Algo relativo significa que no es absoluto y que depende de una serie de factores, elementos o circunstancias para configurarse. Basándome en este concepto, el gobierno de Juan Manuel Santos es un gobierno absolutamente relativo.
Sus motivaciones para cumplir las funciones como Presidente, dispuestas por nuestra Constitución, parecieran obedecer más a fríos cálculos políticos que a un desprevenido amor patrio o a una profunda vocación de servicio público.
Nuestra Constitución señala en el artículo 89 que el Presidente debe "… Defender la independencia y la honra de la Nación y la inviolabilidad del territorio…". Corta frase, pero sustanciosa como un "Padre Nuestro", y bastante orientadora con respecto de la actitud que debería tomar el primer mandatario, ante los dos temas de interés nacional que nos ocupan por estos días: el fallo de la Corte Internacional de La Haya y las negociaciones con las Farc.
No obstante, la actitud que ha tomado el gobierno para abordar ambos temas ha generado mensajes contradictorios. Grave error. La ambivalencia en el discurso genera desconfianza en la palabra, zozobra en la sociedad e ineficacia en la acción.
En cuanto al fallo que nos despoja de valioso territorio, el Gobierno ha dicho que lo rechaza y lo considera injusto, pero no ha descartado su acatamiento. Luego, dice, buscará alternativas en el derecho internacional para objetarlo, pero al mismo tiempo busca un diálogo directo con Nicaragua para examinar convenios que beneficien a nuestros pescadores.
Han transcurrido poco más de 150 horas posteriores al fallo y los colombianos aún no sabemos con certeza qué acciones va a tomar nuestro gobierno. Respetar un mandato constitucional no debe dar espera. Recuerden: Independencia, honra y territorio.
Sobre este gobierno no recae toda la responsabilidad del fallo, pero considero que sí debe asumir un costo político ante el país con total gallardía, por ser un tema de honor. La canciller Holguín debe presentarles la renuncia a los colombianos. Recuerden sus desafortunadas declaraciones anticipando un fallo "salomónico".
Por otro lado, la actitud permisiva que ha adoptado Santos frente a los diálogos con las Farc, lo que menos defiende es la honra y la dignidad de los colombianos. Recuerden cuando las Farc sostenían que no tenían secuestrados, pero la semana pasada liberaron a unos extranjeros. Tampoco se ha cuestionado el incumplimiento de la supuesta tregua unilateral, rechazando los recientes ataques a la población, como tampoco el último comunicado donde atacan al Ministro de Defensa.
El Gobierno debe escuchar sin soberbia lo que aclaman los colombianos y conducir sus acciones en ese sentido, con el fin de representar intereses comunes y no particulares. Yo quiero una Colombia firme en la defensa de sus intereses, no una Colombia endeble.
@conojocritico