- Allí la motilada y la afeitada tienen un valor agregado, con masaje y mascarilla.
- Su estilo particular para motilar y su buen genio lo caracterizan.
- Hace 44 años Mariano Ortiz Tirado llegó a Medellín y aquí se quedó.
Gloria Luz Gómez Ochoa
Medellín
El nombre de la Barbería Roma se lee al revés. No fue llamada así en honor a la capital italiana. En sus letras se encuentra el principio de vida de Mariano de Jesús Ortiz Tirado, porque amor es lo que él le pone a su trabajo.
Hace 44 años llegó a Medellín. En sus manos no traía más que unas tijeras, una barbera, y en el alma el espíritu aventurero que lo ayudó a salir de su natal Fredonia.
Tenía trece años cuando se inició en la escuela La Complementaria, de Artes y Oficios. "Repartíamos en las escuelas tiquetes para motilada a 10 centavos y si uno dañaba a los clientes, el profesor los arreglaba", recuerda Mariano, quien a sus 73 años guarda en su piel las marcas del hombre buen mozo, como lo llamarían en su época. "Siempre me han gustado las mujeres bonitas", advierte con una pícara sonrisa que se dibuja en su rostro y le aviva los ojos negros que contrastan con el escaso cabello blanco.
No conocía la ciudad pero se atrevió a pedir trabajo en las peluquerías que había en el centro. "Con mi montañerada me arrimaba y preguntaba si tenían trabajito para mí", relata Mariano.
No pasó mucho tiempo. Sólo unas cuantas horas y ese mismo día "Raúl Antonio Toro me dejó solo en la peluquería y a las 7 de la noche ya había motilado a 17 personas".
Desde ese día no ha parado de trabajar. Antes, de 7:30 de la mañana a nueve de la noche; ahora sólo hasta las 5:30 de la tarde.
Para este hombre, de 1,82 de estatura y 83 kilos de peso, su gran orgullo son sus cinco hijos profesionales. El momento más recordado, el nacimiento de María Alejandra, "después de 16 años de haber tenido mi cuarta hija nació mi adoración".
Una ciudad lejana
Durante 27 años permaneció en Sucre, entre Perú y Caracas. Fueron tiempos en los que los clientes llegaban en su carro, sin mucha congestión. "Había 'estacionómetros'. Y la gente echaba una moneda de 5, 10 o 20 centavos para estacionarse".
Y es que Mariano tenía la mejor clientela de la ciudad. "Los más prestantes: médicos, ingenieros, abogados"; eso, dice él, "se lo debo a mi manera de ser". Y es que aún Mariano es el peluquero de cabecera del Arzobispo Alberto Giraldo y su auxiliar. "Por 20 años Monseñor Botero Salazar también fue cliente mío", dice, con orgullo.
A Mariano no hay nada que lo saque de la ropa ni lo ponga bravo. Para él todo en la vida hay que hacerlo con amor, y tan convencido está de ello, que en Jorge, el hijo que trabaja con él, imprimió el mismo sello. "Trabaja, trabaja con amor, porque aquel que lo hace sin amor es un desocupado", dice Jorge, parodiando a Facundo Cabral.
Hace siete años la Barbería Roma está en Argentina, entre Sucre y la Avenida Oriental.
Allí, en un pequeño espacio con dos sillas de peluquería, una americana y otra japonesa, los clientes son recibidos con chocolates, revista, periódico y amabilidad.
En La Roma se hace lo que el cliente pida, excepto cortes modernos. "Yo sigo en lo clásico", al igual que su gusto musical.
"Alguna vez le pregunté a uno cómo quiere que lo motile y me contestó: ¡callao!". Pero esa no ha sido la única anécdota. En otra ocasión, "llegó un cliente diciendo que lo motilaran con una barbera buena. Cuando le contesté que ni se siente, el señor se fue".
Las manos de Mariano siguen firmes para manejar, con la destreza de la experiencia, una máquina manual Oster 40, una barbera, una correa para amolar y unas tijeras. "Mire mis manos, aún no me tiemblan", dice.
Mascarilla a base de miel y almendras y masaje en la piel, en los brazos y el cuello, son el valor agregado de la Barbería Roma.
Allí todavía queda un hombre de misa y rosario todos los días, y que trabajará hasta que no dé más, porque vive enamorado de su clientela. "Me quieren mucho y soy feliz con ellos".
Una clientela fiel y conocedora
Javier *
"Hace 40 años que vengo a que don Mariano me motile; eso ya hace parte de mi vida. Él no tiene que preguntarme cómo me motila. Ya sabe. Hay gente que le gusta cambiar, a mí no. Aquí vienen los mismos, los de siempre.
Aquí se encuentra uno con los amigos. Antes había muchas barberías de este estilo, la de Autopark, la de Los Profesionales, donde hoy es Comfenalco; la de Los Tobón y la de El Comercio. De ésas quedan muy pocas y la más reconocida, sí es la Roma".
*Cliente desde hace 40 años.