Abu Ahmed tiene 52 años y pertenece al grupo étnico Rohinyá de Myanmar, también conocido como Birmania, pero tuvo que huir de su país rumbo a Bangladesh debido a la represión militar que se desató un año atrás, el 25 de agosto de 2017, contra su comunidad. Una guerra que en tan solo un año obligó el desplazamiento de 700 mil personas y que la ONU califica como una “limpieza étnica”.
Ahmed tiene ocho hijos. Una de ellas es Rukia, de once años, quien cuando estaban en Myanmar sufrió una parálisis en sus piernas. Con su hija enferma y el conflicto latente dejó su país junto a su esposa, dejando al resto de la familia en su casa con la promesa de que se encontrarían en algún campo de refugiados de Cox’s Bazar, en Bangladesh. “No teníamos muchas...