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HISTÓRICO
Al café le cayó el murrapo
  • El cultivo de café sigue siendo el mayor generador de empleo en la zona, pero en las mismas fincas que lo producen, a su lado crecen otros proyectos que empiezan a tener peso en los ingresos del caficultor, producto del ingenio que aguzó la crisis.
    El cultivo de café sigue siendo el mayor generador de empleo en la zona, pero en las mismas fincas que lo producen, a su lado crecen otros proyectos que empiezan a tener peso en los ingresos del caficultor, producto del ingenio que aguzó la crisis.
  • Los cultivos de cítricos tecnificados también transformaron el antiguo paisaje cafetero y hoy ocupan una vasta zona que acoge mano de obra no calificada. La fotografía corresponde al sector de Peñalisa, en el corredor de la vía marginal del río Cauca.
    Los cultivos de cítricos tecnificados también transformaron el antiguo paisaje cafetero y hoy ocupan una vasta zona que acoge mano de obra no calificada. La fotografía corresponde al sector de Peñalisa, en el corredor de la vía marginal del río Cauca.
  • El agricultor de la zona aprendió de la crisis a mirar más allá de los linderos del café. La imagen, con Cerrotusa de fondo, fue tomada en Venecia.
    El agricultor de la zona aprendió de la crisis a mirar más allá de los linderos del café. La imagen, con Cerrotusa de fondo, fue tomada en Venecia.

  • El Suroeste amplió su horizonte agroindustrial, pero sigue ligado al café.
  • Producción se redujo en algunos municipios, pero se disparó en los otros.
  • Inquietud ambiental por la "potrerización" de la zona cafetera.
  • Espárragos, cardamomo, murrapos y cítricos, vigorizan economía.
Por
León Jairo Saldarriaga L.
Enviado especial, Suroeste antioqueño

Aquel paisaje cafetero simétrico que semejaba una inmensa manta verde, extendida por los valles y laderas de 23 municipios del Suroeste, se transformó en una colcha de retazos que hoy también abriga murrapos, cítricos y helechos ornamentales para exportación y cada vez más se invade de potreros.

El Suroeste antioqueño hoy es mucho más que café, pero el cultivo sigue aferrado a sus entrañas. A la sombra de una crisis de precios que acumula más de doce años, el ingenio de sus hombres sembró y vio florecer otras empresas que ya cosechan certezas.

Por las vías que conducen a la mayoría de cabeceras urbanas ya no se aprecia la plenitud de los cafetales que antes invadían, casi hasta el límite, el asfalto carreteable, y en ese horizonte irrumpió una ganadería creciente.

En aquella década de dolores se consolidaron en silencio varios proyectos, algunos asociados al café, que hoy están posicionados en nichos del mercado internacional.

En el corazón de fincas cafeteras de Andes y Bolívar se producen helechos ornamentales para exportación; en Jardín y San Bartolo (Andes), el cultivo de plátano y banano alcanzó altos niveles de producción y hoy abastecen el mercado mayorista de Medellín y Bogotá; en Fredonia se cultiva y exporta murrapo a Estados Unidos y Canadá; en Venecia, Támesis y Titiribí se asientan mariposarios; en Jardín se renueva la producción de espárragos; en Jericó se mantiene la de cardamomo; en Peñalisa y Támesis crece el área dedicada al cultivo de cítricos; el sector lechero persiste con la Cooperativa Lechera del Suroeste; dispersos por toda la zona brillan los cultivos de heliconias; la construcción de Cauca Viejo impacta el desarrollo turístico del corredor Bolombolo-Puente Iglesias-La Pintada; extensiones que suman más de 1.000 hectáreas en toda la zona están declaradas como área de reserva ambiental.

Con el café, algunos cultivadores ya manejan toda la cadena, tuestan, muelen y venden el producto final, con marca propia, en la zona y en el exterior.

Tras una primera experiencia exitosa con la microcentral del río Piedras, en Jericó y en Andes se estructuran nuevos proyectos hidroenergéticos que aprovechan el potencial hídrico que existe; y a orillas del río Cauca, en Valparaíso, despega el frigorífico Fricolsa con una inversión que supera los 10.000 millones de pesos.

La explotación del carbón sigue asociada a la cuenca del Sinifaná y líderes de la zona impulsan el Distrito de Riego Valparaíso-Támesis-La Pintada, que bañará 16.000 hectáreas, para agricultura y ceba intensiva, incluido en el Plan Nacional de Desarrollo.

Un reto mayor es la recuperación del Ferrocarril del Suroeste, cuyo proyecto entró en una fase definitiva para dar paso a un proceso licitatorio.

Cafeteros hasta el fin
Con los rigores de la crisis, el café sigue ahí. "Algunos vendieron las fincas o cambiaron de actividad, pero el grueso de cafeteros continuó y se acogió al programa de renovación que diseñó la Federación", apunta Gustavo Santana, director administrativo de la Cooperativa de Caficultores de Andes, la más grande del país.

La región, según registros del Comité Departamental, hoy tiene 33.100 caficultores asentados en 47.500 predios, en los cuales se cultivan 68.300 hectáreas, que corresponden al 60 por ciento de toda el área cultivada en Antioquia.

