldía por el movimiento Independientes.

Una larga carrera política

Como si fuera una premonición, Daniel Quintero le dijo a su hermano Miguel, a la edad de cinco años, que sería presidente de Colombia. Las burlas no se hicieron esperar, y con el paso del tiempo en los juegos pueriles le decían “presidente”.

Recuerda Miguel que mientras todos soñaban en con ser Batman o Superman, él ya tenía en la cabeza trazado su camino. “Se la pasaba leyendo o aprendiendo matemáticas”, y parte de las discusiones de su infancia fueron por las injusticias, agrega su hermano. “Siempre defendió a la gente vulnerable y hoy lo vemos haciendo lo mismo. Nada ha cambiado, Daniel ha evolucionado”.

Pasaron 22 años y esa premonición infantil de llegar a la política comenzó a tomar forma. En el 2007, con el deseo de trabajar por la gente, Daniel se lanzó al Concejo de Medellín por el Partido Conservador. La campaña estuvo marcada por dos particulares: la primera, lo hizo por ese partido por la afinidad de sus familiares con las ideas de esa colectividad, la segunda, tuvo que subirse a los buses con marranitos de cerámica pintados de azul y con el logo conservador a pedir dinero.

“Lo hizo porque no tenía respaldo de nadie”, cuenta Diana. Tuvo más de 2.000 votos que no alcanzaron para la curul.

Con la primera derrota bajo el brazo se fue a estudiar a EE.UU., pero con “el bicho” de la política incrustado, regresó a la ciudad, convenció a su hermano Miguel de renunciar al trabajo en una empresa que toma fotografías y se lanzara al Concejo por la Alianza Verde, cupo que obtuvo con 5.777 votos.

Las ideas de Daniel calaron hondo en la clase política y en el 2012, siendo militante de la Alianza Verde, logró hacerse más visible: creó la fundación Piensa Verde, con la idea de sembrar un millón de árboles en el país. “Fueron momentos de rebeldía, entiendo rebeldía como revelarse contra lo establecido, desde el buen sentido de la palabra”, expresa Diana, quien hizo parte de ese movimiento ambientalista.

Pero la indignación por la corrupción, las injusticias que veía en la calle y asqueado de la política tradicional, se juntó con Juan Carlos Upegui y Elí Shnaider, jóvenes que comulgaban con las ideas de Quintero y crearon el Partido del Tomate.

Se tomaron las plazas públicas y a las fotos de los políticos de turno, entre ellos Álvaro Uribe, el exprocurador Alejandro Ordóñez e incluso el mismo expresidente Juan Manuel Santos (para quien trabajó luego) terminaron entomatadas. Su movimiento, como muchos otros de este país, se extinguió y fue cuando decidió trasladar su vena política al Partido Liberal, con el cual aspiró a la Cámara de Representantes por Bogotá. Se quemó con 16 mil votos y en medio de la indignación de los militantes que no entendían como un paisa, que nunca había hecho política en Bogotá, terminó avalado por Simón Gaviria, presidente de esa colectividad en ese entonces.

Los últimos años

Dice Diego que Daniel nunca se da por vencido. “Él es muy inteligente, muy tranquilo y cuando tiene un problema se para, analiza las posibles salidas y se pone en camino a solucionar las dificultades”.

Ese fue el camino que eligió en 2015 después de quemarse en las elecciones al Congreso. Con otra derrota bajo el brazo, la Casa de Nariño le abrió las puertas para volver a la política: le ofreció ser gerente de Inpulsa, una entidad del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo encargada de brindar asesorías a pequeños emprendedores. Allí se quedó hasta el 2016 cuando fue nombrado viceministro de Economía Digital del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, dicen algunos, empujado por el ministro liberal, David Luna.

Ese mismo año hizo campaña por el Sí en Antioquia, y en 2017 renunció para ser asesor de la campaña presidencial de Humberto de la Calle. Con la quemada del candidato liberal, y el apoyo profeso de esa colectividad al ahora presidente Iván Duque para la segunda vuelta presidencial, Quintero renunció y decidió regresar a Medellín a abonar el terreno para su campaña a la Alcaldía.

Dice su tío Alejandro Calle que Daniel tiene esa perseverancia para la política. “Él es como un león, por el signo y por la personalidad. Lo veo como un líder con mucha fuerza, desde chiquito, cuando recuerdo que me dijo cuál era la velocidad de la luz”.

Con esa misma velocidad Daniel ha sabido esquivar los ataques que le lanzan sus contrincantes a 14 días de las elecciones, como los tomates que él alguna vez lanzó.

Que es un paisa bogotano, que no sabe en cuál partido quedarse, que es de izquierda o de derecha y que no tiene nada de independiente, son los ataques que según el mismo candidato denunció, le han tirado de otras campañas.

“El ejercicio democrático se está viendo empañado por mentiras, ataques sin fundamento, montajes, noticias falsas, fotos y videos descontextualizados”, asevera Quintero.

“La gran ventaja de esta campaña es que es de amigos, muchos lo conocen hace tiempo, algunos somos del mismo barrio. Él es muy creyente, cree en Dios, y muchos sabíamos que iba a pasar”, dice Diego.

Daniel insiste en que no desfallecerá ante los ataques y seguirá de la mano de su esposa Diana, de su hija Maia y de su perra Chabela recorriendo las calles, las mismas que alguna vez anduvo para vender postres y que son las mismas que hoy usa para ganar votos y llegar Alcaldía de Medellín.

Contexto de la Noticia

PARA SABER MÁS incidente con periodista

Un episodio, al parecer ocurrido después de un debate, puso en el ojo del huracán a Daniel Quintero. Según la FLIP, Fundación para la Libertad de Prensa, el aspirante a la Alcadía de Medellín se le acercó a un periodista y lo increpó por una pregunta que lo relacionaba con Gustavo Petro. Según la FLIP, Quintero la señaló de “malintencionada, pero que él iba a ser alcalde y que nunca se le iba a olvidar esa pregunta”. Quintero expresó que esta publicación “no se sujeta a la verdad ni recoge el contexto”.

Javier Alexánder Macías

Amo el periodismo, y más si se hace a pie. Me encantan los perros, y me dejo envolver por una buena historia. Egresado de la Universidad de Antioquia.

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