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HISTÓRICO
ELOGIO AL POLÍTICO ABURRIDO
  • ELOGIO AL POLÍTICO ABURRIDO |
    ELOGIO AL POLÍTICO ABURRIDO |
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 22 de mayo de 2013

Nos acostumbramos al político entretenido, al que grita y genera controversia, al que pelea e insulta a sus contrincantes, al que se queda en la forma a falta de mostrar algo de fondo. En fin, al "showman" por sobre el estadista; al divertido por encima del responsable.

La semana pasada, Santos viajó con una nutrida delegación de unos sesenta lagartos al Vaticano. La ceremonia de canonización de Laura Montoya se convirtió en el evento politiquero del año (Por no nombrar el incómodo e impopular problema de pagar con recursos públicos el viaje de funcionarios de un Estado laico a una ceremonia religiosa).

Pero el Presidente de la República no es, ni mucho menos, el único personaje político que premia la forma sobre la sustancia. Desde hace algunos días, Francisco Santos ha estado adelantando su campaña política a punta de generar polémica. Pero lo ingenioso no le quita lo efectista. De hecho, aunque muchos podemos citar de memoria el mensaje que acompaña las vallas en contra de la negociación con las Farc en La Habana, no tenemos ni idea de cuál es la propuesta del otro Santos para abordar el proceso con la guerrilla.

De nuevo, más show, más pantalla, puro entretenimiento. Se les olvidó que el ganador no puede ser el que más grite, o el que más lo entrevisten, menos el que pague más pauta publicitaria.

Por supuesto que entiendo lo inocente de esto que escribo. Los medios masivos de comunicación han obligado a los políticos a tener un compromiso con el entretenimiento de la gente. Pero estoy convencido del valor de la seriedad y la prudencia como asuntos cardinales en la política responsable.

Me sostengo en que se puede hacer esa clase de política. Sin tener que decir que un apocalipsis espera al país en cada esquina cuando un contrincante gobierna, ni prometer un paraíso luego de ganar unas elecciones. Tampoco tiene que ser necesario manejar bien las cámaras o coger bien el micrófono, menos aún saber llamar la atención de los medios para replicarle al rival de siempre, en esa pelea eterna de la que la mayoría ni nos acordamos por qué empezó.

Porque creo que es preferible el político prudente sobre el impertinente, el silencioso sobre el vociferante; el sensato sobre el arrojado. En fin, el que gobierna en vez de ser entretenido. Esta es una defensa desesperada -como tantas otras- del político aburrido.