En términos ponderados, se estima que cada finca tiene un área de 3,9 hectáreas, de la cual, sólo el 1,44 por ciento está dedicado al café, lo que supone que a cada predio le queda un espacio importante para explotar alternativas diferentes al grano. En promedio, sólo el 37 por ciento de la finca está dedicada al café, concentrado ahora en las áreas más productivas del terreno, para dejar espacios útiles a otros propósitos, con la idea de que cada vez se cultive un producto de mejor calidad.

¿Pero cuál es el peso del Suroeste en la cosecha del Departamento? Pese al impacto negativo en los precios, el director ejecutivo del Comité Departamental de Cafeteros de Antioquia, Luis Fernando Botero Franco, sostiene que la región no ha bajado su producción y durante la última década, cada año, ha mantenido un nivel que oscila entre los 2,0 millones y 2,2 millones de sacos de café excelso de 60 kilogramos.

Sus plantaciones producen 115 millones de kilos de café pergamino al año que, en las cuentas del Comité, representan un promedio de 1.625 kilos por hectárea-año.

Traducido a los precios actuales -subraya el directivo- la producción del Suroeste significa un ingreso a los productores de 280.000 millones de pesos, que irrigan la economía de la región al año.

Renovar, único camino
Para Botero, al caficultor le quedan dos opciones. O entiende el cambio, lo asimila y se mete en él, o se sienta a llorar y a recordar un pasado que ya no vuelve.

La situación, plantea Gustavo Santana, exige una caficultura fresca, renovada, porque el costo de las cafeteras viejas no da para sostenerlas con el actual esquema de comercialización.

Según Juan Carlos Caballero, administrador de fincas en Ciudad Bolívar, el cafetero tradicional empezó a echar cuentas, a dejar de manejar la finca como un negocio de bolsillo y pasó a lo técnico para maximizar los recursos y bajar los costos.

El deterioro económico, admite Botero, es real y contundente, como quiera que, en términos del ingreso, "en los últimos doce años la región ha perdido el equivalente al valor de dos cosechas y media de café".

A raíz de los bajos ingresos del sector, el Fondo Nacional del Café se quedó sin recursos y tuvo que abandonar muchos de sus programas de inversión social para evitar el derrumbe del precio interno.

"Nadie esperaba un período tan largo de bajos precios como el actual. Ya son doce años con ellos abajo", reconoce.

La salida que comparten dirigentes y productores rasos es una modernización, que impone rejuvenecer el parque cafetero y aumentar la densidad por hectárea para buscar un incremento en la productividad.

En los últimos cinco años, municipios como Betulia y Bolívar han renovado el 71 por ciento del área cultivada; Betania, el 69; Concordia, el 68; Tarso, el 65; Pueblorrico, el 60; Salgar y Jericó, el 59; Hispania y Támesis, el 53; Fredonia, el 51 y Andes el 50 por ciento.

Con la renovación avanza un programa de producción de café de alta calidad, con asesoría especializada, que busca un mejor poder de negociación al productor. En ese perfil, el año pasado se logró la certificación UTZ Kapeh a 24 fincas para la producción de café con responsabilidad social y ambiental, liderado por Expocafé para atender el mercado europeo, en tanto que un primer grupo de pioneros ya incursiona en el proceso para producir con sello orgánico, que tiene un valor agregado en el mercado externo.

¡Ojo!: se "potreriza"
¿Pero dónde están los cafetales? La inquietud del visitante que ya alcanza a inundar su mirada de cafetos, la resuelve la misma tecnificación que asentó los cultivos en las mejores tierras de las fincas. Además, la responde la Cooperativa de Andes que identifica entre sus asociados a cafeteros que hoy siembran 20.000, 50.000 y hasta 150.000 plantas nuevas, en el filón de Bolívar, Andes, Jardín, Betania, Concordia, Salgar y Betulia.

El horizonte despejado del resto plantea el reparo ambiental, al contrastar que de un paisaje dinámico, con coberturas vegetales por cultivos de café, plátano, frutales y árboles con sombrío, se pasó de manera progresiva a otro de suelos cultivados en pastos.

El asunto se agrava, sostiene José Didier Zapata, ingeniero de Corantioquia, porque son pasturas en suelos de alta pendiente, con pérdida total de la cobertura vegetal forestal que, en términos agropecuarios, representa el avance de la ganadería en Suroeste, pero a partir de una "potrerización" agresiva.

El reparo es que ese avance no se cumple con tecnología adecuada, se hace en suelos que requieren un manejo diferente al de llanura, con agricultores en cuya memoria sigue el manejo de la finca cafetera y con el impacto social por la mínima generación de empleo.

El fenómeno se advierte en pueblos de gran tradición cafetera como Fredonia, Venecia y sus vecinos. En otros como Tarso, es dramático. En sus 119 kilómetros cuadrados no tiene una sola hectárea en bosque natural ni primario y por eso su escasez de agua y fauna.

