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Pedimos que al cierre del Climate Week, Alcaldía y el Área Metropolitana anuncien compromisos medibles y que rindan cuentas sobre ellos.
Por Camilo Quintero Giraldo - @camideambiente
Medellín recibe por estos días a personas de varias partes de Colombia y el mundo para hablar de cambio climático. Es motivo de orgullo que la Climate Week llegue por primera vez al Sur Global y que tenga como escenario nuestro precioso Jardín Botánico.
Un grupo de colectivos y personas le escribimos una carta a Medellín. La pueden ver en redes de @lowcarboncity y @convitedeambiente. La hicimos con alegría, pero con la preocupación de quienes llevamos años viendo cómo esta ciudad enfrenta una crisis que ya no es futura. Medellín necesita menos discursos sobre sostenibilidad y más decisiones cuidadoras y valientes.
Desde hace más de diez años sabemos lo que pasa. En 2016 vivimos la primera alerta roja por la calidad del aire. Diez años después seguimos enfrentando contaminación, pérdida de árboles, calor y lluvias extremas.
Hoy unas 300.000 personas enfrentan racionamientos de agua en el centro oriente y el nororiente de la ciudad. El fenómeno de El Niño amenaza con ser especialmente fuerte. Y mientras discutimos cómo prepararnos para una sequía, vemos talas de árboles, como ocurrió en el parque La Presidenta. También sabemos dónde están los mayores riesgos. Miles de personas viven en zonas expuestas a movimientos en masa, inundaciones y avenidas torrenciales. Muchas llegaron a las laderas no porque quisieran vivir allí, sino porque el desplazamiento, los altos precios y la desigualdad las fueron empujando hacia la periferia.
La revisión del POT que hoy estudia el Concejo es una de las decisiones más importantes que tendrá Medellín para enfrentar esta crisis. Allí debemos decidir dónde podemos construir, dónde conservar, cuántos árboles necesitamos, cuánto suelo permeable debemos recuperar y cómo garantizar que el crecimiento de la ciudad sea sostenible.
Necesitamos fortalecer el SIATA, proteger nuestras quebradas, reducir la contaminación del aire y el ruido, regular las rentas cortas y recuperar la capacidad de la ciudad para anticiparse a las emergencias y gestionar el riesgo. Y, sobre todo, poner a los barrios y a las personas más vulnerables en el centro de la política. No se trata de frenar el desarrollo de Medellín. Es entender que no hay desarrollo posible si una ciudad se queda sin agua, si cada vez tiene menos árboles o si miles de familias viven expuestas al riesgo.
El cambio climático también es el agua que falta en Manrique y en La Candelaria, el calor que se encierra en Castilla y Robledo, la ladera que se mueve en Granizal, los árboles que se talan y las quebradas que se desbordan en Belén, El Poblado y Laureles.
Pedimos que al cierre del Climate Week, la Alcaldía y el Área Metropolitana anuncien compromisos medibles y que dentro de un año rindan cuentas sobre ellos. Mostremos nuestros avances, pero también lo que nos falta.
Bienvenido el mundo a Medellín. Que vea nuestra historia de resiliencia, pero también una ciudad capaz de escucharse a sí misma.
Te seguiremos cuidando. Te seguiremos exigiendo. Porque te amamos.