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Por Nicolás Fernandez Giraldo - @nicoferdo73

De plátanos a cohetes

Países que progresan reciben propuestas así con curiosidad, debate técnico y movilización. Colombia las recibe con burla, sospecha y resignación.

hace 58 minutos
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  • De plátanos a cohetes

Por Nicolás Fernandez Giraldo - @nicoferdo73

Esta semana las redes nos dejaron un evento que retrata la urgencia de dar la batalla cultural. Tras un post de Elon Musk anunciando que SpaceX buscaba sitios para un puerto de lanzamiento, Hernán Jaramillo, fundador de 10AMPRO, propuso a Urabá. El Gobernador Andrés Julián Rendón se sumó, y los medios como El Colombiano replicaron.

La propuesta tiene lógica contundente. Urabá combina tres ventajas que ningún puerto espacial actual reúne al tiempo: proximidad a la línea ecuatorial, salida a dos océanos y vecindad con el Canal de Panamá. Mientras el mundo lanza desde Florida, Kazajistán o la Guayana Francesa pagando peajes geográficos, nosotros tenemos el activo natural, pero lo usamos para exportar banano.

Pero lo sorprendente no fue la propuesta. Fue la reacción de la gente. Y desnudó el verdadero problema: la mentalidad colombiana. Nuestro peor enemigo no es la geografía, ni los recursos, ni la política. Es la incapacidad cultural de imaginar grandeza sin burlarnos primero de ella.

En los comentarios a todos esos posts, encontré cuatro patologías que vale la pena nombrar, porque lo que no se nombra no se combate.

Antiimperialismo de cafetería: “Musk quiere robarse el territorio”. El reflejo pavloviano de traducir inversión extranjera a saqueo. Como si Singapur, Irlanda o los Emiratos se hubiesen reinventado ahuyentando capital.

Burla autoflagelante: “En Urabá ni hay luz”. El colombiano que se enorgullece de su derrotismo, que confunde realismo con cinismo. Síndrome del cangrejo en el balde institucionalizado como cántico cultural.

Resignación fatalista: “Eso nunca va a pasar”. El suspiro es peor que la burla porque desmoviliza sin argumentos. Como creemos que no se puede, no lo intentamos; como no lo intentamos, no pasa; como no pasa, confirmamos que no se puede.

Envidia regional disfrazada de análisis: “¿Por qué Urabá y no la Guajira?”. Incapacidad de evaluar una propuesta por sus méritos, leyéndola siempre desde el resentimiento territorial.

Que SpaceX aterrice o no en Urabá es secundario. Probablemente termine en Brasil o Panamá, y así funciona el mundo. Lo grave es que no seamos capaces ni de entretener la idea sin que aparezca el coro griego del fracaso anticipado.

Países que progresan reciben propuestas así con curiosidad, debate técnico y movilización. Colombia las recibe con burla, sospecha y resignación. Y de ahí no salimos.

La batalla cultural se da en frentes concretos: ocupar el espacio digital con ideas y no con reacciones, dejar de pedirle permiso al consenso derrotista, educar en economía e historia comparada llevando los datos donde la gente está. Y, celebrar a los que proponen, aunque sus ideas no se concreten.

Llevamos décadas siendo, mentalmente, un país de plátanos. Pasar a cohetes no es literalmente sobre SpaceX. Es permitirnos imaginar que podemos ser distintos. Si seguimos volviendo a los plátanos cada vez que alguien menciona cohetes, no es culpa de Musk ni del gobierno. Es nuestra. Y por eso, también es nuestra responsabilidad arreglarlo.

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Por Nicolás Fernandez Giraldo - @nicoferdo73

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