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HISTÓRICO
Los cien años de soledad del Chocó
  • El problema del Chocó es grave y hay que resolver asuntos de fondo. Por ello es bienvenida la intervención del Gobierno central con el nombramiento de un Gerente Presidencial.
Si Gabriel García Márquez volviera hoy a Quibdó podría escribir lo que plasmó hace más de 50 años en su reportaje El Chocó que el país desconoce cuando fue allí a cubrir "una manifestación permanente" y que, según un recuento de su vida que hizo luego al periodista Germán Castro Caycedo, "demostraba que era un departamento abandonado, que las gentes estaban en una situación económica terrible y que había que hacer algo por ellos. Y a la semana estaban los chocoanos escribiendo cartas a El Espectador diciendo que yo era un miserable, que me habían tratado como a un príncipe y había venido a decir que ellos se estaban muriendo de hambre y que no era cierto porque ellos estaban muy bien".

Nada ha cambiado en Chocó desde entonces y, por el contrario, sus indicadores económicos y sociales andan en reversa hasta el punto que el 80,9 por ciento de su población está por debajo de la línea de pobreza. Su patética realidad tiene más matices que el mero blanco y negro de la corrupción regional y el abandono estatal que saltan a primera vista cuando se analiza. Sobre el mapa de su historia se levanta una compleja estructura en la que se entrecruzan la idiosincrasia de sus habitantes, la difícil geografía de la región, el desprestigio de su clase política, el despilfarro de los recursos del Estado y la presencia activa de grupos armados, que no han permitido la conformación de un clima propicio para la inversión privada.

La explotación minera está en la base de la colonización de estas tierras que hace un siglo, en 1906, se separaron del Cauca y se erigieron como Intendencia Nacional y se convirtieron en departamento el 3 de noviembre de 1947. Desde entonces, siempre ha estado en crisis, pues ni con el platino conoció el Chocó la gloria.

Absurdo resulta ahora, que ante la muerte de cuatro menores por desnutrición y otros males asociados, se dé un peloteo de responsabilidades entre el Gobierno central y los gobiernos regional y local para enfrentar la problemática que exige decisiones de profunda transformación estructural e integral, más que paños de agua tibia o shows mediáticos.

Por respeto a las autonomías regionales, no es el Presidente el bombero que precisamente tenga que acudir a apagar incendios en cada región del país cuando se presente un problema, pero como Jefe de Estado y Suprema Autoridad Administrativa sí tiene que procurar el bienestar de los colombianos, como se lo ordena la Constitución, y por eso la decisión de intervenir en este departamento con acciones puntuales, pero definitivas. Y celebramos, como buen comienzo, el nombramiento de Juan Guillermo Ángel como Gerente Presidencial para Chocó y quien será alfiler de enlace entre el Ejecutivo y las administraciones locales, como lo fue en San Andrés, con resultados positivos.

A la solución de los problemas del Chocó, que bien merece una cruzada nacional, están convocados los estamentos y entidades oficiales del gobierno nacional y sus institutos descentralizados, las administraciones regionales y locales, la Iglesia que ha ejercido un claro liderazgo en esta región del país y los propios chocoanos que deben ser críticos frente a sus gobernantes y a su propia actitud como ciudadanos. Y que sientan desde Antioquia el respaldo solidario, como bien lo ha sabido representar el Gobernador, como punta de lanza en esta emergencia.