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HISTÓRICO
La luz es la que cierra los ojos
  • La luz es la que cierra los ojos | La luz es la que transmite la reflexión en Con los ojos cerrados, una exposición conceptual. Los elementos son pocos y dicen lo que se ve. FOTOS HERNÁN VANEGAS
    La luz es la que cierra los ojos | La luz es la que transmite la reflexión en Con los ojos cerrados, una exposición conceptual. Los elementos son pocos y dicen lo que se ve. FOTOS HERNÁN VANEGAS
Por MÓNICA QUINTERO RESTREPO | Publicado el 11 de noviembre de 2012

Desde el primer paso queda ciego. No ciego a oscuras, sino ciego iluminado. Las luces le apuntan directo a los ojos y no ve más. Después vuelve a ver, pero no es lo mismo: le queda esa sensación dolorosa, de colores, de volver a medias, de a poco.

"Es luz que te afecta los ojos y produce fotones. Si ves, después de un rato estamos viendo colores, que son los mismos que se repiten en algunos elementos arquitectónicos y es lo que yo quiero que la gente se lleve. Ese impacto directo de fotones en sus ojos", dice Juan Duque , el artista.

En contraste, está el nombre de la exposición: Con los ojos cerrados. Contraste porque la instalación es un juego constante con la luz y los objetos, que a veces hace abrir los ojos, concentrarse, volver a mirar, pero a veces, también, como cuando la luz te apunta, lo único que queda, como respuesta, es cerrar los ojos, durísimo, tratando de volver a ver.

"Normalmente pensamos que estar ciego es eso. Estar en la oscuridad y para mí la metáfora es que muchas veces pensamos ver, pero no vemos. Hay un exceso de luz a nuestro alrededor que no nos deja ver al otro".

El punto de partida es el Ensayo sobre la ceguera de José Saramago. A Juan, que es de Medellín, pero vive hace un tiempo afuera, le impactó esa descripción de la ceguera como un mar de leche.

"El eje es la reflexión que él hace sobre una parte de la obra de Saramago, donde dice que el personaje está ciego, pero no en tinieblas", precisa Óscar Roldán, el curador.

Esos primeros elementos, a la entrada de la sala, son autorreferenciales. Juan, aunque no esté con su cuerpo, está ahí, con la obra. Tienen, incluso, su tamaño. Después de allí llegan otros elementos que siguen con la luz, con la ceguera, con el volver a mirar.

Para ese caso, por ejemplo, está la fotografía. Una que Juan tomó el verano pasado sobre el reflejo de las hojas de un jardín, en una tarde perfecta. La imagen está repetida, en espejo, y tiene esa obligación intrínseca de tener que volver a mirar.

"Normalmente decimos que mirar dos veces para qué, si ya lo hemos visto, pero siempre hay una diferencia. Pasamos de largo muchas situaciones y no nos damos tiempo de observar detenidamente", cuenta el artista.

Esta exposición es, realmente, lo que se conoce como una instalación: una modificación de un espacio, en un sitio específico. "El sitio entrega condiciones y herramientas gramaticales para la construcción de la obra", expresa Óscar.

Juan es nómada. Le gusta viajar. Lo que hace es leer los espacios y luego poner a prueba las imágenes de esos lugares por donde ha pasado. Esta vez en esta muestra. "Pienso que como artista contemporáneo tienes que moverte en un mundo que se mueve. No sirve quedarte en tu taller".

No sirve, tampoco, no moverse en este espacio. No volver a mirar. No quedarse ciego entre tanta luz.