Como se sabe, el gobierno nacional ha utilizado la figura de las locomotoras para hacer énfasis en la idea de que hay unos sectores económicos escogidos para jalonar e impulsar el desarrollo del país durante el presente cuatrienio. Entre dichas locomotoras se encuentra la innovación.
Sin lugar a dudas, la propuesta de hacer de la innovación una de las locomotoras del desarrollo de Colombia es visionaria, pues en las etapas superiores del proceso de desarrollo de los países el conocimiento es el factor determinante del crecimiento económico y, en general, del desarrollo.
Pero, dado el escaso avance que actualmente tiene el país en materia de ciencia, tecnología e innovación (CT+I), el reto que se ha impuesto la actual administración, para un período de gobierno, es monumental.
Podría pensarse que, contando con el adecuado marco de políticas, la vivienda y la infraestructura están en capacidad cierta de impulsar el desarrollo del país en un período relativamente corto.
Para alcanzar igual objetivo en el caso del sector agropecuario, se necesita una profunda reingeniería en el modelo y en las bases de desarrollo de este sector.
La situación real en que actualmente se encuentra la innovación en nuestro país hace pensar que, antes que disponer de una locomotora que con algunos ajustes y refuerzos jalonará el crecimiento y el desarrollo del país, estamos frente a un pequeño tren de vapor que tiene muchas necesidades para operar.
Para no llamarnos a engaños, es bueno que el país reconozca esta situación y sepa qué puede esperarse, hoy en día, de la innovación como motor del desarrollo. Sin embargo, la propuesta del gobierno constituye una gran oportunidad para darle a la CT+I el lugar que le corresponde en las políticas y en la asignación de los recursos públicos.
El gobierno nacional debe reconocer el hecho de que la falta de prioridad que tradicionalmente se le ha otorgado a la CT+I en las diferentes esferas de poder, y muy especialmente en las oficiales, ha dado lugar a unos ciclos de apoyo gubernamental a la CT+I caracterizados porque los momentos de mayor auge son de corta duración mientras que los de penuria son de largo alcance.
Esto indica que, en línea con sus propuestas, uno de los principales propósitos del actual gobierno debe ser acabar con esos ciclos y crear las bases institucionales y financieras que garantice que la CT+I no sólo es una prioridad en las políticas y en los recursos, sino que estos dos elementos se disponen en la magnitud y la intensidad necesarios para lograr la transformación social que implica hacer del conocimiento uno de los principales factores del crecimiento y el desarrollo del país.
Hacer visible y comprensiva la idea de la transformación social que implica hacer de la innovación y, por ende, en general, la CT+I, una de las locomotoras del desarrollo es una necesidad apremiante.
Si la ignorancia, el desdén o la indiferencia que en el pasado han prevalecido entre las principales instancias de poder y en la población en general respecto a estos asuntos no es objeto de un cambio de motivación y actitud que se traduzca en unas acciones concretas que sean sostenibles en el tiempo, será muy difícil hacer creíble el discurso de la locomotora de la innovación.
Este se convertirá, al igual que en pasados planes de gobierno, sólo en eso, un discurso que la realidad de las ejecutorias públicas se encarga de desmentir.
Debe entenderse que el país no ha construido aún unas bases sólidas para tener una CT+I capaz de arrastrar el desarrollo del país.
Esto determina que, por lógica, la tarea del gobierno debe comenzar por allí, pues el edificio del desarrollo requiere unas bases sólidas.
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