Tras las dramáticas caídas en las cotizaciones de las principales bolsas internacionales y, en especial, en el euro, situación motivada por el temor de que la crisis de la deuda de Grecia se extendiera a otros países financieramente débiles como España y Portugal, y que incluso alcanzara a Irlanda e Italia, durante el fin de semana pasado, la Unión Europea (UE) asignó la importante suma de un billón de dólares para contener la creciente crisis de la deuda soberana de la región.
Esta esperada y obligada medida, más que proteger el irresponsable manejo económico de Grecia, busca impedir que se destruya el euro, que se lesione de muerte la UE y que se frene la recuperación económica global. Gracias a dicha decisión, la moneda única europea ha venido recuperando su cotización en lo corrido de la presente semana. Para muchos analistas internacionales la enorme suma asignada era el tipo de respuesta que los mercados estaban esperando, al menos en el corto plazo. Lo que hasta ahora no está claro es si la misma será suficiente para calmar las preocupaciones y los temores de largo plazo.
De acuerdo con lo anunciado, los gobiernos que usan el euro se sumarán a la UE y al Fondo Monetario Internacional para preparar un paquete de 750.000 millones de euros en préstamos disponibles para respaldar a gobiernos en problemas financieros.
Así mismo, la banca central europea va a comprar deuda gubernamental y privada, al tiempo que la Reserva Federal estadounidense, que se vio obligada a apoyar a Europa por el riesgo financiero mundial que la situación representaba, reactivó un programa de intercambio de divisas.
La tormenta financiera de las últimas semanas ha causado daños irreparables en algunos casos. Por ejemplo, el gobierno y los ciudadanos griegos han tenido que soportar un alto costo económico y social producto del programa de ajuste fiscal. Mientras tanto, el paquete de medidas adoptado ha impactado favorablemente a algunos actores, como los grandes bancos europeos que se han visto fuertemente favorecidos, pues las medidas aprobadas les quitan de encima la pesada carga que les representaba, en su cartera, la acumulación de bonos soberanos de países en crisis.
Al recobrar la confianza por las decisiones adoptadas, los mercados financieros mundiales se han reactivado y los inversionistas institucionales se animan a participar activamente en los mismos. Sin embargo, algunos gobiernos, como el de Angela Merkel en Alemania, han tenido que pagar un alto costo político al sufrir derrotas electorales que le representan, en su caso, perder la mayoría en la cámara alta del Parlamento alemán.
Finalmente, el Fondo Monetario Internacional salió fortalecido de esta crisis, pues no sólo entró a apoyar con recursos la solución al problema sino que deberá cumplir un importante papel en la aplicación de las medidas y en el monitoreo del desempeño de los países.
La situación financiera que ha atravesado Europa en estas semanas ha puesto en evidencia que es de vital importancia repensar el sistema de gobierno económico de la eurozona; establecer mecanismos más efectivos de coordinación de las políticas fiscales y monetarias de los países y profundizar el proceso político de la UE. Mantener la actual situación de inflexibilidad del euro, sin avanzar en ese tipo de decisiones, no hará otra cosa que poner en mayor riesgo la estabilidad económica y financiera de los principales países de la Unión.
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