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Cucharada de impuesto amargaría bebidas azucaradas

  • Ilustración Elena Ospina
    Ilustración Elena Ospina
Por David Ortiz Castaño | Publicado el 03 de julio de 2016
Infografía
Impuesto a gaseosas en Colombia: crece el debate
40%

de fabricantes de alimentos en Hungría cambiaron la receta de sus productos para ser más saludables.

Crear un impuesto a las bebidas azucaradas (gaseosas, tés y jugos) es la cruzada que impulsa el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, y está dispuesto a dar la pelea por implantarlo en la próxima reforma tributaria.

El funcionario busca dos cosas: dinero para el desfinanciado sistema de salud y replicar experiencias internacionales que han demostrado, según él, que la reducción en el consumo de estos productos disminuye la obesidad.

La réplica es inmediata. La industria de bebidas del país refuta a Gaviria y le dice que no hay pruebas concluyentes sobre la reducción de la obesidad y se está estigmatizando al sector. Además EL COLOMBIANO consultó posiciones médicas que están igual de polarizadas.

Las dudas continúan, los argumentos no hallan punto medio y las bebidas azucaradas siguen en la dieta diaria de los colombianos (ver infográfico)

Urge un impuesto de 20 %: Minsalud
El encargado de defender y promover un impuesto para las bebidas azucaradas es el ministro de Salud, Alejandro Gaviria. Desde su cartera ha defendido la necesidad del gravamen y lo sustenta con investigaciones y experiencias internacionales.

Gaviria cree que el sistema de salud debe crear nuevas fuentes de ingresos. Por eso propuso a la Comisión de Expertos Tributarios que recomendara al Gobierno un impuesto a lasI bebidas azucaradas del 20 % para que, si bien no baje el consumo, sí hayan más recursos para el sistema, que requiere al menos 3 billones de pesos. Por cuenta de un impuesto como el que se pretende, se recaudarían 1,89 billones de pesos.

El ministro sustenta su idea, entre otras, en las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS): los adultos que consumen menos azúcar tienen menor peso corporal y los niños con altos niveles de consumo de bebidas azucaradas tienen más probabilidades de padecer sobrepeso. La OMS estima que 184 mil muertes al año son atribuibles al consumo de bebidas azucaradas: 133 mil por diabetes, 45 mil por enfermedades cardiovasculares y 6.450 por cáncer.

Con el agravante que, en Latinoamérica se evidencia la mayor tasa de mortalidad asociada a estas bebidas. con 48 mil por cada millón de adultos, señala la OMS.

Gaviria, en un extenso documento revelado esta semana, explicó que la OMS recomienda reducir al menos en 10 % la ingesta calórica proveniente del azúcar, es decir, no superar las seis cucharaditas de ese producto al día.

Ahora bien, los datos que hay para el país indican que 51,2% de las personas entre 18 y 64 años tiene algún tipo de exceso de peso en Colombia, otro argumento del funcionario.

Según datos de la cartera de Salud, la mitad del consumo diario de azúcar de los colombianos lo aportan las bebidas azucaradas y 81 % de los ciudadanos consume gaseosas o refrescos.

Frente a las críticas que apuntan a que su iniciativa es simplemente para cubrir un hueco fiscal, el ministro no lo niega y cree que con el recaudo, por lo menos se puede ayudar a cerrar el boquete que tiene el sistema.

Y las cifras de gastos en salud no son menores. Al año, el sistema de salud (EPS, IPS y Fosyga) invierte 25 billones de pesos en tratamientos de enfermedades que se pueden prevenir. Es decir, el 52 % del gasto total en salud del país se destina a este tipo de padecimientos.

El impuesto es regresivo: empresas
En el otro extremo de la polémica está la industria de bebidas. Indica que la afectación de la propuesta del ministro Gaviria no es solo económica, sino reputacional. “Hacemos un llamado respetuoso al ministro: que por un fin recaudatorio no se destruya a una industria y se desestime al azúcar, que es un nutriente básico para el cuerpo y bajo ningún concepto puede ser igualado a productos como el tabaco”, explicó Santiago López, director de la Cámara de la Industria de Bebidas de la Asociación Nacional de Empresarios (Andi).

Para él, Colombia está en mora de abordar de manera integral los retos de la salud pública, pero dichas acciones deben centrarse sobre puntos reales que generen impacto positivo. “Se está asignando la responsabilidad de un problema complejo, como el sobrepeso a las bebidas con azúcar, cuando ellas aportan un 2,7 % del total de las calorías que consumimos los colombianos en un año”, aseguró.

También se insiste en que esa no es solo una pelea que deban dar las empresas de refrescos. Para el vicepresidente global de Mercadeo de Coca-Cola, Marcos de Quinto, es necesario que todo el sector productivo se comprometa para establecer normas igualitarias.

“Si es el caso, todos deberíamos indicar cuánto azúcar tiene cada producto, desde las bebidas hasta las salsas, porque hay que decirlo hay muchas comidas en el mercado que la gente no tiene idea que tienen azúcar”, comentó este diario el ejecutivo.

Adicional al daño reputacional causado por la propuesta del ministro Gaviria, los industriales ven una contrariedad competitiva, pues este tipo de gravámenes van en contra de una “nueva economía” que impulsa el Gobierno y se apoya en la producción fabril.

Acerca de los pronunciamientos de fundaciones y asociaciones médicas que defienden el posible impuesto, López responde: “tener mejores hábitos alimenticios es un propósito de la sociedad y la industria de bebidas ha hecho esfuerzos sin precedentes en ese sentido”.

