HISTÓRICO
Los toreros rompen su silencio
  • Los toreros rompen su silencio | Archivo | El toreo afronta momentos difíciles en España. La prohibición de las corridas en Cataluña fue una muestra de ello. Se le suma el descenso en el número de espectáculos y la calidad de los toros de lidia. A la derecha, Morante de la Puebla.
    Los toreros rompen su silencio | Archivo | El toreo afronta momentos difíciles en España. La prohibición de las corridas en Cataluña fue una muestra de ello. Se le suma el descenso en el número de espectáculos y la calidad de los toros de lidia. A la derecha, Morante de la Puebla.
El País Semanal | Publicado el 21 de mayo de 2011

Les tiendes la mano, que estrechan vigorosamente; les ves marcharse con taciturna indiferencia tras pasar varias horas en su compañía y compruebas que es cierto: hay algo especial en ellos que les hace distintos de cualquiera. Una actitud, tal vez. Un carácter. Una pose. O, simplemente, la posibilidad real de que alguno haya muerto cuando usted lea estas líneas. Algo tan cruel y tan auténtico como la vida misma. Sus andares, semblantes y miradas dibujan una fina estampa que nos sitúa frente a la implacable fugacidad de la existencia. No se parecen a nada. Son toreros en pleno siglo XXI.

¿Artistas o torturadores? ¿Héroes o villanos? Nunca antes se ha cuestionado tanto su papel. Tantas veces objeto de controversia a lo largo de la historia, jamás una generación de matadores ha estado en el punto de mira como ahora. La respuesta de Julián López, El Juli, con 3.000 reses bravas estoqueadas en su haber, es la siguiente: "El torero reúne todas las condiciones para ser un ídolo; es un ejemplo de vida".

No se sienten perseguidos, 'pero sí atacados por la prohibición taurina en Cataluña; allí han recortado la libertad'. Son plenamente conscientes del recrudecimiento de las críticas a su oficio, acaso hoy más en tela de juicio que nunca. El filósofo Jesús Mosterín esgrime posibles causas: "España ha cambiado muchísimo. En el siglo XIX, cuando las corridas eran más crueles que ahora, este era un país muy atrasado. Las ciudades son hoy relativamente limpias, y su sociedad, más culta. Nuestra dimensión moral y política se ha transformado. Además, existen otras fuentes de diversión".

Algunas de las máximas figuras de los ruedos se reúnen durante una desapacible tarde de finales de marzo en un hotel para confeccionar su contraataque. Los componentes del llamado G-10 del toreo debaten sobre un orden del día coordinado por el escritor y periodista Rubén Amón, asesor de la estelar cuadrilla. Es la primera convocatoria a la que asisten en pleno todos los miembros de este G-10 desde la forja del grupo, al calor de la aprobación el 28 de julio del año pasado en Cataluña de la prohibición de las corridas de toros.

José María Manzanares, El Juli y Miguel Ángel Perera acceden, al menos, a conversar. La terna bien podría conformar uno de los carteles más codiciados en los cosos de postín. Entre las muchas críticas recibidas desde que decidieron aunar fuerzas se han localizado bombardeos desde las filas abolicionistas, pero también desde su propio bando.



Terna de matadores
'Al principio era chocante vernos por primera vez en un ministerio', reconoce Miguel Ángel Perera. 'Y el mundo del toro, la prensa taurina', prosigue El Juli, 'pecó en esos primeros pasos de impaciencia. Parecía como si en el primer día se quisiera solucionar todo'. Algunos llegaron a utilizar la palabra lobby para referirse a ellos. 'Al contrario, nos exponemos a que nos den bofetadas por todos lados sin ánimo de beneficio personal', responde Perera. 'Estamos juntos para defender la Fiesta y nada más. Que pregunten a los empresarios si hemos presionado para que contraten a unos o a otros'.

El fuego cruzado también llegó desde los propios compañeros. El francés Sebastián Castella estuvo implicado en el G-10, pero decidió retirarse y arremetió contra el grupo en una entrevista en el portal burladero.com, donde dijo que desde esa plataforma 'algunos van por intereses personales'. José María Manzanares no tardó en responder a Castella desde su perfil en Twitter. Hoy asegura no haber querido polemizar con el diestro francés. 'Es ridículo que en un grupo de 10 se persiga el interés de uno o de dos', argumenta Manzanares.

'Hemos llegado hasta esta situación por la propia dejadez del sector taurino', admite El Juli. 'Hemos fallado en la comunicación. El sacrificio, el esfuerzo, cómo se juega la vida en vivo y en directo... Falta mandar ese mensaje. Hemos querido encerrarnos en nuestros propios mundos y a lo mejor hacía falta lo contrario'.

Si los toreros están en entredicho, más aún lo está el toro. ¿Existe una connivencia entre ganaderos, empresarios, figuras y apoderados para que el animal que salga a la plaza convierta el espectáculo en una estafa? Los diestros responden al unísono: 'Hay demasiada demagogia'. Perera, acostumbrado al arrimón de puerta grande, añade: '¿Qué ganadero va a querer criar animales para que no se los compren o qué torero quiere pegar un petardo cuando se anuncia?'. Sin embargo, en las crónicas de hoy rebosan clamores por la falta de casta, trapío y pureza de los astados.

