El canto que se escuchó al otro lado de la frontera

  • En el concierto que duró más de siete horas las personas ondearon banderas de Venezuela. 32 artistas se presentaron en el lugar. FOTO manuel saldarriaga
    En el concierto que duró más de siete horas las personas ondearon banderas de Venezuela. 32 artistas se presentaron en el lugar. FOTO manuel saldarriaga
  • En el lado venezolano de la frontera se realizó el concierto “Hands off Venezuela” al que asistieron integrantes de las Fuerzas Armadas y de las milicias del gobierno y algunas personas. Estas últimas indicaron que les prometieron que en el evento les darían mercados y medicamentos. FOTO rosalinda hernández
    En el lado venezolano de la frontera se realizó el concierto “Hands off Venezuela” al que asistieron integrantes de las Fuerzas Armadas y de las milicias del gobierno y algunas personas. Estas últimas indicaron que les prometieron que en el evento les darían mercados y medicamentos. FOTO rosalinda hernández
  • Presidentes de Chile, Sebastián Piñera; Colombia, Iván Duque; el interino de Venezuela, Juan Guaidó y Paraguay, Mario Abdo Benítez saludan al público al final del concierto en el puente Tienditas. FOTO afp
    Presidentes de Chile, Sebastián Piñera; Colombia, Iván Duque; el interino de Venezuela, Juan Guaidó y Paraguay, Mario Abdo Benítez saludan al público al final del concierto en el puente Tienditas. FOTO afp
Por JUAN MANUEL FLÓREZ ARIASFotos Manuel saldarriagaEnviados especiales a Cúcuta | Publicado el 23 de febrero de 2019
500

toneladas de ayuda humanitaria están en Cúcuta.

32

artistas se presentaron en el Venezuela Aid Live.

en definitiva

El concierto benéfico del lado colombiano de la frontera con Venezuela podría pasar a la historia como el símbolo que debilitó el régimen en ese país y dio paso a la transición democrática.

Alguien podría decir que la imagen de miles de personas ondeando banderas de siete estrellas y entonando a gritos “Gloria al Bravo Pueblo”, el himno de Venezuela, transcurre en ese país. Pero no, esa multitud está reunida del lado colombiano del puente Tienditas, durante el concierto Venezuela Aid Live.

Algunos cruzaron ese mismo día, prefirieron este concierto al convocado por Nicolás Maduro. Otros, hacen parte de los cerca de 3 millones de venezolanos que han abandonado su país desde 2015, producto de la crisis humanitaria y ahora viven en Colombia.

Es el caso de Graciela Sarmiento, quien tras cantar: “¡Gritemos con brío, muera la opresión!”, una de las estrofas del himno, explica que esa letra, además de ser una conmemoración de la independencia de América, es de alguna forma una premonición: la de la salida del poder de Nicolás Maduro en Venezuela.

Tras el himno, comienzan a desfilar por la tarima los músicos invitados al concierto benéfico. José Luis Rodríguez, el Puma, abre la jornada. Le sigue el Cholo Valderrama. Graciela sonríe, canta y se mueve siguiendo el ritmo, pero en el mismo sitio, casi sin desplazarse.

Llegó hace un mes a Colombia desde el estado de Aragua con sus dos hijas, de 8 y 5 años, buscando medicinas para la menor de ellas. Dejó su trabajo como enfermera, a otra hija de 12 años y a su mamá. Todos los días duerme en el suelo, junto a otras 45 personas en un hostal de paso de Cúcuta, se levanta temprano para ganar los 4.000 pesos que cuesta el hospedaje, y es la primera vez, desde que salió de su país, que baila.

Cúcuta o Berlín

En Cúcuta va a pasar algo, pero nadie sabe si es un milagro o una tragedia. En las calles, en los días previos al concierto benéfico, se escuchaba a las personas mencionar las mismas palabras: Guaidó, Maduro, ayuda humanitaria y militares.

“En el mundo ya saben dónde queda Cúcuta”, dice orgulloso un taxista. En efecto, desde que la ciudad se volvió el lugar de acopio de la ayuda humanitaria solicitada por el opositor Juan Guaidó, reconocido como presidente legítimo por más de 50 países, los ojos del mundo se volcaron al puente internacional Tienditas, por el que deberían entrar las ayudas.

El puente, sin embargo, permanece bloqueado por el gobierno de Maduro, que considera los camiones con alimentos y medicinas como “un regalo envenenado”, parafraseando las tragedias griegas, un “Caballo de Troya”.

En 1988, por ejemplo, los jóvenes de la República Democrática Alemana se pegaron al muro de Berlín para intentar escuchar el concierto de Michael Jackson en el lado capitalista de la ciudad, ignorando el concierto paralelo organizado por las autoridades socialistas. Un año después, la pared que dividía la capital alemana cayó, marcando el fin de la Guerra Fría.

Ahora, de alguna forma, Cúcuta es Berlín, o así lo asume el público que, entre la música electrónica, romántica, pop o cumbia llanera grita: “Y va a caer, y va a caer”.

Un hombre que pasa con una trompeta interpretando Despacito, la canción de Luis Fonsi, interrumpe para gritar: “Maduro”. Acto seguido, como si hubieran ensayado por semanas, parte de la multitud responde: “Conchaetumadre”.

Cada melodía parece ser una excusa para una consigna. Por eso, cuando el venezolano Jeancarlos Canela canta “Bajito, que nos escuchan los vecinos”, una línea de una canción que normalmente trataría sobre una infidelidad, el público lo asume como un mensaje al concierto del otro lado de la frontera, organizado por Nicolás Maduro como respuesta al evento de Branson.

