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Cantadito es mejor

Repasando este libro de Ñito descubrí otros versos que los abuelos y mi mismo padre repetían y a mí me daban mucha risa.

hace 55 minutos
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  • Cantadito es mejor

Por Diego Aristizábal Múnera - desdeelcuarto@gmail.com

Esta semana, mientras le quitaba el polvo a la grabadora Panasonic de casetera que heredé de mi padre, me dio por escuchar un viejo casete que pertenecía a él. El TDK 60, marcado como: “Grabaciones mamá-papá”, encendía la nostalgia. Es raro escuchar un casete donde la mayoría de quienes hablan están muertos. Mis abuelos, campesinos de la vieja Antioquia, se reunían alrededor de la mesa a echarse cuentos, recitar poemas y cantar, y mi padre, que siempre fue un engomado por la tecnología, llevó por aquel entonces, década del 70, la primera grabadora. Las voces de mis abuelos, tíos, de él mismo están en este casete TDK que atesoro, porque es una antología de dichos y alegrías.

Mi padre le dice: “Usted canta muy bonito, mamá, y como recita...” La abuela se entona y se echa ese poema de Rafael Pombo que tanto le gustaba. Lo recita coqueta, con énfasis y emoción: “Mariposa, vagarosa, rica en tinte y en donaire ¿qué haces tú de rosa en rosa? ¿de qué vives en el aire?” Al terminar de recitarlo completo, la familia le aplaude, y ella con esa voz menuda y preciosa que tenía, vanidosa y primorosa, le pide a mi padre que la ponga para escucharse.

Mi padre era muy dado a sacar dichos de todos lados: “que si te portas bien te doy un huevo e mico”, decía. Que “eso sabe a beso e boba”, repetía cuando algo no le gustaba. En el carro le gustaba inventarse coplas y mi hermano y yo improvisábamos con él. Yo crecí escuchando un montón de dichos que no tenía muy claro de dónde venían. “El sapo estaba de viaje/ A llevar mulas al puerto,/ Y la sapa le decía:/ ¿Cuándo vuelves patiabierto?”, era una que repetía mucho y, claro, yo me grabé eso sin querer. “Ayer me dijiste que hoy,/ Hoy me dices que mañana,/ Y mañana me dirás/ Que se te quitó la gana”, le recitaba a mi madre.

Esta misma semana, mientras leía un libro maravilloso de Antonio José Restrepo, más conocido como Ñito Restrepo, los que vieron Cosiaca lo recordarán, fue como si hubiera descubierto el baúl de los secretos de mi padre. En “De la tierra colombiana: el cancionero de Antioquia”, Ñito se pregunta de dónde nació tal y cual estrofa, quién la llevó a los minerales de Titiribí, lo mismo que a Zaragoza, a Pasto y a Casanare. Y la respuesta que él mismo se da, en este recorrido por versos y coplas populares, es el pueblo, el gran poeta anónimo. Como dice Agustín Jaramillo Londoño, autor de “Testamento del paisa”, ningún país del mundo puede jactarse de poseer una demosofía ciento por ciento nacional.

Repasando este libro de Ñito descubrí otros versos que los abuelos y mi mismo padre repetían y a mí me daban mucha risa: “Esto dijo la gallina/ Cuando l’iban a matar:/ Este mal no tiene cura,/ Pongan l’agua a calentar”. O qué tal este para terminar: “Una vieja se peyó/ Detrás del altar mayor:/ El cura salió corriendo/ Pensando qu’ era temblor...” Este libro es la canción que te dedico, dirán en Jardín este fin de semana, repasar la presencia de la poesía en nuestro cancionero es una manera de seguir creando, después de todo, ¿cuánta música, literatura y poesía hay en el alma de un pueblo?

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