LA ESPOSA DE DIOS. Los cuentos han alimentado, mejor que nadie, la imaginación y los sueños de los niños y los adultos. Aunque sabemos que se trata de fantasías, no por eso dejan de hacernos gozar, reír y de suscitar nobles sentimientos. ¿Quién no recuerda a Blancanieves o el cuento de "La Bella y la Bestia"? En honor a los cuentos, hoy les comparto esta historia.
Había una vez una señora que paseando por las calles del centro de la ciudad se encontró con un niño de unos ocho años parado frente a la vitrina de una zapatería. Tenía la mirada perdida y la frente y la naricilla apoyadas sobre el cristal. A la señora le pareció simpático el niño y por eso le preguntó: -¿Qué haces, pequeño?- al tiempo que lo acariciaba en sus cabellos. -Estoy pidiendo a Dios unos zapatos porque los míos están rotos y tengo los pies mojados. La señora lo tomó de la mano y entró con él a la tienda. Pidió permiso de usar el baño para lavarle los pies, se los secó, le puso unos calcetines que había encargado y por último unos zapatos nuevos. -Ahora te sentirás mucho mejor- le dijo sonriendo. Ambos salieron de nuevo a la calle y cuando estaban a punto de despedirse el niño le preguntó mirándola a los ojos: -¿Es usted la esposa de Dios?
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