Pero los vecinos escuchan. A menos de 300 metros de allí, los miembros de la Guardia Venezolana que custodian el puente se acercan a los contenedores que lo bloquean y, como los jóvenes de la Alemania socialista, pegan el oído.

Vidas rotas

La entrada al concierto es una caravana ininterrumpida de personas que, por varios kilómetros, avanza hacia la entrada. Ayer en mañana, cuando ingresaban las primeras personas, uno los asistentes, Michael Sneider, quien llegó allí desde San Antonio, en Venezuela, bromeó: “Hemos caminado mucho, ¿será que nos desviamos para el de Maduro?”.

En la tarde, la hilera humana sigue avanzando con paso letárgico, aunque acelera hacia el final, cuando comienzan a escucharse las voces de los cantantes y los más jóvenes se apuran por entrar.

Allí, una mujer y un hombre van contracorriente, en una silla de ruedas con techo improvisado por una sábana que asemeja un carro. Ella, robusta, va sentada y él, delgado y más joven, empuja.

Libia Baudí y Alfredo López son esposos y llegaron hace 18 días a Cúcuta, desde el estado de Yaracuy. Mientras él esquiva sin mucho éxito la ola humana que avanza hacia el concierto, Libia explica que se van porque para ingresar le exigían entregar los cigarrillos que pretendía vender adentro.

No vino a Colombia por el concierto, sino a trabajar. “Vi que acá había gente bien vestida, con trabajo, que todos tenían celulares y pensé: yo también quiero”. Libia es, como varios millones de venezolanos, una de las votantes originales del chavismo y, aún, duda si el hambre que la obligó a irse de Venezuela es culpa de Hugo Chávez o de su sucesor.

“No entiendo muy bien eso de la política, pero nos devolvemos para Venezuela cuando se arregle”, dice mientras se aleja. Desde allí, van a recorrer a pie los 13 kilómetros que hay hasta Cúcuta. No tienen para el pasaje.

Como ella, Graciela, habla provisionalmente. Aspira volver antes de que su hija menor alcance a recordar que vivió en otro país en condiciones tan precarias. Ella misma en cambio, no tiene esa fortuna. Su memoria de adulta no le permitirá olvidar. Hoy, como gran parte de los asistentes, se despertará pensando en los 4.000 pesos de la habitación en la que espera no dormir por mucho tiempo.

En este momento, sin embargo, se permite engañarse con la música, canta con José Luis Rodríguez “para olvidar conmigo las cosas que hacen llorar”.

Contexto de la Noticia

Concierto de Maduro no tuvo respaldo del pueblo

La tristeza invadió ayer a los asistentes al concierto denominado “Manos Fuera de Venezuela”, organizado por Nicolás Maduro, en las inmediaciones del puente binacional Tienditas, en el municipio de Ureña. El evento oficialista se realizó a 300 metros de donde se llevaba a cabo el Venezuela Aid Live, contó con escasa asistencia y quienes decidieron participar eran, en su mayoría, personas adultas, funcionarios públicos y organismos de seguridad.

La actividad fue anunciada para las 12 del mediodía, pero solo arrancó hasta las tres de la tarde. El concierto sería abierto con las notas del himno nacional de Venezuela, pero se saltó ese paso y fue una banda de rock nacional la que comenzó la actividad. Aunque hubo un operativo para facilitar la movilización de personas que fue desplegado por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), algo falló. A la 5 de la tarde, el evento que se extenderá hasta mañana, no alcanzaba a reunir ni tres cuadras de asistencia.

Julian Guerrero, de 67 años, llegó a las 8 de la mañana. Su intención no era disfrutar del concierto: él necesita medicinas y prometieron que allí se las darían. “Me dijeron que viniera, que aquí me entregaban los medicamentos que no se consiguen”, dijo.

En medio de dos toldos blancos, dentro del espacio destinado para el concierto, unas 50 personas de la tercera edad aguardaban sentadas en sillas o en los andenes. Ellos, igual que Julián, esperaban, con receta en mano, a que les entregaran medicamentos, algo que jamás se concretó. Los presentes aseguraron a EL COLOMBIANO que estaba dispuesta una logística para que quienes venían de ciudades lejanas pudieran pernoctar en la zona y participar durante los tres días de la celebración.

El evento tuvo en retraso de más de tres horas y nunca se dio a conocer la lista de agrupaciones o cantantes que participarán desde este viernes 22 hasta el domingo 24 de febrero en el concierto “contra el imperialismo yanqui”, como lo llamó Darío Vivas, vocero delegado por el régimen. Y, aunque Maduro compartió imágenes de un concierto multitudinario, este medio pudo constatar la baja participación.

Maduro cerró la frontera

La vicepresidenta ejecutiva de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy Rodríguez, confirmó anoche el cierre total y temporal de los puentes Simón Bolívar, Santander y Unión, que comunican a Venezuela con Colombia.

Según el gobierno de Nicolás Maduro, por “las serias e ilegales amenazas intentadas por el Gobierno de Colombia contra la Paz y la soberanía de Venezuela”. Esta medida dejó a varias personas en Cúcuta sin poder regresar.

Juan Manuel Flórez Arias

Periodista del Área Internacional, formado en la Universidad de Antioquia. Interesado en acercar con las palabras las historias lejanas en la geografía.

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