Ese es el título de la serie, difundida por el Canal Caracol, que estos días culmina con elevados niveles de sintonía; se trata, de un "refrito" nacional del novelón Nip/Tuck de la televisión estadounidense, que cuenta con tres personajes centrales y 20 secundarios, caracterizados por actores de primera línea encabezados por dos exvirreinas de Miss Universo. Lo más atractivo de la emisión –aparte de los actores escogidos– es la forma cómo al lado de la trama principal –¡con médico criminal en serie, enmascarado, a bordo…– surgen historias secundarias que vuelven cada entrega, si se quiere, una producción distinta y hasta sorprendente.
Más allá de ello, esta odiosa serie –como los tremebundos realitis o las ofensivas producciones sobre grandes criminales, etc., hoy de moda)– le muestra al televidente desprevenido la bajeza y la ruindad moral de los personajes que intervienen (sexópatas, violadores, homicidas, mentirosos patológicos, hipócritas, drogodependientes, modelos dedicadas a la prostitución, etc.).
Ellos, con sus conductas desviadas, invitan a los estudiantes (¡para colmo se utiliza como patrón un colegio privado, de clase alta, de la ciudad capital…), a las amas de casa, a los profesionales (sobre todo a los del mundo de la medicina, una carrera bella que nadie debiera vilipendiar) y adultos, a adoptar patrones morales y éticos equivocados y a construir una sociedad en la cual lo más importante es la falsía, la impostura, la trampa, la apariencia, la deshonestidad, la bajeza, la corrupción, la vanidad y la falta de espiritualidad.
Y conste que no se trata, al estilo de los inquisidores criollos (¡que sepamos todavía el señor Procurador General de la Nación no se ha pronunciado…), de censurar a quienes así se conducen, porque en una sociedad abierta, pluralista y democrática como esta, cada cual puede hacer lo que quiera. Es, pues, viable tener las apetencias sexuales que a uno le convengan como sucede en el crudo caso del joven de diecisiete años que tiene relaciones con una corruptora mujer adulta (la Susana, caracterizada por la despampanante reina: ¡por la plata baila el perro…); también, se puede concebir la existencia en torno a las inacabables cirugías plásticas (¡Kimberly es un delicioso personaje, que parece extraído de las vacuas pasarelas de modas antioqueñas…).
En un país como el nuestro, es factible dedicarse a la banalidad de los reinados de belleza, al modelaje, o a la holgazanería; a cultivar la vida monástica o la dulzura propia de la maternidad en el seno hogareño. O, en medio de la aplastante pobreza existente y si la vida nos sonríe, uno puede ser médico cirujano estético exitoso o impulsar una galería de arte que no venda un solo cuadro (como Alicia, personaje al cual un cáncer de mama sana espiritualmente, cuando entiende que las enfermedades también forman parte de la vida).
Sin embargo, no hay derecho a que este espectáculo se vuelva el diario acto central de los hogares colombianos, en un horario de los llamados triple A (9-10 de la noche), en un país en el cual ninguno –ni siquiera la propia Autoridad Nacional de Televisión– dice o controla nada… Ese, por supuesto, no es el modelo de Estado que apadrina la Constitución porque una colectividad, por liberal y abierta que sea, se tiene que construir en torno a valores como la verdad, la confianza, el respeto, la lealtad, la solidaridad, la honestidad y la transparencia.
Desde luego, quienes profesamos otros ideales exigimos que esos dañinos y viciosos seriados importados se destinen a otros horarios y que, como es natural, los medios de comunicación –al asumir su cuota de inmensa responsabilidad social– contribuyan a difundir otro tipo de mensajes menos dañinos para la juventud y la convivencia.
En fin, debe decírsele adiós a esa producción que parece concebida para dibujar la vida pública de muchos personajes nacionales quienes, encabezados por el propio señor Presidente Santos, bien podrían seguir con el guión y hacerlo aún más interesante: ¡Mentiras perfectas…
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