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Solla enfrenta una “tormenta perfecta” por sobreoferta, El Niño y crisis portuaria

Mauricio Campillo, presidente de Solla, descarta riesgos inmediatos de desabastecimiento de pollo, cerdo y pescado, pese a la sobreoferta y El Niño.

  • Mauricio Campillo, presidente de Solla, advierte que la sobreoferta de pollo y cerdo, las dificultades para exportar tilapia, el fenómeno de El Niño y la crisis portuaria presionan la rentabilidad del sector. FOTO Manuel Saldarriaga
    Mauricio Campillo, presidente de Solla, advierte que la sobreoferta de pollo y cerdo, las dificultades para exportar tilapia, el fenómeno de El Niño y la crisis portuaria presionan la rentabilidad del sector. FOTO Manuel Saldarriaga
hace 1 hora
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La industria de alimentos balanceados en Colombia atraviesa un año complejo por la combinación de varios factores que están afectando tanto a los productores de proteína animal como a las empresas que les suministran alimento.

La sobreoferta de pollo y cerdo, las dificultades para exportar tilapia, el fenómeno de El Niño, las demoras en los puertos y los daños ocasionados por el terremoto en el Valle del Cauca conforman lo que Mauricio Campillo, presidente de Solla, describe como una “tormenta perfecta”.

En diálogo con EL COLOMBIANO, el empresario detalló que la situación ha golpeado los márgenes de rentabilidad de los sectores avícola, porcino y piscícola, cuyos precios de venta han disminuido mientras los costos de producción se mantienen.

Esta combinación también afecta a Solla, empresa dedicada a la producción de alimentos balanceados para animales, debido a la presión sobre sus clientes y a las dificultades operativas y logísticas que enfrenta.

¿Por qué considera que 2026 ha sido un año difícil para Solla y sus clientes?

“Desde el punto de vista de la proteína animal, que es la base de nuestro negocio, si el sector se ve afectado, también se afecta el precio del alimento necesario para mantener la competitividad frente al cliente final y el suministro de productos.

Tenemos tres proteínas muy importantes en la mesa de los colombianos y en parte de las exportaciones —cerdo, pollo y pescado— que están enfrentando dificultades en sus precios. Esto genera pérdidas para nuestros clientes y una fuerte presión sobre el negocio de los alimentos balanceados. Esa es la primera parte de la tormenta perfecta”.

¿Qué está ocurriendo con el negocio de la porcicultura?

“Desafortunadamente, hoy está sobreofertado. El negocio tenía márgenes muy interesantes hasta mediados de 2025, lo que atrajo a algunos participantes que ingresaron de manera informal. Al no pagar la cuota de fomento ni el IVA, obtienen beneficios superiores a $1.500 por kilo, lo que les permite competir en condiciones diferentes.

Esto llevó a una oferta muy alta en el mercado, donde más del 35% es informal, al tiempo que se ha contraído la demanda. Como resultado, el precio del cerdo ha oscilado entre $5.900 y $6.100 por kilo en pie durante todo el año. En esta época podría estar alrededor de $9.000 y, en diciembre, llegar a $10.000.

Los costos están por encima de esos precios. Por eso, todos los participantes del negocio porcino, nuestros clientes y nosotros, en nuestra operación más pequeña de venta de carne de cerdo, estamos afectados y vendemos por debajo del costo.

Quienes trabajamos con genética tenemos un impacto adicional. La madre es una fábrica de producción de lechones, pero quienes compraban genética han dejado de hacerlo porque no quieren adquirir una madre que representa una inversión importante para producir lechones que luego tendrán que vender con pérdidas.

En el Eje Cafetero nos dimos cuenta de que la semana pasada algunos productores estaban tratando de regalar los lechones. Les resulta más barato entregarlos que asumir su alimentación y engordarlos hasta los 115 o 120 kilos, para después venderlos y cubrir también el beneficio del cerdo”.

¿Cómo está afectando la sobreoferta al negocio del pollo?

“El pollo también está enfrentando una situación compleja. Gonzalo Moreno presidente de Fenavi señaló recientemente que este es el año histórico de mayor nivel de encasetamiento de pollos.

El consumo ha crecido significativamente. Cuando llegué a Solla, hace 17 años, se consumían entre 18 y 20 kilos de pollo por habitante. El año pasado se llegó a cerca de 38 o 38,5 kilos. La porcicultura también ha hecho un buen trabajo: el consumo pasó de unos siete kilos por habitante a más de 15 kilos.

Además, el consumo de cerdo se ha extendido a otras regiones. Antioquia sigue siendo el principal mercado, pero también se consume en Bogotá, la Costa Atlántica y el sur del país.

En el pollo ocurre algo similar a lo que sucede con el cerdo: hay mucho encasetamiento y una oferta muy alta, lo que presiona a la baja los precios del mercado.

