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COWORKING, espacios vivos

Por Carolina Bedoya Maya | Publicado el 14 de junio de 2019
Infografía
COWORKING, espacios vivos
en definitiva

El trabajo en espacios de coworking se impone y refleja el crecimiento de la economía colaborativa en el mundo. Muchas de las nuevas empresas se gestaron en lugares de este tipo.

El concepto de coworking está estrechamente relacionado con el esquema de trabajo freelance, en el que profesionales ofrecen sus servicios y productos por su propia cuenta, manejan su tiempo y deciden desde qué lugar trabajar.

Precisamente esos profesionales, que crean desde su casa o desde un café, llamaron la atención del diseñador de videojuegos Bernie DeKoven, el primero en utilizar el término coworking en 1999, para referirse al trabajo colaborativo promovido por las nuevas tecnologías, capaces de conectar a las personas y ofrecer herramientas de intercambio de información.

DeKoven fue quien acuñó el término para lo que hoy conocemos como espacios de trabajo colaborativo: personas que comparten un espacio, que propicia la interacción y la creación de una comunidad para desarrollar proyectos con fines colectivos o particulares, desde diferentes áreas del conocimiento.

Su concepto comenzó a ganar popularidad, sobre todo entre emprendedores y freelancers que buscaban espacios más productivos que su casa. En 1995, antes de que DeKoven hablara del concepto, C-Base abrió en Berlín un sitio denominado hackerspace, un lugar para nerds y fans de la ciencia ficción con talleres compartidos de electrónica, madera, metal y un laboratorio de sonido y aunque ellos no se consideraban un coworking, su filosofía de trabajo era muy parecida.

En 2005 Brad Neugberg, profesional de la industria de software, creó en San Franciso el que se considera el primer coworking, abierto en oposición a los centros de negocios “impersonales y antisociales”. Operaba en Spiral Muse, una casa para el bienestar, que ofrecía entre cinco y ocho escritorios, dos días a la semana, con wifi, almuerzos compartidos, pausas activas y un cierre estricto a las 5:45 p.m. y que en 2006 fue reemplazado por un espacio llamado Hat Factory, un lugar de trabajo colaborativo, utilizado por profesionales independientes para desarrollar sus ideas de negocio.

Contaba con 85 puestos de trabajo, wifi gratis, tours por la ciudad en bicicleta y espacios para meditar; sitios y actividades que generan comunidad, un elemento esencial en los coworking.

Aunque Hat Factory cerró en 2016, este modelo se extendió en Estados Unidos, Inglaterra y Alemania y fue creciendo en popularidad. En 2006, había más de 40 espacios de este tipo y la cifra siguió aumentando. Así mismo, los millenials empezaron a verlo como uno paradigma exitoso por la posibilidad de crear proyectos, socializar y emprender de manera distinta.

Para 2013 había cerca de cien mil personas trabajando en espacios de coworking en todo el mundo. Entre 2014 y 2015, el auge llegó a Latinoamérica y a otros lugares como Australia.

Una huella millenial

Julián Arango es administrador para Colombia de Colatam y creador de Workia, una plataforma que proporciona espacios flexibles de trabajo, salas de juntas y lugares para eventos bajo un modelo de membresía, que le permite a las empresas encontrar el coworking ideal, entre múltiples opciones en América Latina.

“El coworking lleva 15 años en el mundo y más que una huella millenial, es una evolución natural. No es nuevo, lo innovador es disponer de un espacio para que las alianzas sucedan. Lo que hicimos los millenials fue adoptar el modelo y convertirlo en un estilo de vida”, explica Julián Arango.

Para Colatam, los cuatro ejes de un coworking son:

Real estate: tener un espacio donde se activen las relaciones para establecer comunidad. La medición hecha para países como Colombia, Perú, Ecuador y Brasil arroja que un espacio de coworking resulta rentable a partir de 750 m2.

Lay Out: es la configuración espacial con puestos de trabajo abiertos, conectados a sitios que propician los encuentros: salón de conferencias, una cocina abierta y un mobiliario como graderías, que permita las relaciones dinámicas. El tamaño ideal de un puesto de trabajo es de 5,6 m2 por persona.

Comunidad: sin duda, el factor más importante por las relaciones que se crean y su valor en un ecosistema de economía colaborativa.

Administración y finanzas: contar con la visión de expertos para que estos espacios sean rentables y crezcan de manera estratégica.

1995
Nace C-Base, en Berlín, como un hackerspace, un laboratorio para socializar y desarrollar proyectos digitales.

1999

Bernie DeKoven acuña el término, tras criticar los modelos aislados y jerarquizados de las empresas tradicionales.

2000
Los espacios de trabajo comenzaron a aparecer en diferentes ciudades y lugares de todo el mundo.

2005
Nace el primer coworking oficial en San Francisco, un espacio para emprendedores y freelancers.

2007
El término coworking se convirtió en una tendencia en la base de datos de Google.

2009-2010
Se publica el primer libro sobre el tema y se celebra el día internacional de este modelo.

2012-2013
Nacen más de 2.000 espacios de coworking y unas 100.000 personas trabajan en ellos.

2015-2019
La tendencia es tener coworkings especializados y grandes empresas dentro de ellos.

Contexto de la Noticia

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