Después de señalar el camino de purificación que deberá seguir la Iglesia Católica, y luego de casi ocho años de Pontificado, el Papa Benedicto XVI presidió el último gran acto público de su vida, antes de renunciar y dedicarse del todo a un retiro de pensamiento y oración.
"Les pido recordarme delante de Dios", clamó el Sumo Pontífice ante la multitud de creyentes de todo el mundo que colmó ayer la plaza de San Pedro.
A partir de las 8 de esta noche, hora en Italia, (2 de la tarde en Colombia), Benedicto XVI abordará un helicóptero que lo llevará hasta Castell Gandolfo donde estará antes de recluirse en un monasterio.
En su oración reconoció las dificultades que marcaron su pontificado. "Hubo momentos de alegría y luz, pero también momentos difíciles (...), en que los mares estuvieron embravecidos y el viento sopló en contra, cuando pareció que el Señor dormía", dijo ayer el Vicario de Cristo.
La historia lo recordará como el pontífice que enfrentó grandes escándalos en el seno de la Iglesia y asumió el reto de evangelizar en un mundo plagado de sectas religiosas.
Conmocionado frente a los 150 mil fieles que lo acompañaban, Benedicto XVI dijo que no "abandono la cruz" pese a renunciar a su puesto, sino que permanecerá al servicio de la Iglesia a través de la oración.
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