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Carne o huevo, tan caros que no alcanza para los dos

Fenalco Antioquia estima que hay unas 2.202 carnicerías en riesgo por caída de las ventas.

  • Expendedores de carne han reportado caídas sustanciales en el consumo de proteínas animales debido a los altos precios. FOTO Camilo Suárez
    Expendedores de carne han reportado caídas sustanciales en el consumo de proteínas animales debido a los altos precios. FOTO Camilo Suárez
  • En la Plaza Minorista de Medellín la canasta de huevos, tipo AA, está valiendo hasta $13.000 y los usuarios están inconformes. FOTO Edwin Bustamante
    En la Plaza Minorista de Medellín la canasta de huevos, tipo AA, está valiendo hasta $13.000 y los usuarios están inconformes. FOTO Edwin Bustamante
Publicado el 23 de enero de 2022

A los consumidores colombianos les está tocando convertirse en malabaristas para surtir la canasta básica de sus hogares. Por estos días, algo tienen en común las tiendas de abarrotes y las carnicerías: clientes inconformes con el precio de los víveres básicos que parecieran haberse convertido en bienes de lujo.

Ante los reproches del consumidor, el comerciante trata de explicar que a ellos también les han subido los precios, pero no valen mucho los argumentos.

El comprador mira los billetes en su mano, vuelve a preguntar a cómo queda lo que está necesitando y toma decisiones: “Hagamos una cosa —dice doña Cecilia Londoño en un local de la Plaza Minorista—, no me despache el kilo de tomates, deme una libra nada más”. Esa misma petición se replica con las papas, la cebolla, el plátano y, en general, con toda la legumbre (ver gráfico).

“Esto nos afecta a los comerciantes porque uno necesita buen capital para comprar más surtido. Mucho de lo que se vende aquí es fiado y no siempre alcanzamos a recoger la plata para pagarle al mayorista. Entonces uno queda debiendo y ya después el proveedor no le suelta la misma cantidad”, exclama Carlos Gómez, un veterano distribuidor de la Minorista, quien encarna la dificultad de todo su gremio.

Entre tanto, doña Cecilia se queja: “Mi esposo piensa que yo me estoy embolsillando la plata del mercado. Cada quincena rinde menos la comida y me pregunta que si no estoy comprando todo completo. Incluso, piensa que le estoy pasando parte de la plata a mi mamá. Me va a tocar traerlo a mercar a ver si se da cuenta de que está dura la cosa”.

Y no es un tema de percepción, la pérdida de poder adquisitivo a la que se están enfrentando los jefes de hogar en todo el país es muy real.

La consultora Raddar ya había indicado que el salario mínimo, hasta noviembre de 2021, había perdido un 2 % de su capacidad adquisitiva. Poniéndolo en términos simples, el pago rinde menos porque los comestibles vienen en una racha de aumento desde el año pasado.

La carne es un privilegio

Pedro Montoya lleva años dedicado al expendio de carnes y está acostumbrado a tratar con los clientes a diario.

También es testigo de cómo los consumidores cada vez merman más la cantidad de sus compras: “Por lo general, una familia se llevaba cinco o seis libras de res, ya se lleva tres o cuatro. Y lo que más se está consumiendo son los cortes intermedios porque remplazan las carnes magras o pulpas. Es que el incremento de la carne el año pasado estuvo entre un 35 % y 40 % y las ventas se nos cayeron más o menos en esa misma proporción”.

Las cuentas de Pedro coinciden parcialmente con las del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), cuyo más reciente reporte de la inflación, a diciembre, ubicó a la carne de res como el alimento que más se encareció en 2021, evidenciando un alza acumulada de 33,03 %.

Entre las carnes que más piden los compradores pueden mencionarse la posta, el morrillo, la tabla, el solomo extranjero, el solomo redondo y el huevo de aldana. El kilo de estos cortes, en promedio, pueden estar costando entre $26.500 y $27.000, aunque varía dependiendo de cada sector en la ciudad de Medellín.

“Las carnes de tercera, como el pecho, tapa de costilla, tres telas y cáscara de la punta pueden estar entre $18.000 y $20.000 por kilo”, detalló Pedro, quien exclamo que a los expendedores de carnes les toca vivir un día a la vez.

“Nosotros tenemos unos costos fijos que van al alza mientras caen las ventas. Hay que esperar a ver si mejora la economía y ojalá la gente sea más consciente en sus gastos, que dedique un poquito más a la comida y menos a los artículos innecesarios”, exclamó el distribuidor.

La alternativa

El precio de la proteína animal ha obligado a buscarle un sustituto y, en este contexto, los huevos han cobrado más protagonismo en la canasta básica, pero eso no quiere decir que estén más favorables.

Juan Oquendo, distribuidor de este comestible apuntó que “desde que empezó la pandemia, viene aumentando mucho el precio: un día baja y tres días sube”.

“La canasta del huevo AA, que es el que más se vende, en este momento está a $12.000, saldría a $400 cada unidad. Antes de la pandemia esa misma canasta costaba $8.000, ese valor es demasiado para un producto como el huevo”, aseveró Oquendo.

Este comerciante, tal como la mayoría de sus colegas, están sacrificando el margen de ganancia para tratar de ponerle un techo a los precios. Y en su caso, se ha visto obligado a convertirse en un emprendedor de oportunidad con miras a obtener ingresos extra.

O sea, a la venta de los huevos le añade comestibles que tengan buena demanda en un momento determinado: “Por decir —relató— si resultó una buena demanda de galletas, las compro y las vendo. Si se acaban esos pedidos y la gente empieza a consumir pastas, entonces vendo pastas y así le voy anexando más productos a mi negocio”.