Por ahora, lo cierto es que el considerado segundo espectáculo de masas en España atraviesa un año decisivo. Se acentúa el descenso de festejos mayores: de los alrededor de 2.000 que tanto el Ministerio del Interior como la Unión de Criadores de Toros de Lidia (UCTL) contabilizaban cada año en España desde mediados de la pasada década hemos pasado a los 1.487 que la UCTL registró en 2010, siguiendo una curva descendente que arrancó de 2007 a 2008 con los rigores de la Gran Recesión. Unas 200.000 personas vinculadas profesionalmente a la tauromaquia analizan con pánico estas cifras, entre ellos los trabajadores de las más de mil ganaderías de reses bravas que ocupan más de 500.000 hectáreas del territorio nacional. El presidente de la UCTL y de la Mesa del Toro, Carlos Núñez, reconoce: 'Para ser ganadero en el siglo XXI será necesaria una buena gestión. Al público hay que darle un toro muy bueno en todos los sentidos. Si no, se irá de la plaza'.

Para unos, todo pasa por renovarse o morir. 'Estoy abierto a modificaciones', asegura el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza, con dos décadas de alternativa a sus espaldas, 1.800 corridas toreadas y un dilatado liderazgo en el escalafón. 'En Cataluña, ningún bando dio soluciones. Era todo o nada, pero nadie dijo: '¿Por qué no planteamos un espectáculo diferente?'. Por ejemplo, eliminando la suerte de varas o impidiendo que el toro muera. Son ideas que me da miedo exponer. Pero aunque las grandes ligas, Sevilla o Madrid, deben mantenerse, cuando llevas la Fiesta a escenarios menores a lo mejor habría que diseñar otro tipo de festejo'.

Enrique Ponce mantiene reservas al respecto. 'La tauromaquia se puede modernizar de cara al espectador, ofreciendo comodidad, facilidades o difusión, pero la esencia de la corrida es lo que te transporta a otro tiempo. Y eso es mágico'. El sevillano Morante de la Puebla prefiere hablar directamente de rito. 'Por tanto, es algo difícil de modernizar. Cuanto más atrás se vaya en el tiempo, más auténtico y más puro es. No se puede mover mucho hacia una modernidad que no sé por dónde viene'. Morante, considerado como el último exponente de la magia en los ruedos, sí preferiría, en cambio, no estar tan sometido a regulaciones. 'No es posible que haya en España varios reglamentos, que según la comunidad autónoma donde torees la cosa varíe. Mi espectáculo soñado sería un poquito más suelto, no tan encorsetado'.

El Juli va más allá y cuestiona abiertamente el protagonismo del presidente en la plaza: 'La estructura actual deja mucho que desear. El presidente es el juez, y los demás parece que van a engañarle. Él debería ayudar a que todo sea extraordinario'. Y anhela, como el resto de sus compañeros, el modelo de Francia, donde su Ministerio de Cultura aprobó recientemente inscribir las corridas de toros como patrimonio inmaterial del país conforme a los criterios de la Unesco. 'Allí existe una comisión que vigila que la corrida tenga las hechuras necesarias y, si algo falla, exista mayor responsabilidad directa'.

Con mayores o menores ansias de 'modernización', de cara al exterior todos creen en la necesidad de asumir el compromiso de difundir su oficio. 'Parte de los que no están de acuerdo con el toreo argumentan desde el desconocimiento, aunque también hay gente consciente de lo que quiere y de lo que dice', apunta Cayetano Rivera Ordóñez, descendiente de las dinastías más ilustres de los ruedos. Manzanares, El Juli y Perera son partidarios de invitar a los antitaurinos 'a enseñarles el mundo real del toro bravo', mientras que el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza considera fundamental 'abrir una mesa de negociación con ese sector de la sociedad que sí es amante de los animales'.

Leonardo Anselmi, promotor de la iniciativa legislativa popular auspiciada desde la plataforma animalista PROU! que propició el debate de la prohibición taurina en el Parlamento catalán, pronuncia una respuesta para todos ellos desde Ecuador. Allí participa en la elaboración de propuestas contra las corridas de toros que se fraguan en varios países de América Latina: 'Hoy regalan orejas y rabos en muchas plazas; sigue habiendo afeitado y toreros que no se animan con cualquier toro; los animales vienen lentos, gordos, y en pocos años han cambiado su fisonomía. ¿Qué quieren mostrarnos? ¿La decadencia de una industria que se arrastra por los pasillos de la Administración pidiendo limosna? ¿Así quieren acabar con esto, dando pena? Si fuera aficionado, sentiría vergüenza'.

Tienen páginas web personales, alimentan perfiles en Twitter o Facebook y reclaman mayor presencia pública. 'Y salir más en los telediarios; nos sentimos marginados respecto de otras artes', insisten Manzanares, Perera y El Juli. Parecen dispuestos a afrontar los avatares del presente. ¿Pero tiene futuro la tauromaquia en España? Para el filósofo Jesús Mosterín, 'no tiene ningún futuro a largo plazo: este tipo de actividad pertenece a los asuntos que están en decadencia. Calculo que en aproximadamente 20 años se habrá prohibido en toda España'.

Antes de despedirse y estrechar con fuerza sus manos, una de ellas reconstruida en quirófano tras múltiples complicaciones de un percance con la espada, José María Manzanares para en seco, toma colocación y distancia y despliega un último lance con aroma de plegaria: 'La tauromaquia tiene hoy más futuro que nunca'.