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HISTÓRICO
El viaje final de Maqroll el Gaviero
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Por MÓNICA QUINTERO RESTREPO | Publicado el 22 de septiembre de 2013

Era 25 de agosto de 1923 cuando nació Álvaro Mutis. Sábado. Era 22 de septiembre de 2013 cuando murió Álvaro Mutis. Domingo. Fue un viaje de 90 años y 28 días.

Su voz ya no era la misma que relataban sus amigos. No era ya el hombre de conversaciones largas. "No tengo alientos ya para eso", dijo. El "eso" era para conversar de su vida, por su cumpleaños.

"Era uno de los mejores conversadores que he conocido en mi vida. Era de una simpatía desbordante y toda la vida fue una delicia encontrarse con él. La última vez que lo vi, hace unos tres años, en La Casa de América, lo encontré más melancólico, más ensimismado, no era la cajita de música que era", cuenta el poeta Darío Jaramillo Agudelo.

Su amigo, Álvaro Castaño, lo regañaba. Le decía que había que ser comunicativo, porque sus vidas habían sido muy alegres, para mostrar. "Yo creo que está escribiendo muy poquito". Mutis se había dedicado a leer, a estar con él mismo, aunque pasaba al teléfono, a veces. El escritor Juan Gustavo Cobo Borda pensaba, hace un mes, una explicación. Mutis tenía la fatiga de saber que no valía la pena hacer mucho más de lo que hizo. "Vive con la paz de quien ya lo que busca es leer libros que lo marcaron y no descubrió bien. Fueron 30 años trabajando por toda América Latina. De pronto se encontró en México, en su biblioteca. Es una forma de mostrar que no hay que estar en lo expuesto, sino en lo íntimo, en lo reflexivo".

También estaba enfermo desde hace un tiempo. El domingo 14 de septiembre, confirmó su esposa Carmen Miracle, había sido hospilizado. Se fue en la noche. Parece que fue un problema cardiorrespiratorio.

Un viaje completo
El Mutis que se inventó a Maqroll El Gaviero era un hombre festivo, de muchas ocurrencias. Álvaro Castaño recuerda que iban mucho a la finca que tenían en Tolima y Mutis, con su vozarrón, sacaba la cabeza por la ventana del carro y gritaba, algo así, como la forcha perfuma, chupa, aprieta, ayuda a la digestión.

"Eso no lo entiende nadie, pero a él le encantaba".

El escritor vivía en México desde 1956. No obstante, era colombiano. Quería a Colombia, aseguraban sus amigos, "pero la vida lo organiza a uno, pese a los deseos de uno mismo", expresa Álvaro.

Ahora que no está quedan los libros. Como cuando el profesor le dijo que era perfectamente imposible estar tan negado a la matemática elemental. Mutis se fue, pero a su viaje no le faltaba nada más.

"Los colombianos nos regocijamos con su poesía, con ese personaje increíble que es Magroll. Esa es una de las grandes aventuras de la literatura colombiana. Había vivido lo suficiente y había escrito lo que puede escribir un hombre que dedicó toda su vida a la literatura y a la amistad. Fue un gran amigo, un caballero antiguo, un cultivador del juego limpio, del diálogo y de la amistad", recuerda Óscar Collazos, el escritor.

De todas maneras, Álvaro, también hace un mes, precisaba que Mutis todavía tenía el alma muy joven. El ser humano más simpático que conocieron muchos estaba ahí. "Me encanta que quieran a Álvaro, es un tipo maravilloso".

Mutis era un poeta, sobre todo. Es lo que más le admiran. Juan Gustavo explica que en su prosa estaba esa poesía. "Sus novelas nacieron de pequeños poemas en prosa. Todo tiene un aura, un horizonte, un magnetismo poético".

Es difícil, además, pensar en el escritor y no pensar en Maqroll. Su personaje se volvió universal. Él solía decir que era lo que había querido ser y no fue. "Es la sensación —sigue Gustavo— de eso que nosotros siempre soñamos, que es lo que otro hombre quiere ser". Mutis sabía quién era Maqroll. Por eso, incluso, no lo recomendaba como amigo.

El viaje de Mutis terminó. Quedan sus poemas, sus novelas, sus letras. Queda su poema, Amén, para despedirlo. "Que te acoja la muerte/ con todos tus sueños intactos (...)/ La muerte se confundirá con tus sueños/y en ellos reconocerá los signos/ que antaño fuera dejando,/ como un cazador que a su regreso/ reconoce sus marcas en la brecha".