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Argentina elige entre dos pasados

  • Presidente de Argentina y aspirante a la reelección, Mauricio Macri, y el candidato a la Presidencia Alberto Fernández. FOTOS AFP / EFE
    Presidente de Argentina y aspirante a la reelección, Mauricio Macri, y el candidato a la Presidencia Alberto Fernández. FOTOS AFP / EFE
Por juan manuel flórez Arias | Publicado el 27 de octubre de 2019
Infografía
Argentina elige entre dos pasados
en definitiva

Las elecciones en Argentina miden, en un momento de colapso económico, la continuidad del gobierno de Macri con la fuerza del peronismo, el cual ha marcado la vida política de ese país.

En su discurso de cierre de campaña, la exmandataria argentina Cristina Fernández de Kirchner –hoy aspirante a la vicepresidencia– no tuvo que decir una palabra. Antes de empezar a hablar, su voz fue ahogada por el grito de sus seguidores reunidos en Mar del Plata, quienes entonaban con el ímpetu de un estadio: “¡Oh, vamos a volver!”.

De alguna forma, el canto podría resumir la expectativa frente la elección de este domingo: el regreso prometido, y siempre cumplido durante los últimos 70 años, del peronismo.

Así lo señalan las encuestas, que otorgan al compañero de fórmula de Cristina, el candidato a la presidencia Alberto Fernández, una ventaja de mínimo 16 puntos contra el mandatario y aspirante a la reelección Mauricio Macri; suficiente para ganar en primera vuelta.

La rotundidad de ese resultado no estaría solo marcada por la nostalgia del mandato de Cristina, quien salió de la Casa Rosada en 2015. Pues más que banderas políticas, este domingo los argentinos votan empuñando sus billeteras, mientras el valor de su moneda se les escurre entre los dedos con una devaluación del peso del 70 % desde enero de 2018.

La crisis económica, la mayor desde principio de siglo, que ha ocasionado que un tercio de la población argentina viva en la pobreza, ha impuesto un ambiente extremo. La campaña ha sido un cruce de promesas de catástrofe y resurrección que, en su esencia, apelan al miedo: Macri reitera la desconfianza que el peronismo generaría en los mercados internacionales, con los que Argentina adquirió una deuda histórica en medio de la crisis (ver recuadro), mientras Fernández recurre a un temor mucho más concreto para los votantes: que las cosas sigan tal como están ahora.

Máxima peronista

Decía el presidente argentino Juan Domingo Perón que “para un peronista no de haber nada mejor que otro peronista”. Cuatro décadas después de la muerte del líder, en 1974, sus herederos, Cristina y Alberto, siguen poniendo en práctica la máxima. Antes de ser la fórmula presidencial a punto de ganar, eran dos antiguos aliados que llevaban 10 años sin hablarse.

La ruptura fue en 2009. Entonces sus roles estaban invertidos: Cristina estaba a cargo, como presidente, y Alberto era su subalterno, el jefe de gabinete que renunció tras su apoyo a unas protestas de los exportadores de grano.

La siguiente fue una década de reclamos indirectos entre ambos, al punto de que, en 2012, Alberto llegó a decir al diario La Nacion que “Cristina tiró por la borda todo lo que hizo Néstor Kirchner”, su esposo, quien fue presidente antes que ella. Entre ambos Fernández se impuso una distancia que solo la necesidad del regreso al poder pudo saldar.

A la orilla de los tiempos

“Un día me llamó Cristina y me dijo: ‘Alberto, es tu turno’”, contó el candidato en su cierre de campaña. La llamada, que reconcilió la postura moderada de Alberto con la línea más de izquierda de Kirchner, ayuda a entender que para el peronismo la ausencia del poder es un asunto de turnos, una transición que afrontan con la certeza de siempre regresar.

Esta vez, la clave del retorno para Cristina fue salir del centro de la escena. Para Julio Bárbaro, politólogo argentino, la carga de las acusaciones de corrupción contra la expresidenta y la sombra del declive económico de Macri impedían que cualquiera de los dos fuera presidente. “El que renunciara, iba a ser el ganador”, afirma.

Macri, quien llegó en 2015 con la promesa de terminar con la inflación y termina su mandato un incremento acumulado del 202,2 % –según el centro de Estudios de la Nueva Economía–, eligió no desistir. Buscó ganar terreno eligiendo como candidato a la vicepresidencia a Miguel Ángel Pichetto, un antiguo senador peronista.

El golpe de mesa que aclaró las fuerzas llegó por un flanco inesperado: las elecciones primarias, conocidas como PASO, el pasado 11 de agosto, consideradas un mero formalismo al ya estar definidos los candidatos, pero determinantes debido a la victoria rotunda de Fernández por casi 16 puntos.

Desde entonces, la campaña ha sido una guerra ganada a la espera de la fecha de la rendición. De acuerdo con Patricio Giusto, director del Observatorio sino Argentino, la coyuntura confirma que “el peronismo sigue marcando los ritmos de la política Argentina, como en los últimos 70 años”. La transversalidad de ese movimiento en la historia del país, agrega el experto, tiene su razón en su capacidad de “saber leer los ritmos de los tiempos”. El peronismo es, en cada momento, lo que la clase media-baja que lo vota requiere que sea.

En los noventa, explica Mario Riorda, consultor político argentino, el movimiento fue neoliberal, bajo el gobierno del presidente Carlos Menem; a principios de siglo, con los Kirchner, estuvo alineado con la izquierda bolivariana. Ahora, cuando la Argentina profunda que creció con una foto de Perón en su cocina exige un peronismo sin Cristina, esta vuelve al poder la diestra de su antiguo subordinado

Contexto de la Noticia

Paréntesis una deuda difícil de pagar

En 2018, debido a la devaluación extrema del peso frente al dólar, el gobierno de Mauricio Macri pidió al Fondo Monetario Internacional un préstamo de 56.300 millones de dólares, el mayor en la historia del organismo, que sin embargo no logró contener la picada de la economía. Este rescate se ha convertido en una deuda impagable cuyos términos deberá renegociar el futuro presidente.

Juan Manuel Flórez Arias

Periodista de la Universidad de Antioquia. Creo que es bello dedicarse a leer el mundo, a buscar los trazos que dan forma a esa figura punteada. Creo en los párrafos borrados, en las conversaciones obsesivas, en las palabras que buscamos y, a veces, encontramos.

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