Cuando somos niños, la mayor preocupación no es precisamente cumplir con una tarea, llegar a la hora acordada a una cita, y mucho menos, hacer fila en un banco para pagar una cuenta que está por vencerse. ¡No!
Cuando somos peques, lo más importante es jugar, solo o acompañado, pero jugar, y ojalá todo el día. Incluso, habrá unos que hasta olvidan comer.
Y es que precisamente por esa naturaleza inquieta que se experimenta en los primeros años de vida, los especialistas aseguran que más que enfermedades del sistema osteomuscular, los niños con frecuencia llegan al ortopedista producto de fracturas ocasionadas por el juego.
Sin embargo, es necesario aclarar que hay algunas patologías que pueden desarrollarse con la edad y otras, que el niño padece desde el nacimiento.
Las infecciones
También suelen ser una causa de consultas por el contacto con otros niños o por los traumas que ocasiona el juego.
De acuerdo con Sergio Monsalve Velásquez, ortopedista de la Clínica Las Vegas, dentro de las enfermedades osteomusculares propias de la niñez podría hablarse de la osteomielitis o las artritis sépticas. Ambas son infecciones, la primera de ellas ocurre en los huesos y la segunda, hace presencia en las articulaciones.
"Se pueden presentar porque producto de algún trauma, una herida o un raspón, ingresó a través de la sangre un germen que genera un foco infeccioso. Con frecuencia son heridas en piel", explicó Monsalve.
Atención a la cadera
Si el niño manifiesta dolor en esa parte del cuerpo o tal vez, se queja de un constante dolor en la rodilla, es mejor que prenda las alarmas.
Asegura el especialista que la enfermedad de Perthes, es una patología que compromete la cadera y en su etapa inicial puede comenzar con un dolor que se irradia en la rodilla.
"Esta enfermedad se da entre los tres y siete años, es como si se estuviera muriendo parte del hueso por causa de una alteración de tipo vascular. Después de los ocho años se habla de un Perthes tardío", apuntó Monsalve.
En esta misma parte del cuerpo, es posible que el niño presente patologías de tipo congénito como la displasia de cadera o luxación congénita de cadera.
Se trata de una enfermedad relacionada con el mal desarrollo en la cadera y que debe ser detectada al momento del nacimiento.
¿Se pueden prevenir?
En caso de sospecha de la presencia de una enfermedad de carácter genético o cuando hay patologías dominantes a nivel familiar, la recomendación es hacer estudios cromosómicos durante el embarazo para determinar si el bebé presenta algún tipo de alteración.
También, para estos casos se sugiere hacer diagnósticos a través de ecografías de tercer nivel.
En lo relacionado con fracturas e infecciones, el especialista asegura que son difíciles de prevenir.
Las primeras por ese constante deseo que tienen los niños de jugar y las segundas, porque no toda infección se traduce obligatoriamente en problemas de huesos o articulaciones.
"No todos los niños que tienen un foco infeccioso a distancia van a hacer una osteomielitis, ni artritis séptica, eso es un riesgo. Lo importante es que cuando el niño llegue a la consulta de un servicio de urgencias con un cuadro que pueda parecer eso, es importante sospechar para atender de manera temprana", enfatizó Monsalve.
Por su parte, la enfermedad de Perthes tampoco es previsible, simplemente hay que estar atentos cuando el niño se queje de un dolor en la cadera o la rodilla.
"Lo importante es no dejarse coger del tiempo, hay que aprender a diferenciar porque hay otras patología que como la de Perthes, también producen un dolor muy intenso en la cadera de los niños y aunque es transitoria, en su presentación inicial se puede confundir", señaló el especialista.
Los tratamientos
Aunque en cada niño las formas de atender la enfermedad son particulares según el caso, Monsalve menciona que en las congénitas de cadera existen diferentes niveles de gravedad. "Hay niños en los que se maneja con doble pañal, con un arnés, hay quienes requieren más tiempo de aparatos, hay unos que necesitan cirugía y otros que no", explicó. Además, agregó que aunque hay posibilidades de corregir el defecto con tratamientos tempranos, existen otros que deben llegar hasta cirugía.
"Hay que individualizar cada caso y saber cómo se clasifica para saber qué enfoque dar", concluyó el especialista.
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