En la isla de los gatos (Tashiro) en Japón no hubo debacle total por el terremoto ni el tsunami aunque las olas alcanzaron seis metros. Es llamada así porque hay más gatos que personas. Los japoneses que la habitan, como un centenar, son mayores de edad, muchos de ellos ancianos. Casi nadie quiere vivir en ese lugar, visitado por los turistas amantes de los felinos.
El cuento viene a que la población humana envejece y con ella los índices de demencia suben. En 2010 unos 35,6 millones de personas en el planeta padecían algún tipo de demencia, desde la vascular al alzhéimer. En 2030 serán 67,5 millones y en 2050 serán al menos 115,4 millones de personas que andarán desconectadas de la realidad, para bien o para mal (con las locuras de los que se dicen cuerdos a veces es suficiente como para no querer saber más).
Vi hace poco cerca de una estación del metro una pareja muy anciana que vendía dulces. Duro castigo para los años de invierno. ¿Qué les pasará cuando uno de los dos enferme o no pueda salir a vender para ganar, cuando más, solo unos pocos pesos?
El ser humano extiende su ciclo vital, pero no gana calidad de vida. Se vive más, pero más enfermos. La demencia es solo una muestra. Casi todos tenemos algún familiar o amigo, o el conocido de un conocido, en esa situación.
No es fácil llevarla. En el mejor de los casos, pero no menos triste, seres que se pierden en su pensamiento, inmóviles, como no queriendo perder detalle de un pasado que poco a poco les pasó factura. ¿Qué llenará su pensamiento?
En el reporte del alzhéimer 2010 se cuenta la historia de Mandakini, una anciana que ya no podía vivir sola, por lo que su hijo Satish la llevó a casa. Shrusti, una niña de ocho años, halló la manera de relacionarse con su abuela: encontró que disfrutaba con los cantos religiosos, que fueron importantes durante su vida. Ahora cantan juntas.
Oliver Sacks, profesor de Neurología y Psiquiatría en Columbia University, ha dedicado la mayor parte de su trabajo a los ancianos con problemas neurológicos y afirmaba en una entrevista que sus vidas pudieron ser transformadas por la música y a veces por la poesía y el arte. Quienes tienen párkinson pueden ser incapaces de moverse o hablar a menos que haya música; quienes tienen alzhéimer están confundidos y perdidos, agitados o desorientados, pueden ser muchas veces enfocados a través de la música familiar, que les puede brindar un vínculo al pasado hacia sus propios recuerdos, a los que no pueden acceder de otra manera.
El arte y la música bien adentro de la mente humana: los primeros vestigios de instrumentos musicales datan de hace al menos 40.000 años.
Maneras de hacer más llevaderos los días de seres queridos que no pueden ser lo que fueron y se encaminan al final sin que podamos abrir el libro de sus pensamientos.
Maullido : escrita esta nota, recibí una noticia. En Arthritis Care & Research se publicó el caso de una mujer de 76 años a la que no se le podía bajar la presión arterial para una cirugía. Lo logró de una manera increíble: comenzó a cantar. Música celestial.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8