“La última Coca-Cola del desierto”, el dicho popular para referirse a una situación de escasez, se materializa en Venezuela.
KOF, la embotelladora venezolana de esta bebida gaseosa, informó que cesará temporalmente la producción en sus cuatro plantas por falta de reservas de azúcar.
De hecho, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos calcula que Venezuela podría generar entre este año y el siguiente unas 430.000 toneladas del producto, 20.000 menos que en 2015.
Además del azúcar, otros esenciales pasan por lo mismo. Justo ayer, el precio del kilo de harina de maíz, ingrediente base de la arepa, plato típico de ese país, subió un 900 por ciento. De acuerdo con la Superintendencia de Precios Justos, el valor, congelado desde hacía 15 meses, pasó de 19 a 190 bolívares (19 dólares a una tasa reservada por el gobierno para alimentos y medicinas).
Entretanto, el costo de la Canasta Alimentaria Familiar llegó a un punto en que se requieren 16 salarios mínimos (cada uno equivale a 46.000 pesos colombianos) para que una familia de cinco miembros pueda adquirirla, según información del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM).
A los controles de precios y a los cada vez mayores costos de producción, se suman la falta de divisas y la escasez de insumos básicos, como fertilizantes, una combinación de factores que han llevado a disminuir la producción de azúcar y de otros 25 esenciales de los 58 que contiene la canasta, como la leche, los huevos, el café y los enlatados.
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