Antes de subir al ferry que llevó a los ciclistas hasta Niza, Alberto Contador decía: "ahora vamos hacia tierra firme y todos igualados".
El doble campeón del Tour, descalificado por presunto dopaje en el 2010, mostraba ayer alegría, porque la violenta caída que sufrió en la primera etapa mostraba algo de secuelas, pero el fantasma de un recrudecimiento de las dolencias ya se despejaba previa la contrarreloj casi llana que marcará las primeras diferencias después de cuatro días de competencia.
El Tour pasó por Córcega, la patria chica de Napoleón Bonaparte, y se interna en tierra firme, con un tramo frente al reloj, pero por equipos, sobre 25 kilómetros, anota la agencia Efe.
Las montañas aledañas a Ajaccio y Calvi, en medio de túneles verdes y mar, marcaron amplias diferencias entre los embaladores, mas no entre los favoritos que van igualados al ejercicio cronométrico de hoy.
Quienes cruzaron el mar felices y contentos fueron el australiano Simon Gerrans (Orica greenEdge), ganador al embalaje de la tercera jornada y el líder, el bio ingeniero belga Jan Bakelants (Radioshack), quien contó: "apenas pude dormir de la emoción al estar vestido de amarillo", dijo.
Hoy, el Tour-100 años, cargados de historias tan famosas como las del pequeño Napoleón, escribirá un nuevo capítulo, en el que un colombiano, Nairo Quintana tiene que ver con el Movistar, uno de los favoritos, al igual que el Sky, Omega-Pharma, Garmin y BMC.
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