A José Arley González nadie lo ayudó en sus últimos años de vida, nadie lo socorrió en las horas previas a la muerte y nadie quiso prestar una sala para su velorio.
Ni siquiera la Junta de Acción Comunal de La Iguaná se apiadó de María Rosalba Vallejo, cuando la vio con el cadáver de su ex esposo, pidiendo un espacio para la velación.
El hombre de 51 años, oriundo de Quimbaya, Quindío, murió en la mañana de este lunes 13 de septiembre, al parecer por un ataque de cirrosis avanzada, según Camilo Zapata, director del Simpad.
Falleció en Los Colores, ante la mirada de vecinos y trabajadores de una bomba de gasolina, que vieron su desespero en la agonía y no hicieron nada para tratar de salvarlo.
Desde la noche del lunes, cuando las autoridades les entregaron el cuerpo inerte, María Rosalba y su hijo de 11 años deambularon por esta zona del occidente de Medellín en busca de un sitio para la velación, pues el rancho donde vivían no ofrecía las condiciones para ello.
Un vecino que reportó el drama de esta familia cuenta que la JAC no prestó el salón comunal con el argumento de que era un restaurante para niños. Sin embargo, el tipeador dice que este espacio lleva varios días desocupado.
Al encontrar la negativa de la JAC, la familia les pidió ayuda a los vecinos, pero también fueron indiferentes.
Solo los acogió una esquina, a dos cuadras del puente de la 65 que atraviesa la quebrada La Iguaná.
Allí, bajo una carpa de esas que arman en fiestas, reposa el cuerpo sin vida José Arley, con la esperanza de que al menos el entierro, programado para las 3:00 de la tarde de este martes 14 de septiembre, en la iglesia San Atanasio, salga sin contratiempos.
Luego será trasladado al cementerio Universal, tal vez el único sitio donde no le harán desplantes.