El panorama de las cifras es revelador. Los once municipios de la regional Cartama de Corantioquia (La Pintada, Caramanta, Montebello, Santa Bárbara, Fredonia, Venecia, Tarso, Pueblorrico, Jericó, Támesis y Valparaíso) comprenden 1.622 kilómetros cuadrados, de los cuales 19.000 hectáreas están con café en producción, pero lo quintuplican las 105.500 hectáreas sembradas en Pasto.

En los ocho municipios de la regional Citará (Betania, Betulia, Concordia, Salgar, Hispania, Bolívar, Andes y Jardín) se rafirma el panorama. En sus 2.077 kilómetros cuadrados hay 35.299 hectáreas en café en producción, mientras que más del doble, 89.720 hectáreas, están en pasto.

Al mirar los pastizales del Cartama, se aprecia que 63.857 hectáreas están con pasto nativo y apenas hay 41.270 hectáreas mejoradas. Peor en Citará, pues tiene 81.000 hectáreas en pasto natural y sólo 8.700 mejoradas.

El contraste es que, en promedio, la capacidad de carga por hectárea, es de menos de una cabeza de ganado, que significa una actividad pecuaria poco productiva.

La crisis cafetera -interpreta Zapata- presionó el crecimiento de la frontera ganadera, por la menor exigencia de manejo e inversión que representaba cambiar una parcela por un potrero, pero trajo de la mano la crisis social que genera la baja ocupación de mano de obra, la pérdida de la diversidad forestal, de la riqueza en aves, en fauna, especies animales y drásticas disminuciones en fuentes hídricas.

El nuevo paisaje del Suroeste, transformado por una naciente agroindustria, sigue arraigado a su esencia, el café. Lo saben los que se consideran cafeteros por vocación. "Estas tierras son especiales para eso y todos esperan que repunte el precio", señala Santana. Un caficultor de Concordia, José Mesa, comparte lo que sueñan los suyos: "Confiamos en que por fin llegue el momento en que el café nos devuelva lo que le hemos metido en tantos años de crisis". Desde los cerros tutelares de la zona, esa colcha de retazos que forma el Suroeste, muestra un tejido mayor de cafetales, pero cada vez crece el tamaño de los nuevos "parientes" que empiezan a hacerle sombra al grano.

El café se recoge en el extremo
Con el avance de la frontera ganadera y la vocación turística de la mayoría de poblaciones del Suroeste más próximas a Medellín, la gran caficultura se concentra en municipios de tradición como Ciudad Bolívar, Andes, Concordia, Betania y Salgar.
Es el área de influencia de la Cooperativa de Caficultores de Andes, que agrupa a 5.000 asociados, los cuales, durante el primer semestre, comercializaron 30.000 millones de pesos del producto. En el segundo semestre será mayor por el impacto de la cosecha grande de fin de año.
Con el montaje de la trilladora La Pradera, el desplazamiento del grano a Medellín es mínimo y el grueso sale directo a la planta industrial para transformarlo en café excelso de exportación, con destino a los puertos del Atlántico y el Pacífico. Según su director administrativo, Gustavo Santana, este año ha trillado 114.000 sacos de café excelso que han salido para los mercados de Alemania, Japón, Libia y Estados Unidos.
Igual que el Comité Departamental, estimula programas de diversificación que generen ingresos adicionales al productor y no tenga tanta dependencia del monocultivo.
Ganadería crecerá tecnificada: Fricolsa
La presencia ganadera en la zona es contundente. Según estudios de Fricolsa, el Suroeste tiene un hato de 335 mil bovinos, que representan un poco más del 16 por ciento del hato ganadero del departamento.
De los 6.733 kilómetros de su territorio, el 45 por ciento está sembrado en pastos, el 80 por ciento de los cuales son naturales y el 20 por ciento mejorados, lo cual ratifica la inquietud de Corantioquia por el aumento de la frontera cultivada en pastos.
Con la llegada del frigorífico, según destaca su gerente, Jorge Alonso Vanegas, ahora se busca ganado gordo en la zona y se ha hecho que el ganadero vuelva a la ceba.
Frente al reparo de Corantioquia, anota que eso de echar un novillo en una hectárea es cosa del pasado, porque hay interés de hacer prácticas silvopastoriles modernas.
Con ellas, asegura, se siembran árboles en las fincas ganaderas para proteger el suelo, además de que la zona es prodigiosa en variedades como el samán, campano, piñón de oreja, lucaena y matarratón que son frondosos, dan sombra y, con su forraje, ayudan a la alimentación del animal.
Si bien admite que la región se está "potrerizando", considera que hay conciencia del ganadero para tecnificarse. El sabe, agega, que arborizar la finca da sombra y refresca la tierra para el bienestar del ganado y el suelo, mientras que pastos como la estrella crecen bajo la sombra. A los ganaderos, reitera, no les queda otro camino que tecnificarse para producir animales de calidad, más precoces, en menor tiempo.
Para dar una idea del impacto del frigorífico, destaca que empresas como Carrefour, Éxito y Alcosto, quieren establecer sus negocios en el sector para proveer sus almacenes de carne, directamente del productor, sin pasar por intermediarios. La idea, explica, es modernizar toda la cadena cárnica y tener frío permanente en el centro de sacrificio, el transporte y los expendios.