Acaba de darnos la Personería de Medellín la buena nueva de que en Medellín, finalmente, y en un comparativo con 2009, la tasa de homicidios de 2010 rebajó el 3,6 por ciento, lo que equivale a 71 asesinatos menos. 71 vidas que no fueron acabadas por delincuentes y criminales. Entre el primero de enero y el pasado 30 de noviembre hubo 1.882 homicidios.
No ha sido 2010 un año muy pacífico en Medellín. La detonación de conflictos permanentes entre las bandas delincuenciales llevó dolor a decenas de calles y vecindarios: balaceras con armas de largo alcance, presiones sobre civiles inermes, daños en bienes públicos como metrocable, enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.
Sin embargo, la Alcaldía y la Policía Metropolitana no bajaron los brazos. No desistieron en la contención de los grupos armados ilegales, en su desmantelamiento y en ofrecer oportunidades a quienes quisieran desistir del delito y de las vías de hecho.
Poco a poco, las autoridades lograron reencauzar el control del orden público y el manejo de la seguridad en los barrios de las laderas de la periferia urbana. Hubo, además, una profunda reflexión sobre el origen de tales desórdenes y los mecanismos adecuados para controlarlos. Incluso, en el nivel mismo de las tareas de organismos de derechos humanos y dependencias oficiales.
Se trata de un alivio leve, pero al fin y al cabo positivo para la recuperación de la ciudad, que afrontó problemas muy graves, además, de desplazamiento intraurbano. No nos conformamos y esperamos que la Alcaldía y la Policía, muy integradas en el manejo del gobierno y de lo operativo, entreguen un balance mucho mejor al 31 de diciembre. Es lo que todos queremos.
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