El maíz, la soya y la torta de soya, que son las principales materias primas para fabricar alimentos balanceados, han subido de precio en dólares. Sin embargo, en pesos colombianos se han mantenido relativamente estables porque la tasa de cambio ha compensado ese incremento. El problema es que los precios de venta de las proteínas han bajado mientras los costos se han sostenido, lo que reduce la rentabilidad”.

¿Qué está pasando con la piscicultura y las exportaciones de tilapia?

“Colombia empezó a desarrollar un mercado muy interesante de tilapia en Estados Unidos, con resultados exitosos. Sin embargo, el arancel del 10% impuesto por el Gobierno de Donald Trump a las economías afectadas empezó a dificultar parcialmente las exportaciones.

Después, la tasa de cambio agravó la situación. Prácticamente todos los exportadores tienen una tasa de cambio de equilibrio muy superior a la TRM actual. En esas condiciones, enviar tilapia a Estados Unidos genera pérdidas, por lo que el producto ha empezado a concentrarse en el mercado colombiano.

Esto aumenta la oferta local, presiona los precios y lleva a los productores a reducir la siembra de alevinos en las represas.

A ese problema se suma el fenómeno de El Niño, que ha reducido los niveles de agua en los lugares donde se cultivan tilapia y trucha. Hay menos producción de pescado y, por lo tanto, se vende menos alimento para estas especies. Así, tenemos una mayor oferta de alimento balanceado frente a una menor disponibilidad de los productos que deben consumirlo”.

¿Cómo se suma el incendio del año anterior en la planta de Solla, en Bucaramanga, a esta situación?

“La tormenta se completa para nosotros con la contingencia de la planta de procesamiento de pollo de Bucaramanga, perteneciente a la compañía con la que tenemos una alianza.

La planta ha venido recuperándose lentamente después del incendio.

Sura, como aseguradora líder del grupo de aseguradoras, nos ha acompañado de manera extraordinaria en el proceso de identificación de las causas, las consecuencias y los valores involucrados. Sin embargo, en el mercado asegurador colombiano, la cobertura del lucro cesante llega, por el momento, hasta 12 meses. Ese periodo se cumplió el 13 de mayo, por lo que, desde entonces, el lucro cesante ha corrido por nuestra cuenta y ha tenido un impacto importante.

La compañía de seguros incluso ha aceptado mecanismos como los finiquitos parciales para realizar pagos durante el proceso. Aun así, este año tenemos una afectación considerable y hemos venido incrementando la deuda de la compañía para reponer la infraestructura que se quemó y que todavía no se ha terminado de reconstruir, especialmente la relacionada con la cadena de frío.

Los negocios del pollo y del cerdo dependen de la refrigeración. En medio de una crisis de oferta y demanda, no contar con la capacidad de frío en la planta obliga a trasladar los productos a frigoríficos externos. Esto implica pagar el transporte, los días de almacenamiento y el traslado de regreso a la planta para consolidar las ventas.

Además, a través de nuestra alianza, en la que tenemos participación de capital en Delichicks, somos el mayor proveedor de pollo asadero en Colombia para varias empresas, entre ellas Frisby, KFC y D1. La relación con los clientes ha sido muy buena y considero que no perdimos ninguno. Sin embargo, las ventas bajaron el año pasado y las estamos recuperando a medida que aumentamos nuevamente los volúmenes de producción.

Tuvimos que reducir el encasetamiento porque, cuando no hay capacidad para procesar los pollos, no es posible mantener los mismos volúmenes. La planta sigue en recuperación parcial.

Durante los primeros meses nos concentramos en reorganizar y reabrir el negocio, así como en conseguir equipos temporales. Muchos colegas nos apoyaron. Tuvimos que sacar los pollos de las granjas y llevarlos a plantas de procesamiento en Bucaramanga, Cúcuta y Bogotá. Después, los productos regresaban a Bucaramanga, donde debíamos despresarlos manualmente porque la infraestructura se había quemado.

Todo esto genera costos adicionales que profundizan el impacto de la situación que estamos atravesando”.

¿Qué otros efectos está teniendo el fenómeno de El Niño sobre la operación?

“El fenómeno de El Niño no solo afecta la piscicultura, sino también a las demás especies animales. Es necesario tener cuidado y reducir el peso de los pollos y los cerdos porque, con temperaturas más altas, los animales sufren mayor sofoco y no alcanzan los mismos kilos.

Los costos fijos se mantienen. Seguimos pagando el alquiler de las mismas granjas y asumiendo los demás gastos fijos, aunque produzcamos menos kilos. Además, en algunas ocasiones tenemos que comprar agua.

Nuestras granjas cuentan con buenos reservorios y, en general, tienen un nivel adecuado de agua. Sin embargo, las condiciones climáticas nos obligan a tomar medidas para evitar el sofoco de los animales, entre ellas reducir su cantidad en las granjas y, cuando es necesario, comprar agua.

Tenemos la expectativa de que el Gobierno está entendiendo los problemas del país y trabajando para evitar un apagón. Una interrupción del suministro eléctrico nos obligaría a instalar plantas eléctricas en las instalaciones de producción y en los puntos de venta, lo que tendría un costo supremamente elevado”.

