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Todos pierden

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27 de julio de 2011
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Con la decisión tomada por el Partido Verde (o lo que queda de éste), de hacer parte de la mesa de diálogo de los partidos que discuten la agenda legislativa del gobierno de Unidad Nacional y habiendo dejado abierta la posibilidad de integrar más adelante el gabinete ministerial, puede decirse, utilizando la metáfora de la pirinola de Antanas Mockus, que después de hacer tantos lanzamientos erráticos, lo más probable era que ésta finalmente cayera, como sucedió, en: todos pierden.

Sí, con esa desafortunada jugada perdió el Partido Verde, perdieron los tres millones de votantes que conformaron el fenómeno electoral llamado "ola verde" y perdió la democracia colombiana.

El Partido Verde perdió definitivamente lo poco que le quedaba de aquel glorioso cuarto de hora que vivieron en las elecciones pasadas cuando consiguió lo que ningún otro movimiento había logrado antes, la posibilidad de convertirse en seria opción de cambio, de consolidarse como alternativa de poder.

Aunque transcurrido un año del actual gobierno y por andar distraído en rencillas de egos y de alianzas electorales, el Partido Verde no había ejercido el valioso derecho (ganado en las urnas), de hacer oposición, ahora lo perdió del todo.

La promesa de que haría una oposición deliberativa y constructiva ya no será posible cumplirla, como tampoco la de que llevaría a cabo una fiscalización democrática en nombre de aquellos ciudadanos que no se sintieran representados en el gobierno, ni la de que ofrecería alternativas para cambiar el curso de aquellas decisiones gubernamentales que fueran inconvenientes.

El Partido Verde perdió, porque acabó con la poca credibilidad que le quedaba y ratificó, como lo dije en otra ocasión, que no fue más que una reunión oportunista de figuras públicas provenientes de diferentes latitudes políticas, con fines meramente electoreros.

Un grupo que no consiguió tener coherencia en su fundamento ideológico ni encontró herramientas que le permitieran tramitar en el interior de su partido las discrepancias causadas, en buena parte, por la diferencia de poderes de sus directivos.

Con la entrada del Partido Verde a la coalición de la Unidad Nacional perdieron también los de la "ola verde", esos tres millones de colombianos, en su mayoría jóvenes y ciudadanos abstencionistas, que ilusionados con un cambio en el quehacer político depositaron su voto de confianza en un partido que los engañó, puesto que no fue, ni ambientalista, ni visionario, ni alternativa de cambio, ni oposición.

Un partido que ni siquiera se preocupó por liderar en el Congreso Nacional la reciente discusión sobre la lucha contra la corrupción y el clientelismo político, a pesar de haber sido este uno de los pilares básicos del ideario Verde.

Por último, perdió la democracia colombiana, porque a pesar de que el Partido Verde se encuentra más verde y más partido de lo que aparenta, y de que es bien poco lo que puede aportar al sistema político colombiano para la resolución de los grandes problemas que lo aquejan, el que todos los partidos políticos, ganadores y perdedores (Polo Democrático Alternativo dadas sus actuales circunstancias no se asume ni como oposición ni como alternativa), acaben sentados en la misma mesa compartiendo las raciones del poder, debilita seriamente cualquier democracia.

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