El punto número tres del informe sobre la contribución del diálogo social de género, que entrega la Organización Internacional del Trabajo (OIT), llama la atención sobre uno de los problemas más importantes en las empresas: la inclusión de más mujeres en la toma de decisiones trascendentales.
Y ese cambio se da en la medida en que sean las mismas estructuras de las compañías las que se modifiquen para ser más incluyentes, y den las opciones para que ejecutivas entren a ocupar cargos como presidencias o vicepresidencias.
Es urgente que se cambie esa tendencia, más si se tiene en cuenta que en una encuesta aplicada por la Oficina de Actividades para los Empleadores (adjunta a la OIT) a 50 multinacionales en el mundo, se encontró que “las mujeres ocupaban el 18 % de las presidencias y el 26 % de las vicepresidencias en los comités permanentes, un resultado que sin embargo refleja el aumento de la participación femenina en cargos directivos subalternos”.
Ahora, si se revisan los cargos máximos en los comités ejecutivos de las organizaciones de empleadores, roles a los que compete la aplicación diaria de los planes estratégicos de la organización, así como la toma de decisiones más sensibles de las empresas, se encuentra que sólo el 18,7 % los ocupaban mujeres, y las juntas directivas que son presididas por una mujer tan sólo llega al 7,5 % (ver Paréntesis).
La recomendación
En ese punto el organismo busca que se priorice una agenda legislativa en la que se obligue a las empresas a incentivar el crecimiento profesional de las mujeres. Como prueba de avance “resulta alentador que, cada vez más, las mujeres y los trabajadores migrantes estén incitando a los sindicatos a adoptar un enfoque más inclusivo para que sean agentes efectivos del cambio social”, afirmó la OIT en el informe.
En Colombia la participación de las mujeres, al menos en las juntas directivas de las compañías locales, pareciera ser importante. Una medición hecha por la Superintendencia de Sociedades a 6.400 firmas, en 2018, encontró que las mujeres participan en el 59,1 % de las juntas directivas.
Para Natalia Moreno Salamanca, docente de la Escuela de Género de la Universidad Nacional, el problema de esa brecha laboral está en que hay situaciones estructurales y culturales que no ayudan.
“Sigue existiendo esa falsa percepción de que las mujeres no podemos desarrollar tareas de liderazgo, de que no servimos para dirigir. Además, en Colombia, del total de mujeres ocupadas, 60 % lo hacen en trabajos informales. Se le sigue entregando el cuidado de niños y ancianos a las mujeres, cuando debería ser una tarea de Estado. Aún falta mucho camino por recorrer”, explicó Moreno.
Para la OIT el problema se resume en que cuanta mayor diversidad de género tengan los miembros de las organizaciones de empleadores, “mayor será el número de mujeres en condiciones de liderar, representar y/o participar en la toma de decisiones dentro de las estructuras de gobierno de las organizaciones de empleadores”.
Cerrar la brecha salarial
La OIT hace un llamado para que los esquemas empresariales tengan presente que el pago que recibe una mujer debe fijarse por competencias y obligaciones. En ese sentido, América Latina se concibe como la tercera región con mayor brecha salarial por género: 20,6 %. En primer lugar se encuentra África Subsahariana, con 21,8 %; seguida de Europa Oriental y Asia Central y Occidental (20,8 %).
“Aunque en el país existe ese techo de cristal en la fijación de salarios es una práctica que no debería tenerse en cuenta en las empresas, porque ahonda en ese desequilibrio. Es decir, ese techo de cristal mucha veces se fija asumiendo erróneamente que las mujeres no podrán hacerse cargo de ciertas tareas dado que están obligadas al cuidado de hijos en el hogar, fenómeno que debería acabar”, aseguró Iván Jaramillo, director del Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario.
Finalmente, la medición de la OIT encontró que es urgente para el 41 % de los encuestados la lucha por la desigualdad salarial, vista desde la perspectiva de género, para que se aumenten los salarios de las trabajadoras de baja remuneración; mientras que el 37 % cree prioridad ampliar la cobertura de salarios mínimos legales o convenios colectivos.
20,6 %
es la brecha salarial de género en América Latina, según la OIT.