¿Cómo afecta la caída del dólar a Solla, teniendo en cuenta que reduce el costo de las materias primas importadas?

“Para nosotros, como compañía de alimentos balanceados, un dólar bajo no es necesariamente favorable. Para nuestros clientes de los sectores avícola, porcino y piscícola sí lo es, porque reduce el precio del alimento. Pero para una empresa que lo produce, el efecto es diferente.

El alimento balanceado es un producto relativamente cercano a un commodity. Hay un proceso de transformación, pero el negocio funciona con una estructura de costo más margen de rentabilidad. Si baja el costo y mantenemos el mismo porcentaje de margen, también disminuyen nuestros ingresos.

El mejor ejemplo es el petróleo. Si un pozo produce 1.000 barriles y cada barril se vende a $1.000, los ingresos son de $1 millón por pozo. Si se mantiene la misma producción, pero el precio baja a $800 por barril, los ingresos caen a $800.000. Los costos, entretanto, siguen siendo los mismos.

En ese escenario, los ingresos disminuyen mientras los costos permanecen estables”.

Ante los problemas que ha mencionado —el comportamiento de las proteínas, el fenómeno de El Niño, el riesgo de apagón y la tasa de cambio—, ¿qué puede pasar con el abastecimiento y el precio de los alimentos si estas situaciones se agravan?

“Hay un impacto en la demanda. Hay un tema muy interesante que vengo señalando desde hace muchos años: gran parte del consumo en Colombia se estaba moviendo por los recursos del narcotráfico, y había un nivel de consumo muy alto. Ahora, con las medidas del Gobierno para combatir esos temas, ese dinero empieza a desaparecer.

Un segundo factor es el turismo. Venía creciendo con mucha fuerza, en parte por el comportamiento del dólar. En agosto, en el congreso de la Andi, en Cartagena, pude hablar con el gerente del hotel donde estaba hospedado. Me decía que esa semana había sido muy buena, pero que el año había estado afectado porque el costo del dólar para los turistas que llegaban a Colombia los estaba impactando fuertemente.

En el caso de las exportaciones, nosotros somos el mayor exportador de alimento para mascotas de Colombia. Exportamos a varios mercados y somos proveedores de Walmart en Puerto Rico. Tenemos la única planta certificada por la FDA estadounidense para exportar al mercado de ese país. También exportamos a las islas del Caribe, tenemos como cliente a PriceSmart y llegamos a Panamá, Costa Rica y otros países de Centroamérica.

Sin embargo, el dólar nos está impactando muy fuerte. Hemos reducido nuestros ingresos y perdido competitividad. Puerto Rico es nuestro mercado más grande y el alimento para mascotas que llega desde Estados Unidos no paga arancel, mientras que nosotros tenemos uno del 10%. Es otro problema que se suma a esta tormenta perfecta.

También está el caso de Buenaventura. El puerto está colapsado. El cierre del muelle 13, de manera inadecuada, generó una afectación adicional. Ahora los buques tardan mucho más en descargar los productos y, cuando llueve, no podemos descargar el nuestro. Además, nos han advertido que, por el fenómeno de El Niño, los tiempos de fondeo podrían pasar de siete a 20 días.

Es como un taxi: si está parado frente a la casa, sigue cobrando. En 2026 llevamos cerca de US$4 millones en multas por las mayores demoras de fondeo para descargar materias primas, como consecuencia del colapso de los puertos, especialmente Buenaventura.

Importamos por Buenaventura el 35% de nuestra materia prima, y entre el 55% y el 60% de las multas corresponde a ese puerto. El Gobierno ya identificó los problemas y empezó a hablar de trabajar fuertemente en los puertos y de habilitar nuevamente el muelle 13 para almacenar, no para descargar.

El sismo también nos afectó. Tenemos dos plantas de producción de alimento balanceado en Buga. Ambas sufrieron daños, aunque, afortunadamente, no tuvimos personas heridas ni fallecidas. Hasta ahora, el impacto del terremoto se acerca a los $3.000 millones.

En nuestra planta más grande cayeron cinco silos y en la otra, uno. Además, la estantería de todas nuestras bodegas se vino al suelo y se destruyó el 50%. Hay una alta demanda de estanterías porque muchas bodegas del Valle del Cauca y de la región resultaron afectadas, y todos están esperando que se las fabriquen.

Es una tormenta perfecta, pero, como digo, es un barco sólido que sigue navegando. Tenemos activos estratégicos muy poderosos”.

Excepto por el incendio, las demás variables que menciona también afectan a sus competidores. ¿Está en riesgo el abastecimiento de carne en algún momento?

“Hoy hay sobreoferta de todo: pollo, carne y otros productos. En el caso del pescado, por ejemplo, la tilapia que no puede enviarse al mercado estadounidense por el comportamiento del dólar se está colocando en Colombia.

En principio, a corto plazo, no veo un riesgo para la seguridad alimentaria porque hay sobreoferta. La oferta supera la demanda y, por eso, los precios están deprimidos”.

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