Yamile Palacio quedó obnubilada ante lo que presenciaban sus ojos. Lo que hace un año y medio ella había visto como unos bloques de cemento grande, en los que fueran los viejos coliseos, hoy estaba convertido en un espacio para el disfrute, la familia y para "tardiar".
Ella, quien hace 19 días está en la ciudad, proveniente de Miami, en donde reside desde hace más de 20 años, sintió gran emoción y ante todo sorpresa por las excelentes construcciones que se hicieron en la unidad deportiva Atanasio Girardot.
Junto a su nieta Jennifer, de tres años, se vino a visitar semejantes obras. La infraestructura la dejó feliz, sin embargo, le preocupa que la gente no tome una conciencia ciudadana y no adopte una cultura con estos espacios recreativos.
Una de las inquietudes que teje Yamile, mientras está sentada en el borde de la fuente en la Plaza de Banderas, es sobre la posibilidad que se establezca, entre los antioqueños y visitantes, una cultura similar a la que se dio con la llegada del metro. "Ojalá que la gente de Medellín y el turista que viene tenga mucho sentido de pertenencia con estos espacios que son para el disfrute, la distracción y el deporte", dice la paisa que vive en Estados Unidos.
A pocos metros y con la misma sensación de felicidad está Gustavo Restrepo, que mientras señala una de las jardineras que integran la parte ornamental del Coliseo de Combate, habla sobre la mentalidad que el habitante de Medellín debe tomar desde ahora.
"La gente debe tener en cuenta que hay zonas duras para caminar. Las jardineras hay que cuidarlas, ya que son espacios que embellecen y nutren el paisaje", dice Gustavo quien es comerciante y se vino de pasadita a ver los coliseos.
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