La realidad es inexorable: existen los enemigos. Acechan los bárbaros. No es culpa de la ciudad, es ambición de los fronterizos. Respiran cerca, todos temen su poderío, que se manifiesta en terribles rumores.
Hace más de un siglo el poeta griego Constantino Cavafis los eternizó en su composición “Esperando a los bárbaros”. En 1980 J. M. Coetzee utilizó idéntico título para su tercera novela, ganadora del primer premio de las letras sudafricanas.
Ambos cantan y narran la atmósfera de imperios asediados por enemigos que levantan pirámides de huesos pero nunca les hacen frente. Huraños que cuando lleguen harán nuevas leyes. Entre tanto, como espectros se entregan a asesinato y rapiña.
Pero un día, mientras los habitantes preparan sus almas, se...