¡Ah!, esas excursiones de antes para ver a Nacional y Medellín en otras ciudades sí que eran elegantes, verdaderos paseos familiares que incluían hasta parada en La Pintada para comer sancocho de Bagre y visita al Señor de los Milagros de Buga.
Y cómo las recuerda Rodrigo Arboleda, el hombre que por veintidós años seguidos llevó aficionados antioqueños por toda Colombia y que últimamente, por la inseguridad en las carreteras y las peleas entre hinchas, las debió suspender para no correr riesgos.
Dice Rodrigo que en sus viajes nunca hubo problemas, "me tocaron más derrumbes que peleas entre las barras".
Y recuerda una ocasión en la que llevaba más de veinte buses para Cali a un partido Nacional-América cuando, a la altura de Chirapotó, los cogió un deslizamiento de tierra que los dejó atascados.
"Por el desespero de la gente yo mismo conseguí una retroexcavadora, movimos la tierra y llegamos al segundo tiempo del partido, nosotros que entramos y el América que hace gol".
Fue una tarde triste, como seguro les tocaron muchas a él y a los hinchas que llevó a las plazas del país, incluidas las ciudades de la Costa, donde los paseos incluían transporte en bus, boleta, hospedaje en hoteles y chapuzón en el mar.
En los ojos de Rodrigo se nota la nostalgia por las caravanas, que más que ganancias económicas le dejaban la satisfacción de llevar seguidores felices a ver a sus equipos, que así éstos perdieran, quedaba la dicha de haberlos acompañado y de conocer la bella geografía de Colombia.
"Muchas personas que no conocían el mar lo conocieron", comenta.
La primera excursión la hizo en 1988 y la última el 8 de marzo de este año. Fueron más de cien buses los que salieron de Medellín para Bogotá, donde el Poderoso DIM enfrentó nada menos que al Corinthians del gordo Rolando por la Copa Libertadores. Casi la mitad de esos buses iban coordinados por él y aunque el Poderoso apenas empató 1-1, el viaje fue masivo y no hubo dificultades.
Luego llegaron las malas campañas de los equipos paisas y los conflictos en las carreteras con los hinchas, muchas veces enfrentamientos entre barras de otros clubes, y se hizo difícil arriesgar organizando más paseos.
Además, los viejos dejaron de ir con sus esposas y sus hijos y las excursiones se volvieron más cosa de barras, la mayoría muchachos, y todo se volvió inmanejable.
Rodrigo reitera que en sus viajes siempre hubo respeto, pero admite que no es fácil hacer esos periplos. Ahora que Nacional está en finales, ¡qué más fuera su sueño que llevar hinchas a otras capitales!
"Ojalá se pudiera, eso es una cosa muy linda ir a ver jugar el equipo de uno a otra plaza", comenta este hombre, el mismo que tiene su reino en la Heladería Linares, al frente de La Alpujarra, un sitio donde se venden boletas y se habla de fútbol mientras los clientes se toman un tinto o una cerveza.
El hincha amigo de todos
Rodrigo es hincha fiel de Nacional. Son varios los homenajes que este club le ha hecho, el último en la celebración de los sesenta años del equipo, pero esa afición al verde no le genera enemigos entre la hinchada roja.
Ésta, al contrario, lo respeta y de hecho en la Heladería, que está en Carabobo, a todo el frente de la vieja estación del Ferrocarril, está decorada con decenas de afiches de ambos equipos: el Medellín campeón del 2002, del 2004 y del 2009.
También el verde que alzó los títulos en el 73, el 76, el 81 y el de la Copa Libertadores en el 89, entre muchos otros, ¡no faltaba más!
Para Rodrigo es un orgullo haberse codeado con grandes figuras del fútbol nacional y extranjero. Ahí, colgadas en los muros, tiene fotos con Aristizábal, con Leonel Álvarez, con el Chicho Serna, Totono, Higuita, Pánzer Carvajal y con cuanta figura ha desfilado por las tierras paisas.
También con Maturana, Samuel Moreno (el alcalde de Bogotá), Luis Alfredo Ramos, el ex presidente Uribe y el presidente Santos (estos dos en fotomontaje). Muchos de ellos han pasado por su heladería, donde se han tomado una cerveza o un aguardiente y han hablado de lo que más le gusta hablar a la mayoría de la gente: de fútbol.
"La heladería está desde 1982, todavía llegaba el ferrocarril a la estación cuando la montamos y acá va a estar mucho tiempo", dice este hombre nacido en el Oriente de Antioquia pero muy enamorado de Medellín, al que le han dado mil ofertas por su local, pero él y su socio, Henry Álvarez, se resisten a venderlo, "antes lo vamos a modernizar para que la gente siga viniendo con más ganas a ver los partidos y a tomarse una cervecita", apunta Rodrigo.
Allí donde se suelen ver decenas o centenares de hinchas rojos y verdes haciendo fila para comprar una boleta, está siempre Rodrigo Arboleda, un tipo buena gente, buen conversador, solidario y enamorado de su Nacional, al que ha visto coronarse campeón nueve veces, menos, claro está, en el 54, cuando ganó la primera estrella porque precisamente en ese año nació. Y no estuvo en Tokio, cuando perdió la Intercontinental contra el Milán, "porque no tuve plata para viajar".
"Este es mi mundo, es mi vida, el fútbol es mi pasión", dice parado como un rey frente a la barra de su heladería, uno de esos pocos espacios viejos al que aún llegan cuchos a hablar de fútbol y a sentir que ese antiguo hincha, que adoraba su equipo y que gozaba su pasión en familia, todavía existe, que la intolerancia no se lo ha arrebatado del todo a los estadios.
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