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Los micos vistos por ciudadanos y científicos

El primer Atlas de primates de Colombia reúne datos relevantes. Ya son 38 especies en el país.

  • El país es uno de los tres con más diversidad de especies de América Latina. En la imagen una pareja con cría de mono araña del Magdalena (Ateles hybridus). FOTO Camiilo Suárez
    El país es uno de los tres con más diversidad de especies de América Latina. En la imagen una pareja con cría de mono araña del Magdalena ( Ateles hybridus). FOTO Camiilo Suárez
  • El Tití cabeciblanco (Saguinus oedipus). FOTO Camilo Suárez
    El Tití cabeciblanco ( Saguinus oedipus). FOTO Camilo Suárez
30 de julio de 2020
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Después de Brasil y Perú, Colombia ocupa el tercer puesto en América Latina con la mayor diversidad de micos. Hoy hay 38 especies, 10 de ellas no se encuentran en ninguna parte del mundo y cerca del 50 % en algún grado de amenaza.

Ante la crisis de la biodiversidad unir esfuerzos para trazar un mapeo de animales es una hazaña, que se hace desde varias áreas de conocimiento. Recientemente el Instituto Humboldt y la Asociación de Primatología Colombiana presentó el primer Atlas de primates que revela su situación en el país. Es parte de la segunda edición del Atlas de la Biodiversidad de Colombia que puede explorar en Internet.

Durante cinco años se recogieron más de 1.913 registros captados por científicos y ciudadanos.

La transformación del ecosistema, la expansión de la frontera agrícola para ganadería, minería, extracción de los combustibles fósiles y siembra cultivos ilícitos son algunas de las actividades que acaban con estos individuos, explica Helena Olaya, coautora del atlas y quien desde su trabajo en el Humboldt se ha dedicado a consolidar los biomodelos como un espacio local donde se conjuga el conocimiento sobre las distribuciones de las especies.

No son solo estadísticas, en estos biomodelos se compilan diversos datos y descripciones de los que los estudian en profundidad. Una historia más redonda que permita contribuir a su bienestar.

Como los murciélagos, estos complejos mamíferos son dispersores de semillas y ayudan a trasladarlas de un lado a otro por el bosque. Se les considera embajadores conservacionistas de los hábitats tropicales, escribió Laura K. Marsh, del Instituto Global de Conservación, en un estudio en la revista Ecology and Conservation en 2003.

Pero si los lugares a los que pertenecen se pierden, los primates, los animales más próximos evolutivamente a los humanos, también se acaban.

Los de Colombia

“Los primates neotropicales del nuevo mundo son un linaje derivado de los primates africanos, que cruzaron el Atlántico hace cerca de 47 millones de años. Este ancestro neotropical probablemente tenía entre 500 gramos a un kilogramo y llegó hacia el sur más o menos de la línea ecuatorial y ahí se extendió hasta la distribución que se estima hoy en día, que es desde el sur de México hasta el norte de la Argentina”, contextualizó Luis Francisco Henao, coordinador de la iniciativa de Biomodelos en la Asociación Primatológica Colombiana y moderador del grupo de primates en Biomodelos.

Los primates de acá, y simplificando, aclara Henao, “tienen nariz plana y las fosas nasales en direcciones laterales en contraposición a los del viejo mundo o africanos”, agrega.

Como malabaristas, algunas especies tienen las colas prensiles y la exhiben con agilidad, como una extremidad más. Unos de ellos es el mono araña café (Ateles hybridus) que ha sido catalogado como una de las 25 especies de primates críticamente amenazadas en el mundo, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)

En total, los primates no tropicales tienen cerca de 120 especies más o menos y en Colombia “es probable que tengamos más de las 38 a medida que los estudios filogenéticos en moleculares y sistemáticos van arrojando más luces y más información”, agrega Henao.

Con la excepción de San Andrés y Santa Catalina todos los departamentos de la región tienen primates. Solo que la diversidad no solo se mide en número de especies. Hay otras formas de estimarla como la estructuración ecológica de su dieta, la diversidad de sus comportamientos, así como su función ecológica.

Hay micos pequeños, de unos pocos gramos, hasta unos grandísimos.

Sociables y complejos

Los primates han mostrado la capacidad de reconocer la muerte y de guardar luto. También, coinciden los biólogos, dan muestras de empatía y son altruistas. En el caso de los micos nocturnos como el Aotus lemurinus, que por lo general se asocian en grupos pequeños, la mamá es la encargada de alimentar a la cría, pero al pasar el tiempo es el papá el encargado de cargarla la mayoría del tiempo, contó Sebastián García Restrepo, biólogo de la Fundación Proyecto Primates Colombia de la Colección de Mamíferos del Museo de Historia Natural Universidad de los Andes. A diferencia de los monos ardilla, araña o aulladores que andan en tropas de hasta 50 individuos para ser menos vulnerables.

En sí mismos son fascinantes, pero también son claves de la regeneración de los ecosistemas tropicales como jardineros del bosque, concluye Henao que también es candidato a doctor en zoología en la Universidad de British Columbia (Canadá).

Este trabajo que reúne a destacados investigadores también de la Universidad de los Andes, compila la información en el portal web del SiB Colombia, el que registra la mayor cantidad de información biológica de las especies. Se espera que este sea útil para priorizar estrategias que ayuden a la promoción de la conservación, el conocimiento y el bienestar de dicha especie en Colombia .

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