Para el dirigente gremial no hay un solo caso que demuestre que ese tipo de impuestos disminuya indicadores de obesidad. En cambio, sí aumenta el empleo: entre enero y mayo crecieron 16,7 % los puestos de trabajo del subsector de bebidas, mientras en el total de la industria lo hacen solo al 1 %.

“Sería Lo mejor para la salud”
El efecto de un impuesto a las bebidas azucaradas es altamente positivo, afirma el vicepresidente de la Fundación Colombiana de Obesidad y director del Instituto de Diabetes de Colombia, Iván Darío Escobar.

“No solo habrá más recursos para invertir en la salud, también hay un cambio de mentalidad en los consumidores: pueden pensar que si se aplica un impuesto para evitar la ingesta, por algo será, y eso queremos que piense la gente”, indicó.

Sin embargo, el endocrinólogo dejó claro que, en este caso como en cualquier vicio, “aún con un precio más alto, quien quiera tomar una de estas bebidas, pagará más”.

Ahora bien, para el médico este es solo el primer paso, pues es necesario que este tipo de productos, como los alimentos ultraprocesados, vayan acompañados de una etiqueta que deje claro que el consumo de dicha bebida genera riesgos de padecer obesidad y otras enfermedades, tal y como sucede en las cajetillas de los cigarrillos.

Si bien las bebidas son las que están en la mira del Ministerio de Salud, más productos deberían sumarse próximamente.

“Ya lo están haciendo en otros países. Por ejemplo en Chile ya tienen una etiqueta en productos con exceso de calorías y en Ecuador tienen un semáforo que indica qué tan dañino es para el organismo el consumo en exceso de ese alimento”, explicó.

Escobar considera importante que Colombia avance en la misma dirección de otras naciones que ya aplicaron “impuestos saludables”, como Francia, Chile, Hungría, Ecuador y México. Este último país, asegura el especialista, es un ejemplo a seguir en Colombia: “se redujo en 12 % el consumo de bebidas azucaradas y lo confirma el Instituto Nacional de Salud de ese país”.

“No hay alimentos malos o buenos”
Aunque el debate está centrado en el consumo de bebidas azucaradas, hay posiciones médicas que amplían más la polémica, pues apuntan a que no hay alimentos que sean dañinos para la salud.

Así lo considera Gildardo Uribe Gil, director de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Antioquia. Para él la discusión de los impuestos saludables es una gran mentira.

“Desde la nutrición, no hay alimentos buenos o malos. Una bebida azucarada es, desde un jugo casero hasta el agua saborizada que venden en la calle. Y tiene igual o mayor contenido calórico un chicharrón o una arepa”.

El debate, indicó el experto, está en las porciones, pues cada uno de los alimentos, consumido en exceso, generará problemas en la salud.

“Lo que estoy viendo es que el ministro de Salud está buscando recursos a costa de todo para inyectárselos al sistema de salud, que está en claros problemas. Pero, ¿por qué no se usan los recursos recaudados por este impuesto para una campaña efectiva para combatir la obesidad?, porque hasta donde sé, los usará para lo que sea”, cuestionó Uribe.

A juicio del médico, el dinero del impuesto irá al círculo de las EPS.

“Que el consumo de bebidas azucaradas genera riesgos de padecer obsesidad, sí, eso no se cuestiona. Pero es un problema que no se soluciona con impuestos”.

Citó, como lo hizo Escobar, el resultado del análisis del impuesto en México, con que se redujo el consumo. Sin embargo, dejó en entredicho su validez: “cómo me van a tratar un tema de salud pública con un indicador económico de menor consumo. Que la gente tome menos bebidas azucaradas no logra determinar que deje de engordar o que coma más sano”, concluyó Uribe.

Experiencias internacionales: a favor y en contra
La implementación de “impuestos saludables” para desestimular el consumo de alimentos y productos relacionados a alguna enfermedad es relativamente reciente.

Al revisar casos internacionales, al igual que en el debate planteado en Colombia, los resultados son variopintos. En Hungría, por ejemplo, se implantó un impuesto que subió los precios de los refrescos en 29 %, y provocó que las ventas cayeran 27 %. En ese país europeo el 40 % de fabricantes de alimentos reformuló sus productos para tener mayor aceptación en el mercado, según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde).

En Dinamarca, tras aplicar un gravamen a las grasas saturadas, se redujo el consumo en 15 % durante los primeros nueve meses. Sin embargo, el contrabando aumentó y 18 meses después, la medida fue retirada.

En Francia, el gravamen incrementó el precio en 4,5 % en 2012 y 3,1 % en 2013. La demanda se redujo en 3,3 % en 2012 y 3,4 % al año siguiente. Los supermercados aumentaron las ventas de refrescos sin azúcar y no hubo cambios significativos en los indicadores de competitividad de la industria.

Sobre el citado caso de México, la Andi explicó que el impuesto elevó en 12 % el precio final de los refrescos y no redujo la obesidad, pero sí los puestos de trabajo, pues asegura que se cerraron 30 mil tiendas de barrio.

No obstante, el consumo sí se redujo, teniendo en cuenta que ese país latinoamericano cuenta con el mayor número de personas con “años de vida ajustados por discapacidad”, por cuenta del consumo de bebidas azucaradas, según el informe que presentó esta semana el ministro Gaviria.

Contexto de la Noticia

David Ortiz Castaño

Escribo sobre economía y negocios. Periodista y estudiante de Ciencia Política.

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