Un rechazo enérgico del mundo entero causó la noticia de la violenta muerte de una mujer embarazada que fue ejecutada públicamente por un grupo de talibanes tras ser acusada de adulterio en el noroeste de Afganistán.
Obligada a abortar antes de recibir 200 latigazos y después ejecutada en público a tiros, en el distrito de Qadis, la aterradora historia de esta mujer se convirtió en el caso más sonado y cruel que denuncian las organizaciones de derechos humanos en Afganistán.
Las lapidaciones, los latigazos y la pena de muerte para castigar el adulterio en países como Irán, Arabia Saudí o Afganistán, son prácticas que el mundo debe rechazar y, en lo posible, erradicar. Infortunadamente es imposible atajar la violencia talibán y la forma tan absurda como administran justicia.
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