Pocas cosas tienen más efectos políticos que la economía. Y Portugal es hoy la muestra fehaciente de eso, tal como en su momento lo fueron Grecia e Irlanda, por mencionar tan sólo dos casos recientes de la profunda crisis que atraviesa la Unión Europea.
La abrupta dimisión del primer ministro de Portugal, José Sócrates (en la foto), producto de la no aprobación en el Parlamento de un plan de ajuste fiscal, ha puesto al país luso en una situación política compleja y a su economía en zona de riesgo.
Mientras el Presidente de Portugal, Aníbal Cavaco Silva, hace consultas con todos los partidos para ver si convoca a elecciones anticipadas, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional no descartan un plan de rescate financiero para evitar una moratoria de pagos de la deuda lusa.
La moneda única, el euro, ha sentido con fuerza la incertidumbre que genera la insolvencia de Portugal, y otros países como España, uno de sus principales acreedores, aprieta los dientes ante el temor de un contagio en la Unión Europea.
La decisión de Standard & Poor's y Fitch de rebajar la calificación de riesgo lusa agitó los mercados, aunque el euro detuvo la caída de los últimos días.
La UE decidió ayer, en sesión extraordinaria, ampliar el fondo de rescate de la zona a 440.000 millones de euros, pensando en la crisis de Portugal. ¿Aceptará el salvavidas?
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