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Rusia y Turquía, un apretón de manos que deja intrigas

Erdogan y Putin pasaron la página del derribo de un avión y de posteriores tensiones y se comprometieron a tener un plan conjunto para Siria.

  • El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, y el líder ruso, Vladímir Putin, se encontraron el martes en San Petersburgo tras nueve meses de tensiones y sanciones económicas. FOTO reuters
    El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, y el líder ruso, Vladímir Putin, se encontraron el martes en San Petersburgo tras nueve meses de tensiones y sanciones económicas. FOTO reuters
11 de agosto de 2016
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En noviembre de 2015, cuando Turquía derribó un avión de combate ruso por supuestamente violar su espacio aéreo, las tensiones entre ambos países parecían irreversibles.

El presidente Vladímir Putin calificó el hecho como “un ataque por la espalda” e incluso llamó a los turcos “cómplices del terrorismo”.

Las relaciones terminaron de deteriorarse con las sanciones de Rusia a su adversario: limitaciones a la contratación de trabajadores turcos, restricciones a importadoras de ese país, introducción del visado y cancelación de vuelos chárter.

No era de extrañar que una coyuntura rompiera los vínculos. El lazo Rusia-Turquía ha sido complejo y conflictivo, tratándose de “dos potencias militares y económicas que naturalmente chocan por compartir una misma zona de influencia, ese límite entre Europa y Asia”, dice Carlos Humberto Cascante, director del Centro de Estudios de Medio Oriente y África del Norte.

Lo que sí sorprendió fue el apretón de manos entre Erdogan y Putin el martes en San Petersburgo, y en medio de anuncios como mecanismos de intercambio de información militar sobre Siria.

Para Cascante, el gesto podría significar un cambio de alianzas estratégicas entre Oriente y Occidente.

“En un escenario más extremo, se puede pensar que Turquía está mutando y quiere estar más cercano a Rusia y más lejano de su aliado Estados Unidos, al que piden la extradición de Fethullah Gülen por supuestamente dirigir el intento de golpe de Estado”, detalla.

Si se reflexiona de forma menos radical, el director intuye que el acercamiento del presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, a Moscú, es más bien un llamado de atención a Estados Unidos por reducir los recursos de la cooperación en los últimos 10 años con su “importante bisagra entre Europa y Asia”, como llama a Turquía.

Y si se es más moderado, continúa Cascante, el restablecimiento obedece a todo un proceso necesario para bajar la tensión que Rusia tenía con Turquía, y por lo tanto con los socios turcos (el resto de Europa y Estados Unidos). “Cualquier amenaza a Turquía es motivación para que la OTAN intervenga, y ahora no le conviene a nadie una nueva escalada de violencia”, advierte el experto.

Además de lo que puede obtener Turquía, para Diego Cediel, internacionalista de la Universidad de La Sabana, Rusia siempre ha tenido una pretensión de expandirse, de manera que necesita unos buenos vecinos que se lo permitan, y Turquía, por ser la división entre Oriente y Occidente, es vital. Finalmente, añade, “uno siempre tiene que estar bien con el portero del edificio”.

Ahora bien, aunque ambos se necesitan, hay dudas, “como si Erdogan está apoyando al Estado Islámico, si Rusia se alía con los kurdos, asegura Michael Sahlin, investigador del Instituto Turquía de la Universidad de Estocolmo. Así las cosas, concluye, “si no se resuelven por completo las inquietudes, difícilmente esta paz que vimos por las pantallas será duradera”. .

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