Aunque hasta la crisis del año pasado no lo veníamos haciendo mal, el desempeño nuestro ha sido más bien mediocre. Para tener una idea, en 2019 China creció al 6,1 %, su peor año en tres décadas. Acá crecemos al cuatro y hacemos fiesta. Para crecer a las tasas que necesitamos hay unos cuellos de botella estructurales que debemos superar.
El primero de ellos es la complejidad del sistema tributario y la excesiva carga fiscal. Para este año es del 62,5 %. Con la reforma tributaria que se propone, esa carga subirá para las empresas al 65,5 %. Esas tasas son excesivamente altas (el promedio mundial es del 40,4 %). Las consecuencias son una altísima evasión, cercana al 32 %, un desestímulo a la inversión, la pérdida de competitividad...