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HISTÓRICO
Madrid es más que un acuarelista
  • Madrid es más que un acuarelista | "El arte debe tener contenido, lectura, expresión. Debe mostrar cosas que susciten algo, que den ideas", dice este artista. FOTO HERNÁN VANEGAS
    Madrid es más que un acuarelista | "El arte debe tener contenido, lectura, expresión. Debe mostrar cosas que susciten algo, que den ideas", dice este artista. FOTO HERNÁN VANEGAS
Por LILLIANA VÉLEZ DE RESTREPO | Publicado el 15 de mayo de 2012

"Resulta simpático que un tipo con solo quinto de primaria haya sido profesor de arquitectura en Bolivariana dos veces", recuerda el maestro antioqueño Francisco Madrid Quiroz, más conocido como acuarelista, "una técnica en la que me encasillaron", aunque lleva 72 años pintando en todas las técnicas.

De familia de Yarumal, nació en Envigado porque a Imelda Quiroz, su mamá, "la cogió la noche en este municipio cuando vino a visitar a unas tías", recuerda.

Agrega que, precisamente, de ella es de quien le viene la vena artística. "Era una modista bastante pobre, pero tenía una gran habilidad con el dibujo. Trabajó con los curas de San Antonio haciendo ornamentos, bordando y pintando figuras".

Para ese entonces ya vivían en el barrio Boston, en Medellín, y Francisco entró a estudiar en la Escuela de San Juan Bautista de la Salle, de los Hermanos Cristianos.

Estaba ubicada donde hoy está la Placita de Flórez. Solo cursó hasta quinto de primaria.

Fue en ese curso cuando su habilidad en el dibujo llamó la atención de uno de los profesores, quien lo "alcahuetiaba" para que diera rienda suelta a su creatividad. "Un día el municipio de Medellín hizo una convocatoria para un concurso de dibujo entre todas las escuelas públicas de la ciudad. Participé y me gané el primer premio. Tenía entonces 13 años de edad", recuerda con emoción.

Ese sería el primero de muchos premios y condecoraciones que ha recibido a lo largo de su vida. Igual le sucedió a su paso por el Instituto de Bellas Artes, donde pudo estudiar durante tres años gracias al apoyo de doña Paulinita Posada de Escobar , destacada pintora que le entregó su primer premio y lo apadrinó, motivada por sus condiciones artísticas.

"Yo trabajaba en ese momento como mensajero y le pidieron permiso a mi jefe para que me dejara estudiar de 4:00 a 6:00 de la tarde.

El profesor de dibujo era Gustavo López y el de pintura, Eladio Vélez. El primer año me gané una mención honorífica, al segundo año gané el primer premio en pintura y al tercero lo mismo", afirma el maestro.

Destaca con orgullo que le tocó una época de oro en el Instituto, al lado de Hernando Escobar Toro, Ramón Vásquez, Jaime Moreno, Eduardo Villa y muchos otros".

Siempre docente
Su salida obedeció a que no compartió el estilo de enseñanzas del maestro Pedro Nel Gómez , quien llegó a reemplazar a Eladio Vélez. Sin embargo, éste le vio tantas facultades que lo invitó a dictar clases en segundo y tercero de bachillerato.

"Yo tenía 18 años de edad y fui el profesor más joven que ha tenido la Bolivariana. Desde entonces me dediqué a la docencia, en colegios y universidades, así como a las clases privadas en mi propio taller".

Empezó con el dibujo y luego estudió el óleo, técnica que jamás ha abandonado. A la acuarela llegó por sugerencia de Hernando Escobary Emiro Botero, quienes lo animaron por su destreza. Les hizo caso y cuando expuso las primeras cuatro, gustaron tanto que la gente empezó a pedirle cada vez más. Hoy perdió la cuenta y no sabe cuántas obras ha hecho. Ha participado en más de 70 exposiciones individuales y muchas más colectivas.

Lamenta que hoy haya muy pocos acuarelistas y reconoce que es una técnica difícil. "Uno tiene que tener la capacidad de darles transparencia y volumen a las figuras con poco color; especialmente con la figura humana resulta bastante difícil".

Su destreza es innegable, de hecho no pinta a partir de fotografías sino con modelos en vivo, como lo ha demostrado en varias ocasiones frente a más de 150 personas.

Recuerda todos los pasajes de su vida con plenos detalles: cuando trabajó en publicidad, cuando hizo dibujos originales para las estampaciones de telas de Coltejer, Fabricato y Tejicóndor; los retratos que ha pintado para entidades públicas y privadas, al igual que los grandes murales donde su obra se ha inmortalizado.

Y esta es precisamente una de sus metas: hacer un gran mural, quizás con la esperanza de recuperarle al arte su sitial de honor.