Tras las protestas del 11 de julio, la isla impone un día a día vigilado. Los juicios a los manifestantes tensionan al país y las posiciones internacionales lucen desgastadas.
Estados Unidos sancionó al ministro de defensa cubano,
Álvaro López-Miera, y a la Brigada Especial Nacional (BEN)
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Las calles simulan normalidad. Las filas se reproducen de nuevo al frente de los comercios; el desabastecimiento se conversa con la cotidianidad de siempre; los apagones se alternan con la resignación de antes. La Habana, describe Eloy Viera, respira bulliciosa, activa, un poco ficcionada, muy tensa. Desconfiada. “Todos sabemos que hay muchos agentes encubiertos que son oficiales de la policía política cubana. Han aumentado el control, uno solapado. Las protestas del 11 de julio pasado movieron al sistema y el gobierno ya se reorganizó. La gente tiene miedo”.
Ya hay internet. Intermitente, fue regresando entre el 14 y el 16 de julio a toda la isla. Las redes sociales tardaron un poco más, las plataformas de mensajería también. Allí la realidad...