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Por Andrés Restrepo Gil - restrepoandres20@hotmail.com

El río es todo

Los ríos han sido los epicentros de un conjunto vital de actividades de las cuales dependieron las comunidades que surgieron como civilización al inicio de la humanidad.

hace 1 hora
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  • El río es todo

Por Andrés Restrepo Gil - restrepoandres20@hotmail.com

Paso la mitad de mi tiempo en una subregión de Antioquia cuya vida transcurre entre ríos. Los cauces han definido las rutas y los asentamientos; han determinado la economía regional y las fuentes de subsistencia. Conectaron en su momento y conectan aún a esta región con otras subregiones, con otros pueblos, con otros departamentos. Como haciendo analogía de las raíces, estos ríos alimentan con su zigzagueo paciente a otros ríos, que a su vez se unen a otros ríos para desembocar, muy lejos de allí, en el mar. Los ríos fueron el medio para entrar y el medio para salir. En su momento definieron la vida. Y hoy, tras años de asentamientos, la siguen definiendo. Allí, la existencia misma navega entre los afluentes: es la fuente de alimento, es el medio para moverse, es la mina para trabajar: el río otorga, aún, pescados para comer, corrientes para arrastrar canoas y oro para comerciar.

Como el escenario en el que transcurren los años azules, el río es también un terreno infantil en el cual no son protagonistas ni los adultos, ni sus faenas. El río está hecho también para jugar. Al lado de las frenéticas actividades adultas, con su velocidad y su escándalo, hay pequeños rincones del río, conquistados por los niños, cuya hegemonía es infantil. En estos rincones la soberanía no la detentan los motores de los botes, sino la risa, las piruetas y el juego de los niños.

Sin embargo, también es menester reconocerlo, actividades menos dignas y más dolorosas ocurren en sus aguas. Responsabilidades deshonrosas le han sido adjudicadas a las corrientes de estas aguas. Útil para ocultar y para desaparecer, el río sigue siendo para muchas comunidades el depósito final de las basuras y de los residuos. Lo que su corriente no arrastra, el río se lo traga hasta sus profundidades. Ya sea que terminen río abajo, ya sea que terminen en el cauce profundo, el río hace sumisamente su labor. De cualquier forma, todo lo digiere el afluente. Los desechos tienden a presentarse en dos formas. Unos, grandes y palpables. Es basura que todos vemos y que duele al verla flotar: botellas, bolsas, desechables. Otros son residuos invisibles e imperceptibles. Son desechos tóxicos, veneno para el río y trampas para la vida: mercurio, cianuro, plomo.

A pesar de ello, no podemos sino afirmar que la dependencia al río es milenaria. Lo que unió en su momento a la humanidad con los grandes ríos, une hoy a algunas comunidades con sus afluentes. Los ríos han sido los epicentros de un conjunto vital de actividades de las cuales dependieron las comunidades que surgieron como civilización al inicio de la humanidad: Egipto y El Nilo; India y El Ganges; Mesopotamia y El Tigris y El Éufrates. Hoy, siglos después, nuestra dependencia humana a los ríos sigue inalterada, al favorecer el florecimiento de lo más humano y milenario que hay en nosotros: movernos, jugar, trabajar, comerciar, alimentarnos. Allí, el río es el centro. Es la fuente de las fuentes. El río es todo.

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Por Andrés Restrepo Gil - restrepoandres20@hotmail.com

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