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De Amazonas a Hong Kong: el viaje de la oficial indígena

Francy Hernández se convirtió en la primera mujer indígena con el rango de oficial de la Armada. Viene de El Encanto, Amazonas, y su primer viaje fue de cuatro meses a China.

  • De Amazonas a Hong Kong: el viaje de la oficial indígena | Teniente de corbeta, Francy Hernández, se convirtió en la primera oficial indígena que llega a la Armada. FOTO armada nacional
    De Amazonas a Hong Kong: el viaje de la oficial indígena | Teniente de corbeta, Francy Hernández, se convirtió en la primera oficial indígena que llega a la Armada. FOTO armada nacional
12 de julio de 2014
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El 19 de octubre de 2009 Francy Hernández Sosa salió de su casa en El Encanto, Amazonas, con la promesa de volver para Navidad. Ese día, todos en la familia, su papá Édgar, su mamá Mirta y sus hermanos, lloraron.

A sus 20 años, Francy viajaba por primera vez a Bogotá, la capital lejana de edificios altos, a realizarse unos exámenes médicos que le pidieron en la Armada Nacional luego de un proceso que inició y que para ese entonces, era apenas un sueño: ser oficial.

Lo que nadie sabía era que Francy no iba a volver para esa Navidad y tampoco para la siguiente y la siguiente. Es más, ya son 55 meses de migración. Ella tiene las cuentas claras, como por ejemplo, que a El Encanto se llega tras ocho horas en lancha desde Puerto Leguízamo, Putumayo, y que Leticia queda a 15 días por río, sí, 15 días en unas lanchas lentas que se detienen en cada pueblo y hacen visita. Leticia, dice hoy, fue para ella hasta 2009 el lugar más lejano que había sobre la tierra. Ella, la hoy teniente de corbeta, con 24 años, se convirtió en la primera indígena mujer en lograr un grado de oficial en la Armada Nacional.

Del otro lado del teléfono, con la señal que juega en su contra y le poda las palabras, desde bahía Málaga, en el Pacífico colombiano, a donde fue traslada para continuar con el entrenamiento, la teniente Francy cuenta su historia con un discurso fabricado: "Logré convertirme en oficial de la Armada después de un proceso. Asumo esto con muchas responsabilidades y disciplina, y todo lo hice gracias a las oportunidades que me presentó la Armada y el apoyo que me dio mi familia".

Con las palabras justas, se confiesa. Dice que sus rituales indígenas no los ha vuelto a practicar por la distancia, esa distancia que le trajo nuevos rituales de entrenamiento y disciplina. Habla español perfecto y dice que de su lengua materna es el Murui. "Soy indígena y eso lo llevo en la sangre, va conmigo. No niego de dónde soy, respeto mi cultura, mi pueblo. Los ancianos fueron los que me enseñaron".

La comunidad indígena Murui es un pueblo asentado en el corregimiento El Encanto (Puerto Nariño, Amazonas), en el que viven cerca de 5.000 personas. En palabras de la oficial, ese lugar "es muy lejos". En el mapa aparece como un puntico en la frontera con Perú. Y se ríe y deja la timidez y vuelve a decir: "muy lejos, muy lejos". Allá solo hay energía unas horas al día, las casas son de tabla y la vida es tranquila y "feliz".

Entonces, ¿cómo desde ese lugar "tan lejos", logró ingresar a la Armada? Francy lo explica sencillo: "La Armada la conocí desde niña porque siempre ha hecho presencia en la ribera del río Putumayo. Un día hubo un evento binacional y ofrecieron una beca para ingresar. Las Fuerzas Militares me han interesado siempre. Sin embargo, comencé a estudiar a distancia, se me cumplieron los pensamientos y logré el cupo en la Armada".

Viento en popa
El ARC Gloria es el buque insignia de la Escuela Naval de Cadetes "Almirante Padilla" y uno de los más representativos del país. Tras un par de años de formación en Cartagena, Francy se embarcó.

"Zarpamos el 3 de mayo de 2013 y el relevo lo hicieron en Hong Kong. Fue una experiencia muy bonita. Gracias a Dios el mar nos trató súper bien. Después de tanto tiempo de estar en el mar, lo que más me impresionaba era llegar a un lugar diferente y ver la bandera de Colombia. Uno siente felicidad tan solo con ver la bandera. Es inexplicable, emocionante. En Hawaii, cuando vi la bandera, para mí fue lo mejor. Era la primera vez que cruzaba el Océano y llevaba semanas navegando y vi la bandera y el corazón se me quería salir, eso para mí fue la felicidad".

Después de cuatro meses de navegar, Francy dice que aprendió de las monotonías del buque como, por ejemplo, jugar fútbol con una pelota de trapo. "Con los días se vuelve todo calma, le cogí cariño a navegar y a trabajar en equipo". Hong Kong es ahora para Francy la otra ciudad de edificios altos. Bahía Málaga es su nueva casa.

Hoy sabe las horas en que se quedará sin señal y las horas en que su mamá tiene energía y la puede llamar. Vuelve a su discurso para subrayar que este es un proceso de aprendizaje y que quiere seguir sirviéndole al país, a su patria, aunque por ahora el sueño es ir a Puerto Leguízamo, navegar ocho horas por el río Putumayo, llegar a El Encanto y cumplir la promesa de regresar en Navidad.

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