“Es verdad que la compra de huevo puede mermar, pero la ventaja para los comerciantes del huevo en este momento es que la carne está demasiado costosa y las personas de menor poder adquisitivo no tienen la facilidad de comprarla. ¿Entonces cuál es la opción de los más humildes? Obviamente, el huevo”, añadió.

Un sector bajo presión

En diálogo con EL COLOMBIANO, Claudia Bustamante, economista principal de Fenalco Antioquia, expuso que los distribuidores “no están teniendo grandes márgenes de utilidades ni están buscando llenarse los bolsillos con estos precios”.

“Hay que entender —tal como lo añadió— que el 30 % de los alimentos en Colombia son importados, y los que producimos aquí necesitan muchos insumos que vienen de otros países. Por ende, un dólar arriba de $4.000, sumado a unos fletes marítimos de US$25.000, terminan por encarecer todos los precios”.

La experta igualmente hizo hincapié en que los establecimientos de abarrotes están pasando dificultades para nutrir sus inventarios y continuar abiertos al público (ver radiografía).

De acuerdo con la agremiación regional, son 2.202 los negocios dedicados al expendio de carnes que pueden estar en riesgo y otros 13.234 dedicados a la actividad de abarrotes que están señalando dificultades ante la carestía generalizada

2%
ha perdido en capacidad adquisitiva el salario mínimo en Colombia, según Raddar.
33,03%
incrementó el precio de la carne de res en 2021, según reportó el Dane.
En definitiva

A los colombianos, y los paisas, la canasta familiar se les está convirtiendo en una división de gasto sumamente costosa a raíz del incremento progresivo en los alimentos más básicos para las familias.

Contexto de la Noticia

Radiografía Merma de ventas y empleos en riesgo

De acuerdo con cifras de Fenalco Antioquia, en 2020 (dato más fresco) la generación total de riqueza en el departamento fue de $149,6 billones y el comercio fue la actividad productiva que más a aporto allí con un 15,6%, equivalente a $23,3 billones. Además, un cierre sistemático de establecimientos también podría derivar en un aumento del desempleo, toda vez que en este renglón de la economía se concentra el 19% de las personas contratadas. Por ahora, el gremio está pidiendo al Gobierno una suspensión en el cobro de aranceles (impuesto a las importaciones) para que los alimentos y los insumos traídos del exterior disminuyan un poco de valor de cara al consumidor final.

Los granos no
se quedan atrás

Productos básicos de la canasta como el frijol, las lentejas y los garbanzos han evidenciado variaciones considerables en sus valores. Para el 21 de enero de 2021, un kilo de frijoles tipo cargamanto blanco costaba $6.500 y para la misma fecha del presente año la tarifa subió a $11.000 (ver gráfico). En las distribuidoras de la Plaza Minorista igualmente los comerciantes apuntan que están costosos otros productos como el aceite: “Normalmente un litro se conseguía entre $5.000 y $5.500 y ya se consigue en $9.000”, detalló Estiven Puerta, mercader de la central de abastos, quien confirmó que hay molestia entre los clientes, “pero uno trata de explicarles que es por culpa de la crisis portuaria y el precio del dólar”.

Cerdo y pollo,
también caros

Si bien la res se lleva el primer lugar en el escalafón de los alimentos que más subieron en 2021, el cerdo por ejemplo tuvo un aumento acumulado de 23,57 % y los cortes más demandados, como el cañón, la pierna y el tocino, no bajan de $20.000 el kilo. La carne de ave igualmente terminó el año pasado con un alza anual de 26,35 %. En este caso, una pechuga de un kilogramo puede costar hasta $14.000, un par de muslos pueden estar en $7.000 y el pollo entero congelado llega hasta $8.800. La carne avícola tuvo un incremento sustancial después del primer trimestre de 2021, toda vez que los tres meses de paro vividos desde abril afectaron la cadena de suministro para la crianza de los animales.

Alto costo de vida es global

Una de las peores consecuencias de la covid-19 ha sido el encarecimiento en el costo de vida para la gente. Sin embargo, se debe tener en cuenta que este es un choque mundial. El cierre de las fronteras y la parálisis del comercio internacional causaron una escasez de buques y contenedores para el transporte de la mercancía. Como se había mencionado en el texto central, se estima que cerca del 30 % de los alimentos consumidos en Colombia son importados. En consecuencia, los comerciantes deben asumir las compras con un dólar arriba de los $4.000 y con costos de transporte marítimo que pueden exceder los US$25.000, cuando antes de pandemia este mismo servicio costaba hasta un 50 % menos.

Huevos y lácteos

Según las mediciones del Dane, el huevo también encabezó el ranking de los alimentos que más aumentaron su valor en 2021, cerrando con el calendario con un alza acumulada de 18,36 %. En la Plaza Minorista se consigue una canasta entre $12.000 y $13.000 del tipo AA. Así mismo, los lácteos incrementaron 10,64 % y los precios reportados por esta central de abastos para el viernes 21 de enero, por kilogramo eran los siguientes: leche en polvo ($23.250), queso campesino ($17.000), queso cuajada ($12.000). Vale recordar que los colactáneos han estado presionados por el alto precio del dólar. Esto teniendo en cuenta que los productores deben importar insumos y materias primas para la producción.

Juan Camilo Quiceno Ramírez

Soy afortunado por que me gano la vida haciendo lo que amo. Fanático de la salsa brava y los timbales. Amo a mi familia.


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