El calentamiento global es una realidad y si no se actúa con celeridad, ya no habrá punto de retorno. Por eso, el Acuerdo de París, tratado suscrito por 175 países, busca limitar ese calentamiento –primero– por debajo de los 2 °C, en relación con los niveles preindustriales, y luego llegar a 1,5 °C.
En ese contexto, y aunque Colombia cuenta con una matriz energética considerada limpia, debido a que más del 65 % de la energía que se produce en el país proviene de las hidroeléctricas, la necesidad de descarbonizar el sistema energético, disminuir el consumo de combustibles fósiles, bajar las emisiones y encaminarse hacia un modelo más sostenible es imperiosa.
En esa línea, Ecopetrol e ISA han entendido la transición energética como el proceso de transformación de la matriz, en el cual se debe privilegiar el uso de tecnologías nuevas y eficientes, implementarse formas novedosas de generación de energía y fomentar hábitos sostenibles de consumo.
Todo lo anterior, tiene entre sus propósitos reducir las emisiones y mitigar el cambio climático, para lo que la transformación del sector energía resulta fundamental.
Así, este proceso está llamado a responder, de manera directa, a tres de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), como el séptimo: energía asequible y no contaminante, el noveno: infraestructura resiliente e innovación y el número 13: acción por el clima. Además, de manera indirecta, le apunta a otros ODS como la superación de la pobreza, la equidad de género y la inclusión, y el trabajo decente y seguro.
“Para lograr una transición energética efectiva debemos avanzar hacia la consolidación de un sistema bajo el concepto de las 5D: digitalizado, descarbonizado, descentralizado, disruptivo en la demanda y desregularizado. Entendemos la transición energética como un proceso que debe cumplir con el balance del trilema conformado por la seguridad energética, la accesibilidad al servicio y en armonía con el medio ambiente”, subrayan los portavoces de ISA.
Acelerar la transición
Si bien en la historia de la humanidad, se han adelantado procesos de transición energética y han sucedido de manera paulatina, hoy es evidente la necesidad de hacerlo de forma acelerada.
Para el director ejecutivo de Fedesarrollo, Luis Fernando Mejía, Colombia ha sufrido el embate de los efectos del cambio climático, con temporadas de lluvias o sequías con una intensidad superior a los promedios históricos.
Además, anota que cerca del 40 % de la población colombiana se encuentra en regiones de alto riesgo, por lo que cree fundamental adoptar medidas de adaptación y mitigación. Así mismo, sostiene que la transición energética también representa una oportunidad para diversificar la estructura productiva de nuestro país, aprovechando las potencialidades en la agricultura, el turismo y la bioeconomía, entre otros sectores estratégicos.
Ante la necesidad de acelerar la transición energética, manifiesta que cada vez son más evidentes los impactos negativos del cambio climático y que los modelos científicos más avanzados estiman que la humanidad está aproximándose a un punto de quiebre, en el que la demora en tomar medidas determinantes podría conducir a una catástrofe ambiental en el futuro.
“Ahora bien, la responsabilidad fundamental debe recaer en los países con mayores niveles de emisión de gases de efecto invernadero. Si bien Colombia puede avanzar en varios frentes, no hay que olvidar que el país aporta menos del 0,5 % de las emisiones a nivel global. En este sentido, Colombia debe impulsar las inversiones de descarbonización que tengan rentabilidad social y ambiental positiva, pero sin ir en contra del crecimiento económico porque nuestros recursos son limitados”, puntualiza Mejía.
Por su parte, el ambientalista Juan Pablo Ruiz afirma que –dada la composición de la matriz de generación de gases de efecto invernadero (GEI)– la prioridad en el país es atender la deforestación, la ganadería y el uso del suelo.
Además, precisa que en el informe presentado por Colombia en 2021 ante la ONU, en su matriz energética de 2018, 59 % de los GEI provenían de Afolu (siglas en inglés de agricultura, ganadería, forestación y otros usos del suelo), mientras que el transporte originaba 12 % de las emisiones, la generación de energía producía 8 % y la industria manufacturera y la construcción el 4 %.
Algo que no sucede en países como EE. UU., varios de Europa, Japón o Corea y los grandes productores de petróleo, donde el peso fundamental de sus matrices de generación de GEI sí contienen los factores asociados a la transición energética, es decir, al uso y consumo de energía fósil que producen gases de efecto invernadero, sea CO2 o metano (entre el 65 % y 85% por el consumo de hidrocarburos y la generación de energía), lo que hace que su prioridad esté en acelerar la transición para enfrentar la crisis climática.
En el caso de nuestro país, además de iniciar el proceso de transición energética y de avanzar en la inclusión de energías alternativas, es clave el compromiso con la disminución de las emisiones. Solo de esa manera lograremos crecer y cuidar el planeta para que lo disfruten las generaciones futuras.