Pico y Placa Medellín
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Durante estos ocho años quedó claro ante la JEP que fueron máximos responsables de secuestro, esclavitud, violencia sexual y otros delitos.
Por David González Escobar - davidgonzalezescobar@gmail.com
Sandra Ramírez, quien fue compañera sentimental de Tirofijo y la única firmante de paz de las FARC candidata en estas elecciones, sacó 10.500 votos al Senado con la Coalición Fuerza Ciudadana el pasado domingo: 0,05% de los votos válidos, “quemándose” junto con el resto de su lista. En Antioquia fueron un poco más de 1.000 votos. En Medellín, 283: 0,03% de la votación.
Desaparecido entre los muchos análisis que derivan de los resultados del 8 de marzo está uno que anticipaba con ansias desde hace varios años: la desaparición de Comunes, el partido de las extintas FARC, del Congreso de la República.
Las curules que les fueron dadas por los Acuerdos de Paz se esfuman luego de que, tras ocho años en el Congreso, las urnas hicieran constatable lo que a todas luces debió haber sido evidente desde antes: que aquel grupo de criminales de lesa humanidad carecía de representatividad entre el resto de colombianos, demostrado en su total irrelevancia electoral tras dos periodos regalados donde con indolencia pudieron participar de las decisiones políticas del país sin gozar de ningún tipo de legitimidad.
Bien idos, aunque muy tarde. Durante sus dos cuatrienios con curules aseguradas en el Congreso, y particularmente en este último, no tuvieron problema en hacer daño sumando votos a todo tipo de iniciativas contra la libertad económica y la Constitución de 1991: pasaron de pretender acabar con la democracia colombiana en la selva a hacerlo en el Capitolio. Entre esos impulsos, fueron de los mayores defensores de la Asamblea Constituyente que promueve Petro, al igual que abanderados de cualquier idea en contra de la separación de poderes y el Estado de Derecho, todo gracias a ese espacio que se les permitió ocupar de gratis en esas mismas instituciones.
Pero ya no más: su participación en política será recordada como un fracaso monumental.
Ni tenían representación en el “pueblo” antes, ni se la ganaron durante su tiempo en el Congreso. Durante estos ocho años quedó claro ante la JEP que fueron máximos responsables de secuestro, esclavitud, violencia sexual y otros delitos, mientras los colombianos los veían sesionar sin pagar un solo día de cárcel por ello. Figuras clave como Iván Márquez y Jesús Santrich abandonaron el proceso para retomar las armas, y las disidencias de Mordisco y Calarcá siguen campando a sus anchas en varias regiones del país, haciendo que muchos se pregunten para qué sirvió todo esto. Los excombatientes de las FARC no registraron iniciativas legislativas relevantes, relegándose a ser firmones de la agenda de Petro. Y lejos de mostrar arrepentimiento genuino, exhibieron un cinismo retratado en gestos como que al principio su movimiento político mantuviera el nombre FARC, o el de Sandra Ramírez, quien ocupó su curul con el mismo nombre de guerra con el que acompañó a Tirofijo mientras la guerrilla secuestraba y asesinaba colombianos.
Hay una palabra en alemán, Schadenfreude, que describe esa satisfacción particular que se siente al ver cómo a otro le sale algo mal: un placer culposo ante la desgracia ajena que no tiene traducción exacta al español.
Con la quemada electoral de las FARC, es exactamente eso lo que siento.
Adenda: una triste ironía que deja el resultado del domingo es que el único senador del Partido Conservador por Antioquia en 2026-30 hace parte del grupo político que fue aliado incondicional de Petro. Se revuelca en su tumba Mariano Ospina Rodríguez.